Primero, te cuento lo que todos saben. El calendario maya es un modelo de autoconocimiento y desarrollo personal, basado en la sabiduría ancestral de los mayas, que nos trae una visión del tiempo y de nosotros mismos más natural y armónica. Lo conocí hace 10 años, y desde ese momento me fui encontrando con muchas miradas sobre el tema. A través de la experiencia, de aplicarlo a mi vida y de acompañar con sus ideas y prácticas a otras personas, fui forjando mi propia mirada, y descubrí algo asombroso que quiero compartir aquí.

Calendario maya tuvo un auge en los 80s. Desde entonces, muchísimas personas lo estudiaron, conocieron los sellos y tonos, dibujaron los símbolos, repitieron las frases y fórmulas como mantras, identificaron las cualidades y desafíos, y comenzaron a vivir el tiempo de maneras más naturales y respetuosas de cada ser.

Cuando observamos este calendario, lo primero que llama la atención es el color. No solemos pensar en el tiempo asociado al color. Decimos “el tiempo es dinero”. Pero ¿qué pasa si decimos “el tiempo es arte”?

El concepto de calendario circular y cíclico –utilizado también en otras culturas ancestrales– también es revolucionario para los occidentales, acostumbrados a los almanaques cuadrados que todos conocemos. Y por supuesto, la presencia de la Naturaleza en el calendario: lunas en vez de meses, el sol presente, animales y fenómenos naturales en los símbolos.

Los mayas vivieron en un tiempo y un contexto muy diferentes a lo que vivimos hoy. La presencia constante de la Naturaleza en sus vidas, y considerar sagradas a todas las cosas, son parte de su cosmovisión. Por eso hicieron lo que hicieron. Pero atención, la propuesta acá no es vivir como vivían ellos ni apropiarnos de su cultura y costumbres. No: la propuesta es hacer lo que hicieron ellos, pero en nuestro contexto, en nuestro momento actual. ¿Y qué hicieron?

Observar una fuente de inspiración, involucrarse plenamente con ella, volcar lo que se ve y lo que se reflexiona y lo que se siente sobre la mesa, trabajar con eso como si fuera arcilla en las manos, dándole formas nuevas, haciendo y deshaciendo, transformando. De ese trabajo, surgen imágenes, ideas, poemas, colores, que tienen un (más o menos) claro vínculo con esa fuente de inspiración original. Pero lo crucial es que en ese trabajo terminado se verá reflejado el espíritu de quien lo gestó.

Es como un pintor que observa la naturaleza para inspirarse a pintar: si el resultado es una fotocopia de eso que ve, ¿cuál es el mérito? ¿Solamente ejecutar adecuadamente una técnica? ¿Dónde está el aporte, si no está su mirada ahí, su sensibilidad? ¿Cuál es el sentido de hacerlo? ¿Dónde está la transformación?

Porque vivimos en un mundo que nos ha llenado de condicionamientos, desde el almanaque cuadrado que arbitrariamente dice cuántos días tiene cada mes, hasta las reglas sociales que restringen nuestra libertad. Y aquí, en este momento, lo que necesitamos es transformar ese mundo y transformarnos a nosotros mismos, dejar de pretender, darnos lugar para ser quienes somos y ya, sin caretas. Y eso sucede cuando creamos, no cuando copiamos, ni cuando repetimos frases que otro dijo y que nos aprendimos de memoria para decir en “esos momentos”, en una fiesta o en las redes sociales.

Pero entonces, ¿cuál es ese secreto?

Después de 10 años de trabajar con calendario maya, te puedo decir esto: está muy bien conocer los significados de los símbolos, las frases y todo eso, son una poderosa fuente de inspiración y hacen un aporte genial a la vida. Pero el secreto, ese poder oculto que nos lleva más allá, esa posibilidad maravillosa que tiene para ofrecernos, radica en el paso siguiente. Tomar eso, pasarlo por nuestro ser, nuestra sensibilidad, y crear.

Calendario maya nos lleva de viaje, desde la manera de estar en el mundo que todos conocemos, a una diferente, a un planteo extraordinario: “¿cuál es mi manera personal, única, de estar en el mundo?” No solo “quién soy” sino “quién quiero ser”, porque la respuesta no está en la revelación de una verdad previa, sino en la creatividad, en tomar en las propias manos ese “quién soy” y decidir basándonos en nuestro criterio y dándole lugar a nuestro deseo.

Es un viaje intenso, porque el camino está marcado solo al principio, después tenemos que ir marcándolo nosotros, haciendo camino, nuestro camino. Y allí, en la libertad que se tiene en la Naturaleza silvestre, en la libertad que nos da el arte cuando soltamos los prejuicios de “lo adecuado y lo inadecuado”, allí, podemos descubrirnos, transformarnos, recrearnos, y ser.

Ok, pero, ¿cómo hago eso?, ¿por dónde empiezo?

Podés encontrar cientos de cursos, lecturas, etc. Pero lo más importante es que te hagas la gran pregunta: ¿Estoy dispuesto a descorrer el velo del tiempo y aceptar las consecuencias que esto tenga para mi vida?

 

Jaime San Martin estará brindando un taller muy especial para conectar con el Calendario Maya de manera chamánica. Este taller es online e intensivo. Domingo 19 de diciembre, de 10 a 13hs (ARG). A través de Zoom. Más info: @jaimesmb