Sacerdotes enojados, chefs descuartizados, narcos mirando el atardecer, sirenas en tríos y demonios con látigos son solo algunos de los personajes de las pinturas de Olga Pothipirom. Mas conocida como Oh de Laval, es una artista mitad polaca y mitad tailandesa que a través del expresionismo erótico logra una emoción tan infantil como salvaje y divertida. El 26 de marzo inaugura su muestra en UnitLondon y amenaza con ubicarse en un lugar de privilegio en la vanguardia del arte contemporáneo.

Laval comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Varsovia, donde después estudió sociología. Y tiene lógica. Sus composiciones (des)figurativas están influenciadas por el cine negro y la Nouvelle Vague. Son escenas violentas que logran capturar las relaciones humanas cotidianas con tintes de amor, sadomasoquismo y lujuria. En esa línea dura, Laval reconoce como influencia a Francis Bacon, pero no tanto por su estilo sino más bien “por su visión hedonista de la vida y el trabajo”.

Según el historiador del arte John Richardson, el sadomasoquismo que desarrolló Bacon en sus tormentosas relaciones con sus amantes homosexuales subyace en sus mejores obras. En un artículo publicado por The Guardian, Richardson atribuye esas aficiones masoquistas de Bacon a la paliza que le propinó su padre cuando descubrió que se había puesto la rompa interior de su madre. Este imaginario atraviesa la obra de Laval, siempre en el momento exacto en que se desencadena la tragedia. En ese fotograma se detiene para contar una historia que combina Truffaut, Godard, Wes Anderson, The Muppets y Los Locos Adams.

Crecer con influencias de la cultura pop como Disney y Cartoon Network le otorga a sus pinturas una estética colorida y caricaturesca, aunque otros elementos de su práctica provienen de rincones más tradicionales del mundo del arte. Tal vez de ahí que su estética retoma lo que conocemos como ficción infantil. Crea una tensión entre sujeto y estilo que puede conectar tácitamente con el trabajo de Walt Disney y Salvador Dalí en el cortometraje Destino.

El artista español definió ese film como “la exposición surrealista de un problema común en la vida como es el laberinto del tiempo”. Por su lado, el padre de Mickey Mouse lo explicó como “la simple historia de una chica en busca de su verdadero amor”. Ambas definiciones aplican para catalogar la obra de Laval. La historia de una muchacha que busca su amor ideal en otros mundos y otros tiempos. Idolatrando la posibilidad de poder llegar hasta él, persiguiendo un camino inexplorado, lleno de vertiginosas acciones criminales plagadas de sexo y sangre.

El sexo tal vez sea uno de los temas más antiguos de la historia del arte. Picasso incluso llegó a sugerir que ambas cosas son inseparables. Pero en una época en donde las relaciones románticas suelen estar mediadas a través de pantallas y un abrazo puede ser potencialmente fatal, para toda una generación el sexo se ha convertido en algo más. En muchos casos, gran parte del sexo se despliega de manera binaria.

No es casual entonces que el trabajo de Laval tenga miles de fans en las redes sociales a través de su cuenta de IG (@Oh_de_Laval). Una exposición que evita los elementos más elitistas del mundo del arte para crear su propia comunidad y cosechar una mezcla ecléctica de fans. Entre ellos, la cantante Kali Uchis, quien recientemente le encargó el arte de tapa de su nuevo EP To Feel Alive, grabado durante el encierro como un momento de placer en nuestra zona de confort. En última instancia, en un contexto de pandemia y agitación social, retratar el sexo se trata de libertad. Y eso es lo que ofrece Oh de Laval.