La pandemia acentúa una nueva tendencia. Museos y galerías celebran la cultura dance a través de muestras que reflexionan y reconstruyen la historia de las discotecas. Al mismo tiempo, algunos templos del tecno reabren sus puertas como espacios de arte. El año en que se detuvo el mundo permitió repensar la importancia de la noche y la necesidad de continuar la marcha.

Pistas de baile con el piso gastado, maquinas de humo y juegos de luces encendidos. Hasta acá nada raro para el hábitat natural que supone una discoteca. Pero las pocas que se encuentran abiertas, tienen algunas curiosidades. La cabina del DJ vacía, marcas para el distanciamiento social y un público inmóvil, congelado en fotografías gigantes.

Echoing Through Eternity.

Así describe The Guardian la muestra Echoing Through Eternity, que se exhibe en Fuse, una discoteca de Bruselas que lleva funcionando más de 100 años y es considerada el templo belga de la música House. Se trata de una exposición con afiches, flyers, permisos de conducir falsos y muchas fotografías. La mayoría, donadas por la comunidad de ravers que respondieron a una convocatoria abierta en las redes sociales.

Este no es el único ejemplo de una discoteca probando un camino alternativo para hacer frente a la pandemia, Ni la única muestra reciente dedicada a la escena dance. La exposición de V&A Dundee, Night Fever: Designing Club Culture, traza la evolución de los clubes nocturnos desde la década del 60 hasta la actualidad con películas, fotografías y ropa. Y al hacerlo, invita a pensar sobre el valor cultural de la noche en un momento en que ese tipo de salidas ya se siente como una reliquia. O como un bien que se extinguió y que solo vive en nuestros recuerdos.

V&A Dundee, Night Fever: Designing Club Culture.

La idea de poder visitar una exposición sobre las discotecas, pero sin poder poner un pie en una, es por lo menos una ironía. “Night Fever se planeó antes de Covid y ahora tiene un impacto emocional adicional. Es una exposición que genera una sensación de entusiasmo y anticipación, porque lleva a la gente a la vida anterior», le explicaba la directora del museo, Leonie Bell, a BBC News. Libertad, baile y conexión humana parecen ser las claves de estas exhibiciones, que intentan reflejar ese sentimiento de comunidad y transpiración que se respiraba en cualquier boliche hasta no hace mucho.

Hace algunos meses la disco Berghain de Berlín (por muchos el club nocturno más importante del mundo) reabrió sus puertas con una exposición que consiste en 115 fotografías de Sven Marquardt (quien además es portero del lugar) en las que retrata la diversidad sexual de aquellos afortunados que lograron pasar por sus narices. El valor de la propuesta, señalan desde varios medios, reside justamente en abrir a todos las puertas de un espacio conocido por tener un acceso tan arbitrario como difícil, donde no importa cuan rico o famoso seas, sino como le caigas a Sven.

Pilot PC, de Connor Schumacher.

Todas estas iniciativas ofrecen un alivio frente al estancamiento actual impuesto por la pandemia. Como Pilot PC, una obra de teatro participativa estrenada en Rotterdam bajo la dirección del coreógrafo Connor Schumacher. La pieza simulaba una rave de manera segura dentro del espacio del teatro, con una combinación de humo, luces y superficies reflectoras que imitan el ambiente de una disco. Para muchos, ofrecía una de las pocas oportunidades de bailar en 2020, hasta que las medidas restrictivas también hicieron cerrar los teatros.

La exposición de cultura electrónica en el Design Museum de Londres también fue concebida antes de la pandemia y ahora cobra otro sentido. “No queríamos hacer una exposición de recuerdos», indica el curador Jean-Yves Leloup. “La idea era crear una especie de instalación gigante, que no imitara la escena de la disco, sino que reflejara la sensación de inmersión a través de la arquitectura”, explicaba sobre esta muestra que incluye cinco horas de música compiladas en 11 mezclas temáticas por el productor y DJ francés Laurent Garnier.

Electronic: From Kraftwerk to The Chemical Brothers, en Design Museum.

“Siempre recuerdo a las discotecas como una experiencia estética de inmersión, no solo como una reunión social”, reflexionaba Leloup, quien está involucrado en la escena electrónica francesa por ser un influyente DJ de radio además de haber sido el curador de Global Tekno, una de las primeras exposiciones importantes sobre la cultura rave celebrada en el American Centre de París. Con varios artículos, libros y años de encuentros en la pista de baile a sus espaldas, Leloup es el portavoz ideal para reinventar la cultura de los clubes a través del prisma del mundo del arte.

Dejando a un lado estos conceptos de inmersión como propuesta estética, surge una critica obvia ante la idea de poner la cultura dance en un museo, donde nunca se podrá recrear la experiencia inherentemente emocional de perderse y encontrarse en una pista de baile. “¿Dónde está el arte? ¿Dónde está la actuación? ¿Dónde está la vitalidad? El espectáculo recién se siente como un club nocturno cuando el humo se disipa y los bailarines ya se han ido a casa”, escribió el crítico de arte de Time Out Eddy Frankel sobre la exposición de Barbican titulada Into the Night, que recreaba clubes nocturnos a partir de las artes visuales.

Sweet Harmony.

Sweet Harmony fue una exposición realizada en la galería Saatchi de Londres, con fotos de Dave Swindells documentando 30 años de una revolución cultural que por tomó al asalto el Reino Unido con epicentro en Manchester y Londres, cuando la música electrónica y el éxtasis se dieron la mano para cambiar por completo la industria musical, el entretenimiento nocturno y la relación de la juventud con las drogas. Los nuevos sonidos de Chicago y Detroit, pasados por el filtro de Ibiza (de la mano de Paul Oakenfold, Danny Rampling y Nicky Holloway) iluminaron una nueva escena durante el sombrío gobierno de Margaret Thatcher. Y entonces nada fue igual. Especialmente la diversión nocturna. Como ahora, pero al revés.

Exposiciones como Echoing Through Eternity y piezas teatrales como Pilot PC pueden ayudar a recordar y preservar estos hábitos perdidos, estableciendo relaciones más profundas con la cultura disco. Para algunos especialistas, revisar la escena con distancia crítica puede ser lo que la salve para las generaciones futuras.

Como sea, los amantes de la música electrónica no pueden quedarse atrapados detrás de un marco para siempre. Si bien es cierto que cualquier perspectiva nueva puede resultar útil para poder financiar un espacio, para promover la diversidad y para enaltecer la cultura electrónica, para muchos todavía es necesario salir de marcha y mover el esqueleto. Tal vez sigue operando en el inconsciente colectivo la inercia de aquella visionaria frase del ejecutivo de Nintendo, Kristian Wilson, cuando se refería al impacto que tendría el PacMan. “Si los videojuegos influenciaran a los jóvenes, en unos años estarán todos en habitaciones oscuras con luces destellantes comiendo pastillas mientras escuchan música electrónica sin parar”.