Ignacio Gutiérrez Zaldivar: «El artista manifiesta sus sentidos a través del arte, hace las cosas para que le gusten a él, es una actividad muy egoísta». Qué opinas?

El otro día estaba leyendo a un autor anarquista alemán, Horst Stowasser, que en la década del 80’ desarrolló en Alemania Occidental un plan social para poner en práctica las ideas anarquistas en una ciudad promedio alemana de ese entonces. El libro se llama “El Proyecto A”. En ese libro él habla de un “egoísmo positivo”. Esto significa que una persona verdaderamente egoísta no puede dejar de tener en cuenta que su mayor beneficio estriba en el beneficio del conjunto, es decir que a uno le va a ir mejor mientras le vaya bien a todos a su alrededor. Desconozco si Gutierrez Zaldivar se refiere al egoísmo de la práctica artística en ese sentido, pero lo dudo mucho. El arte no es una actividad onanista o por lo menos yo creo que no debiera serlo.

¿En cierto modo, te consideras un privilegiado en la vida? ¿Cómo fue tu infancia?

Me considero privilegiado porque tengo la oportunidad de hacer lo que amo y vivir de ello. Es mucho más de lo que lamentablemente puede afirmar gran parte del mundo. Esa diferencia hace que uno pueda sentirse privilegiado en un contexto mundial y nacional de ciertas características. Pero no es un privilegio en sí, es el derecho natural que todo ser humano tiene, el de desarrollar su potencial, cultivar sus talentos y aplicarlos en lo que más lo haga sentir pleno. Por otra parte no puedo decir que esa condición o forma de vida es fruto de privilegios de clase o de otro tipo. Más bien de una serie de cuestiones que se fueron dando a lo largo de mi vida y que agradezco haber podido aprovechar.

Mi infancia fue muy típica de un pueblo chico. Jugar en el campo, ir a pescar con los amigos, ir de camping. Fui a una escuela pública y terminé la secundaria cuando todavía internet era algo muy incipiente y propio de las grandes ciudades. Por eso la lectura de libros y la investigación era algo todavía muy presente en la educación media. Ahora la inmediatez de la cultura audiovisual y las redes sociales han ido erosionando eso, o lo han ido reemplazando por otras cosas. En mi casa mis viejos siempre apoyaron mis intereses y los de mis hermanos. Siempre tuve un ambiente familiar propicio para el desarrollo de lo que deseaba hacer pero nunca sentí que las cosas me venían de arriba o que tenía todo regalado, muy por el contrario, me transmitieron una cultura de la dedicación y la perseverancia.

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¿Qué necesitas para ser feliz?

No demasiado, por fortuna. Internet, libros, un poco de música, muchas películas. Salir una vez o dos por semana a beber algo con mis amigos. Cada tanto alguna fiesta, un viaje. Generar proyectos y ver cómo prosperan.

¿Tenés pensado someterte a alguna intervención de cirugía estética?

Jamás.

¿Cómo te llevás con las redes sociales?

Muy bien. Algunos de mis proyectos tuvieron un importante componente relacional y las redes sociales ayudaron en ese aspecto. Últimamente estuve también colaborando con páginas de humor político, haciendo memes sobre actualidad. Es un ejercicio que me divierte y de alguna manera agudiza la mirada. Por lo demás en mi vida cotidiana las utilizo como una herramienta de difusión de mi trabajo. Aunque también aprovecho para intervenir en debates políticos que se generan espontáneamente a raíz de algún post o para enterarme de cosas que pasan en el mundo. Pero si pudiera prescindir de la utilidad más primaria que les doy, la de difundir mi trabajo, creo que me tomaría unas vacaciones de Facebook y demás. A veces te distraen demasiado.

Desde que comenzaste a aparecer en los medios de comunicación, ¿cuidas más tu imagen que antes?

No. No se si mi aparición en los medios de comunicación justificó alguna vez demasiado cuidado. Tampoco creo que haya que cuidarse tanto si uno esencialmente se muestra tal cual es, incluso con sus errores y defectos. Me parece medio tramposo eso de tener una figura o un personaje público o de tener cuidado y editar lo que uno piensa o hace, hacerlo apto para todo público. No hay necesidad de convencer a nadie de nada como para desviarse de la propia naturaleza. No solo es tramposo, es mezquino. Es propio de un político, o de un mediático o magnate, gente a la que, en mi opinión, mejor no parecerse.

