Winter is Coming, no es GOT sino el crudo invierno. La Guerra Tech del Siglo XXI entre EE.UU. y China, o directamente entre Donald Trump y Xi Jinping. Esta nueva remake del conflicto entre las principales potencias mundiales abarcan distintas áreas pero donde más pega es en el sector tecnológico: la manzanita americana y el ave fénix comunista: Apple y Huawei están en una frenética disputa siendo acusado el gigante chino de las telecomunicaciones de plagio, de ciber-ataques mediante sus dispositivos, espionaje y de incumplir sanciones internacionales por establecer más que contacto con países enemigos de Estados Unidos, como Irán y Corea del Norte, sumado a las sospechas de haber usado las antenas y satélites de Huawei para intercambiar big data con el Partido Comunista Chino.

En este marco de sospechas y acusaciones fue detenida en Canadá, en diciembre del año pasado, Meng Wanzhou CEO de la compañía China e hija del fundador: la acusan de realizar espionaje y ciber-ataques. A esto se suma las recientes sanciones de Trump a Huawei, que la dejó en una lista negra de enemigos, y que podría desatar una ira china contra Apple que tiene millones de clientes en el país asiático y ademas, todos sus teléfonos se fabrican allá.

Esta situación impacta en otros sectores y marcas comerciales como Nike que también tiene las fabricas en China y en los últimos años es el mercado más fuerte de ventas con un fuerte despliegue de marketing: patrocina la Maratón de Shanghai y la mejor liga de fútbol china. 

En el fondo, ambos están peleando por el trono mundial, por quién manda, pero con una cuestión a tener en cuenta: China no es una democracia. El gobierno está utilizando tecnología de punta no solo para reprimir a los opositores y supervisar a toda la población, sino también para responder a las necesidades de los ciudadanos y mejorar los servicios públicos.

Al ayudar a los funcionarios a administrar sistemas sociales, políticos y económicos cada vez más complejos con información detallada, estas tecnologías dejan sin efecto a las fuerzas que pusieron fin a los sistemas autoritarios anteriores, entre ellos la Unión Soviética. Es una ironía, casi un giro dantesco que China se defienda apelando a las ventajas de la integración y globalización (propios de la visión occidental y sobre todo teniendo en su interior un régimen dictatorial), en la necesidad de desarrollar aún más la integración mundial mientras que en EEUU, potencia occidental y cuna democrática predomina un discurso nacionalista y aislacionista, que raya lo xenófobo.

Las relaciones entre ambas potencias son cada vez más tensas y no se sabe hasta donde podrá llegar la escalada del conflicto. Parafraseando a Cyndy Lauper «las potencias solo quieren divertirse» pero quieren hacerlo en solitario y sin competidores amenazantes. Con este contexto entonces: ¿Será posible un acuerdo y reorganización del mapa geopolítico mundial o se profundizarán las tensiones y tendremos un nuevo estallido Big Bang? Lo sabremos cuando terminen de jugar al golf.