Cuando comencé este camino en la espiritualidad era una discípula bastante rebelde. Me costaba estar quieta durante mucho tiempo y mi mente estaba en “cualquier cosa menos en blanco”.

Con el tiempo y otros maestros, aprendí que meditar es enfocar la atención completamente en algo, evitando así que nuestros pensamientos rumien hasta el hartazgo sin propósito ni sentido, algo que drena nuestra energía y tira nuestra autoestima por la borda.

Se sabe que la meditación trae innumerables beneficios para la salud: mejora el metabolismo, disminuye la inflamación (la malvada causa de los infartos, el cáncer y otras dolencias), regula la presión sanguínea, mejora nuestras funciones cognitivas (incluso ayuda a nuestras neuronas a conectar mejor entre ellas), reduce la ansiedad y aumenta nuestras defensas.

Pero ¿qué pasa si eres como yo y no puedes sostener una meditación sentado? ¿Existen otras opciones? Sí existen y te las comparto aquí.

Caminatas conscientes

Si en lugar de caminar mirando vidrieras o leyendo la pantalla de tu celular caminas con la atención puesta en la caminata, estarás meditando en movimiento.

Es fundamental que elijas una ruta poco transitada (para no atender a posibles empujones) y que conozcas bien la zona (para no distraerte buscando indicaciones). Un parque es ideal para esto, un espacio en la Naturaleza es perfecto, pero también puedes hacerlo por una calle de ciudad poco concurrida.

Al caminar, sincroniza tu respiración con el ritmo de tus pasos. Eso mantendrá tu foco. 15 minutos de esta caminata, te pondrá en el mismo estado que una meditación tradicional.

Yoga, tai chi, y otras disciplinas corporales

Aquí hay otra forma de meditar en movimiento. La concentración que debes poner en la postura, la respiración, el equilibrio, te absorben de tal manera que el parloteo mental está imposibilitado de intervenir.

Paralelamente, estos movimientos están diseñados por sabios de la Antigüedad para que se favorezca la circulación energética y la salud de los órganos y sistemas del cuerpo. Es una forma de sanación y nos conecta con el presente.

Existen algunas de estas prácticas – como la tensegridad – que además agregan el conocimiento de donde mover el cuerpo para expandir la conciencia mas allá de sus limites. Vale la pena probar alguna de ellas.

Bailar

Esta es otra forma de meditar que las culturas antiguas supieron cultivar.

La danza es también una manera de alcanzar estados de conciencia mas plenos, en donde se disuelven las fronteras de la identidad individual y podemos conectar con algo mas vasto que nuestras preocupaciones cotidianas.

Cualquier música te sirve para este propósito pero te recomiendo una pista instrumental (la letra conduce a tu mente hacia divagaciones seguramente analíticas que no es lo que buscamos) y que realices tu danza permitiendo que tu cuerpo se mueva con libertad.

Nada de coreografías preparadas ni autocriticas sobre tu torpeza o destreza. De lo que se trata es de ser conducidos por la música, como si fuera un océano de sonidos que nos hace vibrar, girar, extendernos, abrazarnos, mientras silenciamos el inquilino verborrágico que vive en nuestra cabeza.

Pintar, dibujar, modelar

Si estás buscando una alternativa mas tranquila o te cansas con facilidad, una forma extraordinaria de meditar es la creatividad manual. Pintar – los mandalas son mas que recomendables en este caso pero pinta lo que quieras, dibujar -mucho mejor si son garabatos sin destino claro – y modelar – con barro, porcelana fría o cualquier masilla -, nos permiten centrarnos en un momento de ilimitada energía y poder.

De nuevo, como decíamos antes, es necesario que dejes de lado los juicios con respecto a tu habilidad artística (esos mensajes atroces que nos dejó grabados la de dibujo cuando estábamos en la escuela…).

Aquí no se trata de la obra que logres sino del silencio interior que ganes para tu bendita paz.

Hacer huerta

Esta es mi favorita. Involucra muchas cosas. Punto uno: las manos en la tierra – se comprobó recientemente que hacerlo nos pone en contacto con una bacteria (Mycobacterium vaccae) que aumenta los niveles de serotonina (una de las hormonas de la felicidad) en nuestro cerebro. Punto dos: la presencia de la Naturaleza, que ayuda a reforzar todo lo claro y puro en nosotros. Punto tres: la atención dedicada a una tarea, lo cual nos exige estar muy presentes.

Todo esto la convierte en una forma de meditación muy orgánica, pero además, cultivar tus propios alimentos es un arma potente para ir construyendo una forma de vida mas amigable con el ambiente, reciclando, compostando y disminuyendo el consumismo destructivo.

Mas que una meditación alternativa, es una puerta a otro estilo de vida.

Observar lo pequeño

Descubrí esta cuando era una niña y viajaba largas horas en el asiento trasero del auto de mis padres. Me aburría, y – no habiendo con quien conversar – me dedicaba a observar los detalles del paisaje.

Un día me di cuenta que cuando observaba lo mas pequeño, los mínimos detalles, por ejemplo, las gotas de lluvia que caían por el vidrio de la ventanilla, el tiempo parecía detenerse y me olvidaba de mi. Después de un rato de hacer esto, tenia que hacer un esfuerzo notable por “regresar” a mi yo.

Puedes practicar esta forma de meditación concentrándote en lo que sea pequeño y olvidado: granos de arena, dibujos en las piedras, las lineas de tu mano o los poros de la pared. Hazlo en forma serena y constante, como si de ello dependiera un asunto de vital importancia. Notarás que calma tus pensamientos al instante y que te da un empujoncito hacia la atemporalidad.

Sumergirse en los sentidos

Finalmente, otra de mis favoritas. Esta manera de meditar es el comienzo de muchas de nuestras experiencias chamanicas. Seguramente nuestros ancestros remotos la practicaron y ha quedado en nosotros para seguir brindándonos sus beneficios.

Se trata de conectar con los sentidos de manera total. Empezamos con uno, por ejemplo, la vista (que habitualmente es al único que le damos espacio y por eso se ha vuelto autoritario y mandonea nuestra visión de la realidad, volviéndonos tóxicamente mentales). Absorbemos todo lo que la vista alcance (colores, texturas, luces y sombras).

A continuación, hacemos lo mismos con los sonidos, luego con los aromas, luego con las texturas (como se siente la tela sobre la piel? Que temperatura sientes? Que pasa en los pliegues de tu cuerpo?), y finalmente con el sabor que tenemos en la boca.

Por último, damos un salto: abrimos todos los sentidos a la vez, sin analizar ni editar. Solo sintiéndolo todo y sumergiéndonos en las sensaciones.

Te prometo que te hará volar.

Haz lo que sea, pero deliberadamente

No importa la forma de meditación que eliges, lo importante es permitirse experimentar y darle lugar a algo mas allá del pensamiento lineal, las argumentaciones y los datos.

Somos mucho mas que nuestro nombre y nuestros números de identidad, del banco, de teléfono.

Somos seres hechos de energía que gozamos del don de la atención.

Esa atención puede estar fragmentada por las noticias y los miedos, atomizada y débil porque es mucho lo que hay para procesar en la vida cotidiana. O puede estar fuerte y consistente, preparada para hacer lo que la atención sabe: ayudarnos a crear felicidad.

Tu eliges.