¿Te gusta hacer deporte? ¿Cuál practicas?

Me gusta pero no tengo demasiada constancia ni estado físico. Tengo temporadas en las que voy al gimnasio y luego dejo. De chico hice varios deportes pero me quedé más tiempo practicando Pelota Paleta. Pero hace mucho que no lo hago.

«Vivimos en una época tan poseída por los demonios que solo podemos practicar la bondad y la justicia en la más profunda clandestinidad. Descendimos tanto a la oscuridad que ya no se separa de nosotros. No hay luces fuera del sistema. La clandestinidad es el único sistema» dice Pola Oloixarac en Las constelaciones oscuras. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Esa cita es una buena observación pero considero peligroso naturalizar esa clandestinidad en la práctica del bien. La única forma de conquistar la oscuridad es plantarse públicamente y decir esto está bien, incluso si no lo hace nadie, y eso otro está mal, aun cuando lo haga todo el mundo. Aceptar esa clandestinidad es ceder ante la lógica dominante de que hay que esconderse y vivir con miedo. Supongo que es muy fácil decirlo pero sin embargo es un desafío que vale la pena proponerse. El que está en paz consigo mismo no tiene nada que temer.

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¿Empezás a pintar con una idea hecha y terminada? Cómo es el proceso creativo?

Las ideas van surgiendo en el marco de proyectos o programas conceptuales muy cerrados de antemano. Como que las imágenes son la piel de un gran esqueleto conceptual que se articula de fondo. Emergen solas. Lo primero es laburar mucho el concepto, pensar, investigar, ir anotando, bocetando, mirando. Miro muchas películas, documentales, leo bastante. Voy recortando lo esencial de cada cosa, como anécdotas visuales de esa investigación. Entonces van quedando posibilidades de nombres, ideas y al mismo tiempo las imágenes van saliendo a la superficie. Ahí empiezo a pensar en los formatos, paletas, dimensiones o tipologías de obra. Recién ahí confecciono los bocetos definitivos, los laburo en la computadora. Luego imprimo y calco o dibujo directo sobre el soporte si hace falta. Ese es mi proceso más o menos habitual, aunque últimamente estuve tratando de salirme de ese esquema cuya eficacia ya tengo comprobada. Estoy intentando trabajar con metodologías más espontaneas y abiertas, a partir de materiales, colores o iconografías y no tanto desde las ideas. Esta última muestra en Alpha Centauri es parcialmente fruto de ese intento. Si bien hay un andamiaje conceptual fuerte de fondo, las imágenes surgen muchas veces por medio de la articulación de formas, colores e iconografías que sugieren su propio concepto con posterioridad, por libre asociación con la forma.

¿Un lugar del sur que te haya impactado?

La Ruta de los 7 lagos, en Neuquén y Río Negro. El lago Gutiérrez en Bariloche o el Lacar en San Martín de los Andes. Hay otros lugares que no conocí pero a los me encantaría ir. El cerro Fitz Roy, por ejemplo o Ushuaia, muchos lugares.

¿Visitaste bodegas?

Durante mi adolescencia fui dos veces a Mendoza. Una vez con mi familia y otra con la escuela. No eran situaciones oportunas para beber demasiado pero recuerdo vívidamente esos olores y el aire fresco de esos lugares.

¿Y algo que te guste hacer cuando tomás vino?

Bailar, hablar con amigos.

La china Suárez: «A muchos les encanta el morbo. Yo trato de vivir todo con naturalidad. No me quemo la cabeza con el pasado y menos con el futuro». ¿Cuál es tu opinión?

Que coincidencia inesperada estar de acuerdo con la China Suárez.

¿Creés en las historias de amor eterno?

