A todos nos pasó. Un día entras a tu casa y la sientes rara, pegajosa, densa. Alguien te dice que hay que hacer “limpieza de energía”. Puede que hasta te proponga que quemes palo santo o plantes una ruda.

Otro día, un amigo te cuenta que cree que le hicieron un «trabajo»: no puede dejar de pensar en la ex a pesar de que dejar atrás ese vínculo es lo que más desea.

Algo no te sale bien y de pronto, recuerdas a esa persona en la oficina que parece que quema todo lo que toca y al que mejor no contarle nada. Porque también te lo quema.

No es que quieras creer en estas cosas, porque te enseñaron que lo único real es lo que se puede ver, tocar, medir, pesar… y sin embargo…

Cuando varios sucesos de este tenor suceden, te tienta buscar información en la web. Pero te parece escrito en un lenguaje inentendible y –probablemente- lleno de disparates.

Quizás tienes la suerte de conocer a alguien que se especializa en «estas cosas», y entonces se lo planteas. Si te atreves. Porque te da vergüenza preguntarle: ¿existen las energías oscuras? ¿me pueden afectar? y, sobre todo: ¿cómo hago para protegerme?

Has tenido suerte. En este artículo te voy a explicar por qué no hay razones para temer, pero tampoco para pasar de largo.

Entonces, ¿las intenciones negativas nos afectan?

Me gustaría decirte que no, que nada te afecta, que puedes andar por la vida confiando en que solo existe lo que puedes ver y tocar, y que vas a estar a salvo de todo, salvo de los gérmenes o de los achaques de la vejez.

Es lo que te hubiera dicho hace 50 años, porque es la forma de pensar la realidad que nos enseñaron, la descripción materialista del mundo, un conjunto de creencias que nos mantuvieron dentro de una sensación de seguridad durante mucho tiempo. Si solo me afecta lo que puedo ver y tocar, la cosa es sencilla como un mecanismo. Solo me tengo que ocupar de tener los procesos siempre bajo control.

Pero los modelos del mundo también evolucionan y la visión mecanicista del mundo empezó a mostrar fracturas. Los investigadores se preguntaron ¿Qué está pasando aquí? y la nueva tecnología permitió explorar el espacio de lo infinitamente pequeño, el nivel cuántico. Allí se pudo observar que los fenómenos no responden en formas tan predecibles como pensábamos, que un átomo es sobre todo un montón de espacio vacío y que –esto es muy relevante aquí- la atención consciente modifica el comportamiento de la materia.

Cuando uno se encuentra con este concepto por primera vez, la reacción es de absoluto entusiasmo: si todo es energía y mi atención la modifica, quizás pueda utilizar esto para promover resultados. Podría, por ejemplo, enfocarme en mi crecimiento personal, en mi buena salud, en el logro de objetivos y estaré estimulándolos. Mi intención positiva cuenta, ¿verdad?

Si, cuenta, y mucho. Enfocarse en el bienestar ayuda a estar mejor. No solo a nosotros mismos sino también a otras personas a quienes deseamos ayudar. En buenas manos, esta poderosa herramienta de la conciencia es la base de todas las terapias energéticas y la sanación a distancia, algo que está dejando de ser tabú para convertirse en tema de investigación en todo el mundo.

Esta revelación es maravillosa, pero casi al mismo tiempo, una espantosa sospecha nos invade: ¿y si alguien quisiera utilizar el poder de la conciencia en forma negativa? ¿Cómo me afectarían las intenciones destructivas de otras personas? Inmediatamente caemos en el horror de que ciertos sucesos pueden ser el resultado de un trabajo oscuro, un hechizo, una maldición. De pronto nos sentimos impotentes, sometidos a los vaivenes de la intencionalidad maligna de otras personas.

Perdidos en la oscuridad 

Los nuevos modelos del mundo trajeron de regreso la noción de lo inmaterial como territorio ineludible de nuestra realidad. ¡Y enhorabuena! Porque siempre es reconfortante descubrir que aquello que intuíamos y percibíamos fuera del ámbito de lo explicado no era una locura o un síntoma de posesión diabólica. No estábamos imaginándonos cosas: los sucesos que escapan a la explicación racional están aquí, aunque aún no se haya alcanzado un consenso teórico para explicarlos.

Pero existe un lado flaco en esta revolución paradigmática: nos sentimos perdidos en este mundo donde el control no alcanza para dormir tranquilos. No sabemos operar en una realidad donde lo visible y lo invisible tienen lugar equivalente. No hemos sido entrenados para ello. No sabemos hacerlo. No se aprende en casa ni en la escuela.

Las culturas ancestrales entrenaban a sus niños en lo misterioso, en lo inmanente, en lo indescriptible e inabarcable. De esa manera, los convertían en creadores conscientes y en guerreros más útiles para todas las batallas. Contra el enemigo que se ve y el que no se ve. Capaces de enfrentar tanto las heridas de la lanza como las de las tinieblas.

Nosotros, en cambio, vivimos despojados de nuestra sabiduría esencial de encarar con sobriedad y poder aquello que se nos aparece en sombras. Nos aterrorizamos ante la mínima mención de algo que puede escapar a nuestro dominio. Entramos en crisis al encontrarnos con el lado impredecible del Universo. No sabemos qué hacer con nuestros dones psíquicos. Nos asusta la magia. Si encontramos sal en la puerta de casa o unas flores extrañas en la basura acudimos a un especialista para que nos venda un amuleto protector u organice un des-trabajo, y probablemente gastamos fortunas para olvidarnos del asunto lo más pronto posible.

