Se va el día, se apaga la memoria. El paisaje blando y desolado del final de una rave poco tiene que ver con los granos de arena blanca, los cocoteros y la buena vista social club. Pero todo confluye, todo converge en un pináculo, un agujero K en el que la melancolía y el poder juegan un papel muy importante.

Los viajes con ketamina son increíblemente similares a las experiencias cercanas a la muerte. Los relatos de primera mano de lo que es acercarse a la muerte desde Victor Sueiro contienen los mismos temas recurrentes, como la sensación de dejar el cuerpo, una revisión de la vida en un flash, la visión de túneles y un sentido mágico de la realidad.

Neurocientíficos y psicólogos piensan que podría haber una explicación neuroquímica más terrestre: que la experiencia cercana a la muerte (ECM) profunda y mágica se debe a la liberación natural de sustancias químicas del cerebro en el final de la vida o cerca de ella.

Pero la ketamina está en una nueva era para el tratamiento de la depresión, ya dejó de ser solo una droga para clubbers. Los investigadores vienen rápido con descubrimientos en los últimos años en donde la ketamina, una de las drogas favoritas para los que van a las raves durante décadas, se puede usar para combatir los casos graves de depresión.

En marzo de este año la UCA en un informe dijo que los casos de depresión y ansiedad en Argentina se duplicaron y que los porcentajes son mayores cuando se trata de mujeres. Lo cierto es que una de cada diez personas en el país sufre de depresión según otro informe de Lifetime Relevance donde el 9% de la población sufre en su vida algún tipo de depresión, en lo que fue el primer estudio epidemiológico de salud mental realizado en nuestro país por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Consorcio Internacional de epidemiología Psiquiátrica de la OMS.

Una de las razones de la falta de datos a nivel local sobre esta enfermedad hasta 2018 tiene que ver con la fuerte estigmatización que aún pesa sobre los trastornos mentales. Los casos que más se repiten se dan en los lugares de trabajo. Si una persona dice que tiene depresión, pierde su estatus laboral, ya que muchas veces es tildada de problemática.

Durante más de tres décadas, los pacientes que buscan tratamiento para la depresión en EE.UU. se dirigieron principalmente a una familia de productos farmacéuticos con efectos secundarios insoportables.

Los médicos durante todo este tiempo vienen buscando más tratamientos, especialmente para los pacientes que no tuvieron éxito con las drogas o que han tenido pensamientos suicidas. (La tasa de suicidio en Estados Unidos aumentó 30% de 1999 a 2016).

La ketamina es un anestésico aprobado en 1970 como una alternativa más segura a la fenciclidina, más conocida como PCP o polvo de ángel. Se convirtió desde entonces en un anestésico común en el campo de batalla durante la Guerra de Vietnam, y en 1971 se estaba usando en dosis mucho más altas como una droga recreativa. A mediados de la década de 1980, la ketamina se vinculó con la cultura rave en Estados Unidos y Europa, donde se convirtió en una popular droga para fiestas que puede producir euforia y poner a los que la consumen en un estado de ensueño. En dosis más altas puede causar alucinaciones y desasociación, un estado en el que sienten que su mente y su cuerpo no están conectados, a veces llamado «K-hole».

En marzo, Johnson & Johnson obtuvo el ok en EE.UU. para la esketamina, un primo cercano de la ketamina, para los pacientes con depresión resistente al tratamiento, que representan un tercio de los 17.3 millones de estadounidenses que han experimentado depresión. El medicamento, Spravato, administrado por medio de un aerosol nasal, se considera el primer avance terapéutico importante para la depresión desde la introducción de Prozac en 1987.

El presidente de Estados Unidos y ex showman en El Aprendiz, Donald Trump, expresó su optimismo para que la droga pueda tener éxito en reducir los suicidios de los veteranos militares.

También el contexto ayuda. Se está dando un cambio social lento pero firme en la forma en que medicamentos como el cannabidiol (CDB) y la psilocibina, también están recibiendo nueva atención por sus aplicaciones como calmantes efectivos y sin efectos secundarios invasivos. Ahora solo en EE.UU. hay más de 150 clínicas que suministran ketamina en infusiones. La comunidad médica y psíquica está cambiando lentamente el estigma que rodea al uso de psicodélicos.

Pero la ketamina no es para todos. El medicamento está reservado para las personas que ya vienen probando varios medicamentos y terapias, incluida la terapia electroconvulsiva (ECT) y la estimulación magnética transcraneal (TMS). Una vez que los pacientes han sido aprobados para el tratamiento con ketamina, generalmente se someten a una serie de infusiones intravenosas en la clínica. Los pacientes reciben seis transfusiones, pero pueden recibir hasta 10 en casos extremos. También recomiendan 12 semanas de terapia cognitiva de conversación para pacientes ambulatorios.

Las infusiones duran de 50 a 55 minutos y causan alucinaciones leves. Pero no se acerca a la intensidad del temido K-hole. Además, los médicos supervisan a sus pacientes durante todo el procedimiento y ajustan la dosis según corresponda.

También en marzo, Cristina Kirchner decía a través de un video en Twitter que su hija estaba internada en Cuba por un problema muy grave de salud.

Florencia se encuentra en tratamiento desde ese mes en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas dependiente del Ministerio de Salud de la República de Cuba (CIMEQ), en La Habana.

Esta semana habló y dio más detalles su expareja y padre de su hija Helena, Camilo Vaca Narvaja, confirmando que lo que padece es una depresión profunda. “Florencia no está bien. Es un cuadro complejo que tiene un tratamiento y un acompañamiento psiquiátrico y psicológico”, reveló en diálogo con Mauro Viale en la radio AM 990.

“Florencia tiene un linfedema que ya lo había tenido durante el embarazo, un cuadro de estrés postraumático y una depresión muy fuerte, que se agravó con toda la persecución judicial y mediática que vivió».

Florencia, de 28 años, está procesada por asociación ilícita y lavado de dinero en la causa Los Sauces y en Hotesur junto con su madre y su hermano Máximo. Todos con altas chances de ser condenados este año o a principios del 2020, y teniendo en cuenta que estamos en un contexto frenético de elecciones y de jueces que van y vienen como los amores.

Desde la clínica antes habían dicho que tenía un cuadro complejo que implica un tratamiento y acompañamiento psiquiátrico y psicológico. Vaca Narvaja confirmó que el tratamiento de Florencia es ambulatorio y que no se encuentra internada. “Ella sale todos los días a la mañana y vuelve al mediodía a su casa a continuar con el reposo”.

Según se pudo ver en la imagen de la historia clínica del Centro de Investigaciones Médicas Quirúrgicas (Cimeq), el diagnóstico de Florencia es “trastorno de estrés postraumático”, asociado con otros cinco diagnósticos: “síndrome purpúrico”, “polineuropatía sensitiva desmielinizante de etiología desconocida”, “amenorrea”, “bajo peso corporal” y “linfederma ligero de miembros inferiores de etiología no precisada”.

Firmado por el médico Charles Hall Smith y el director del Cimeq, Roberto Castellanos Gutiérrez, el informe concluye que “la paciente se encuentra realizándose un estudio integral que aún no ha culminado y tratamiento fisioterapéutico diario. Por todo lo anterior no se recomienda viajar”.