Monogamia, infidelidad y un falso paradigma de éxito que acecha y pone en crisis a una pareja heterosexual. El viejo concepto de familia se reformula y se invierten los tradicionales roles domésticos. En la nueva serie de HBO MAX, todos estos elementos son diseccionados con precisión quirúrgica por Jessica Chastain y Oscar Isaac, capaces de encender y apagar el fuego de la pasión delante y detrás de escena hasta evaporar la línea que separa realidad y ficción en la atmosfera teatral de un set de filmación.

En 1973, Ingmar Bergman estrenó Escenas de un matrimonio, una serie de televisión sueca con una luminosa Liv Ullmann y un torturado Erland Josephson, interpretando a un matrimonio que se deshace de la forma más elegante. El dolor resultaba tan exquisito como la liberación que sienten, pero sobre todas las cosas, suponía un triunfo de la honestidad. Emocional e intelectual. O lo que puede ocurrir cuando las personas perfectas se ven atrapadas en las convenciones. La pregunta entonces es ¿Cómo se continúa con esa perfección si no se la altera? En aquel momento, a la miniserie se la señalaba como responsable de disparar las tasas de divorcio, y no solo en Suecia, sino en gran parte del mundo. Puede que eso sea cierto. O tal vez no lo fue. Como sea, fue un reconocimiento a la agudeza de Bergman para retratar como se desintegra una unión.

El pasado 12 de Septiembre, la plataforma HBO MAX estrenó en todo el mundo la remake de esa obra (con el nombre de Secretos de un matrimonio), ahora protagonizada por los increíbles Jessica Chastain y Oscar Isaac, bajo las órdenes del director y guionista israelí Hagai Levi. El nivel de estas performances, puede tener un efecto similar al de 1973 ahora frente a una población pandémica que ha estado encerrada durante mucho tiempo. En la nueva versión, centrada casi por completo en la pareja que se está fracturando, a partir de un guión brutal, que captura la imposibilidad de decir o interpretar algo de manera natural una vez que comenzó la etapa de putrefacción en una pareja. A partir de ese momento, todo lo que digamos o hagamos, no hará otra cosa que profundizar y expandir el conflicto.

Prácticamente toda la historia transcurre en el interior de una casa, lo que puede ser una dosis de realidad demasiado intensa para algunos. Se suele decir que el minimalismo contiene dentro suyo las expresiones mas brutales del maximalismo, y esta podría ser uno de esos casos. Tal vez la chispa mágica la enciende la decisión del director de comenzar y concluir cada capitulo mostrando a los actores en los segundos previos y posteriores al rodaje. Algo que, según explicó el propio Levi, hizo para mostrar la universalidad de la pareja de actores, que pueden pasar repentinamente de sus vidas reales a la ruptura de un matrimonio en la ficción como en un abrir y cerrar de ojos. En cada corte, vemos a los asistentes acercarles un café y abrigo, como el final de un meta-truco que se concreta al revelarse. Y lo que queda en el medio de ese truco es brillante. Especialmente las actuaciones.

La pareja que se separa son Mira (Jessica Chastain), una mujer de unos cuarenta años con un trabajo muy bien remunerado y de alto estatus en la industria de tecnología, algo que la lleva a volar por todo el mundo, mientras que Jonathan (Oscar Isaac), es un académico y ex judío ortodoxo que lleva el legado psicológico de una educación tan estricta como rica. Jessica Chastain y Oscar Isaac, le dan sentido a esa categoría que usa la critica (All Killers, No Fillers) para hacernos creer en sus performances que sus frustraciones, sus desconciertos, sus dolores y sus celos, son cada vez más múltiples y cada vez mas reales.

De hecho, esa cercanía en la vida real de los actores tal vez constituya el otro aspecto para darle sentido al gran truco de la serie. No sabemos si la pareja real es Mira y Jonathan o Jessica y Oscar. O son en realidad los actores interpretando a Ingmar Bergman y Liv Ullmann. En cualquiera de los casos, daría lo mismo. Y en ese juego de espejos es donde reside la fascinación que ejercen sobre el espectador. Eso, sin contar la gracia, el estilo y la belleza de Isaac y Chastain retroalimentadas, en un juego de gatos y ratones capaz de transformar las leyes psicológicas, sociales, económicas y sexuales del rechazo y la atracción en cada minuto.

Para alimentar esta idea, alcanza con ver la foto de Isaac besando el brazo de Chastain en la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia. Una imagen que se volvió viral en segundos y que expone la integridad intelectual y emocional de este proyecto (además de ser los protagonistas, son los productores). La delicada angustia de Mira y Jonathan nos ponen en ese lugar, donde el deseo y el hastío parecen ser las dos caras de una misma moneda. ¿Cómo se negocia una relación a largo plazo? ¿Como evitar caer en la rutina? ¿O porque no caer en la rutina? ¿Cuál es el cielo y cual es el infierno? Posiblemente, la respuesta está flotando en un limbo. El uno se construye a partir del otro, y todo eso puede ser reemplazada por algo más profundo, más atractivo y más sustentable. Pero, ¿cuales son los límites que hay que poner a la hora de buscar la felicidad?

En la versión original, el esposo es el responsable de la ruptura del matrimonio. En la nueva, es Mira quien instiga la separación, configurando un nuevo arquetipo sobre el rol de las mujeres en las relaciones. Más aún, cuando se pregunta si todo el dolor de la separación vale la pena. Posiblemente nada de todo eso sea algo nuevo y ya se ha dicho prácticamente todo sobre los matrimonios modernos y sus rupturas, pero muy pocas veces esa exploración se hace con ese estilo y con ese nivel de credibilidad.

Para esta readaptación, Levi tuvo en mente el trabajo de la socióloga Eva Illouz, que lo hizo pensar de manera diferente sobre el precio de separarse. «Me había divorciado dos veces, no había estado pensando mucho en ese lado traumático de la separación y el divorcio, hasta que leí el libro de Illouz El fin del amor«, explicaba. «Cómo te afecta tanto psicológica como físicamente, qué tan difícil es volver a confiar y amar, y cuánto tiempo se tarda en recuperarte».

Por supuesto, una exploración del matrimonio en 2021 es diferente a la de 1973. «Creo que cuando contraes matrimonio en este momento, ya sabes que es condicional. El contrato ya no es definitivo. Estamos juntos hasta que uno de nosotros siente que ya no es para el otro. Ambos personajes saben que podría ser temporal “, agrega el director. El fundamento lógico que sostiene esta idea es una pregunta. ¿Podemos realizar una promesa para toda la vida en los tiempos que corren? ¿O todo es tan efímero que el sentido del matrimonio también debe ser examinado y repensado de manera obligatoria? Es realmente la necesidad espiritual o es seguir los mandatos culturales que impone la cultura del consumo y el descarte constante?

Mira y Jonathan (Isaac y Chastain) son, al menos por un tiempo, la pareja perfecta. Padres felices, con su cocina de alta calidad y su tono discursivo tan sofisticado como respetuoso. Y es ese estereotipo, justamente, es lo que parece asfixiar a Mira. Ella quiere algo mas. Jonathan, ya en el primer episodio, considera que esa categoría de éxito es una falacia. En la serie de Bergman, la pareja es aplastada por el peso de su propia (y aparente) perfección, con una renuncia que parece ser tan emancipadora como novedosa. Esto no es un refrito de aquello, sino algo mucho más sísmico. O como reconfigurar categorías obsoletas para la vida moderna pero que siguen siendo parte de la naturaleza humana y, por lo tanto, continúan vigentes.