Te diré algo: hay una alternativa más digna.

Dos amargas verdades y una dulce posibilidad 

La primera amarga verdad es que sí, las intenciones negativas de otros pueden afectarnos, como nos afecta todo lo demás, porque en un sentido muy profundo, no existe auténtica separación entre unos y otros. Vivimos en esta inmensa sopa de energía donde todo está interconectado. Es prácticamente imposible definir los límites, las fronteras, dónde termina una persona y dónde empieza la otra. Y si escarbamos un poco más en el nivel cuántico, nos encontraremos con que tampoco podemos definir “dónde es ése dónde” y “cuándo es este cuándo”.

Pero la oscuridad que da miedo no es que las intenciones negativas de otras personas puedan alcanzarnos. La oscuridad realmente peligrosa es haber entregado nuestro poder, haber renunciado a nuestra responsabilidad personal sobre los aspectos sutiles de nuestra existencia, escondiéndolos debajo de la cama o entregándolos a quienes saben hacer dinero con nuestro desconocimiento. Que cuando nos sucede algo del rubro de lo esotérico busquemos alguien que arregle desde “afuera” la situación, sin tomar en nuestras manos la herramienta que ya tenemos en nosotros: nuestra atención. Eso es lamentable.

Esta tendencia puede revertirse. Es posible recuperar esa responsabilidad, ese poder. Es un camino. Comienza reconociendo que tenemos que re-aprender de qué se trata la realidad, actualizándonos con nuevos enfoques de la ciencia; continúa haciéndonos cargo de nuestra dimensión espiritual, energética, trascendente, o como quieras llamarlo y sigue con un entrenamiento de nuestra atención, ese don extraordinario que tenemos y que muchas veces perdemos distraídamente por ahí. Un don que nos permite crear circunstancias saludables, abandonar esos patrones absurdamente tóxicos que hemos naturalizado, y sí –por supuesto- también protegernos ante posibles intenciones negativas externas.

Cómo fortalecerte a través del uso de tu atención 

Entrenarse en el uso de la atención no es cosa de un click. Requiere práctica y paciencia, ensayo y error, algunas lecturas para reconfortar al hemisferio izquierdo de nuestro cerebro y quizás un facilitador que te acerque un par de técnicas. En el fondo, se trata de un recordar lo poderoso que eres. Pero mientras tanto, creo que tener en cuenta lo siguiente puede ayudarte a estar más protegido:

Abandona las clasificaciones. No existen las energías oscuras vs. las energías luminosas. La energía es neutral. Somos nosotros, a través de nuestra atención, los que le ponemos esa etiqueta. La clasificamos, y al hacerlo estabilizamos la dirección -creativa o destructiva- que va a tomar esa energía. Si decretas que algo es “oscuro” tu atención se dirige a sus efectos tóxicos y estarás bebiendo tu propio veneno.

Cuida que tu estado emocional no muestre grietas. Cuando los sanadores envían energía sanadora a distancia lo hacen con la voluntad del paciente a su favor. El paciente que está confiado en su capacidad de auto curarse, se cura más rápido. Consecuentemente, las intenciones negativas que nos llegan también deben encontrar cierta complicidad en nosotros para que nos afecten. Deja de considerarte una víctima de las circunstancias o de los otros. Cierra esa puerta.

Cultiva un campo mental saludable. Así como el sistema inmunológico es la primera defensa contra el ataque de virus y bacterias, necesitas un sistema inmunológico mental fuerte para repeler cualquier ataque energético. Cada pensamiento cuenta. Primero los propios, por supuesto, que pueden constituirse en una fuente de energía tóxica incalculable si los dejamos descuidados. Cada palabra que emitimos es como una roca arrojada a un lago, se expande y hace ondular todo en nuestro interior y a nuestro alrededor. Mantener un diálogo interno autodestructivo puede debilitarnos mucho y volvernos carne fresca para los vampiros energéticos.

Acude a la Naturaleza como medicina. Agéndate tiempo para visitar la única clínica que te atiende las 24hs. Y sin cargo. Camina sin calzado por un parque, respira el aire de un espacio abierto, toca la corteza de los árboles o simplemente siéntate sobre el césped a estar en compañía de la Madre Tierra. Observa a los animales y aprende de ellos. Incorpora alimentos orgánicos y hierbas como suplementos. La conexión con la Naturaleza es protección y antídoto contra las toxinas energéticas.

Alinéate con tu propósito. Todos estamos aquí haciendo algo que trasciende nuestra individualidad. Puede que seamos conscientes o no de esto, pero todos contribuimos de alguna manera a la evolución de nuestra familia, nuestro grupo, nuestra especie y nuestro planeta. Alinearte con lo que estás haciendo, recordando cada mañana el “para qué” te estás levantando, es el blindaje más extraordinario que puedas encontrar. Nada puede penetrar el escudo del héroe que viaja guiado por su propósito.

La atención es la más democrática de las funciones humanas: todos podemos ejercerla por igual. Pero no se trata de entrar en pánico por lo que otras personas puedan hacer con esto, sino de entrenarnos todos para un mundo donde lo sutil tiene tanto lugar como lo concreto.

Los seres humanos somos seres mágicos por naturaleza. Ha llegado al tiempo de recuperar nuestra magia para vivir con integridad.

 

@flavia_carrion_escribe