No. Pero porque no creo que el amor eterno sea algo hacia afuera, hacia una persona o ser. Creo que es una conexión hacia adentro que te funde con el Todo, con la Totalidad, la Consciencia Universal, llámalo como quieras. Si esa conexión es lo suficientemente fuerte la podés manifestar hacia “afuera”, y eventualmente compartirla y potenciarla con alguien que sintonice en tu misma frecuencia y viceversa. Pero no creo que sean conexiones eternas. Las relaciones mutan. Algo de ese amor permanece y se puede revivir pero uno se transforma y el otro también. No hay pérdida ni ganancia. Todo está conectado todo el tiempo. Me puse un poco hippie con todo esto pero es algo que experimento diariamente. No constituye una creencia abstracta para mí.

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¿Analizás mucho tus decisiones?

Depende qué impliquen y no más de lo necesario. Si me tengo que mudar a otro país puede ser que lo piense más que si me tengo que comprar un nuevo par de medias, por ponerte dos ejemplos muy extremos y ridículos. Pero siempre trato de que el entorno me vaya empujando, que surjan las señales que me indiquen el camino. Trato de no ser muy impulsivo, aunque sin caer en la pasividad contemplativa.

¿Qué buscan los coleccionistas de arte hoy?

Depende qué coleccionista. Algunos se interesan en comprar cosas de manera especulativa, para engrosar su patrimonio con la diferencia de precio que eventualmente se genera con el correr del tiempo. Otros compran por el placer de adquirir una pieza de la cual se enamoraron, se involucran con el imaginario del artista y les apasiona investigar y conocer. Tal vez hay más variantes que ahora no se me ocurren y en el medio de todas ellas hay mil y un matices.

¿Cómo se mide en el mercado del arte el valor y el precio de una obra de arte?

La verdad, ni idea. Si me pongo a especular podría decir que hay dos o tres factores que intervienen con mayor preponderancia. El primero, y tal vez el más importante, es el del peso histórico que tiene o se supone puede alcanzar un artista, de acuerdo a la relevancia de su obra en un contexto, su visibilidad e impacto a nivel nacional, regional, internacional. El segundo creo que va en relación a cuestiones más bien cortoplacistas, a saber el lobby, los premios, contactos, espacios de poder, etc. Supongo que estos dos factores se cruzan y se influyen mutuamente. Un tercer factor podría ser la configuración geopolítica del mercado o la Historia del Arte, o cuestiones raciales, de género, los prejuicios que regulan la dialéctica entre periferia y centro, etc. Pero este aspecto en una economía globalizada, donde todo es comodificable, aunque pueda ser influyente, tal vez sea menos determinante a la larga.

¿Cómo te ves dentro de diez años?

Hay muchos destinos deseables, ninguno de los cuales voy a confesar justamente para preservar su realización.

Hace unos días decía Ferran Adrià que hay una cierta ‘glamourización’ del oficio de cocinero, cuando en realidad es una profesión muy dura. En tu caso, ¿qué cosas hacen que con el trabajo del artista actual pase lo mismo?

Me parece que todas esas cosas tienen que ver con las instancias del lobby y del cóctel, con lo que decíamos antes de montar un personaje público, una especie de fachada que responda a la lógica del espectáculo. Warhol, Dalí, Jeff Koons o Marta Minujin son artistas que entendieron muy bien esa lógica y la utilizaron a su favor en una época donde hubo un cambio de paradigma en relación a la figura del artista y en la cual ese cambio era interesante e incluso necesario. Pero ahora estamos lidiando con los resabios de todo eso, es una época donde las máscaras y las fachadas se construyen y se caen casi con la misma celeridad, en un mismo acto. No vale la pena construirlas. Mejor dedicarse a un trabajo más de fondo, que articule la relación de los factores sociales en pos de un nuevo tipo de sociedad y de humanidad, donde se reconecte con una espiritualidad profunda y se restablezca el pacto con la Tierra. En fin, otra vez me puse hippie. Pero creo que toda glamourización tiene que ver con poner fuera del alcance algo que se ve como deseable y eso es parte de la lógica dominante, de ofrecerte todo el tiempo algo que se supone nunca podrás tener. Me parece que en ese sentido el rol del artista, como una persona creativa y que hace lo que ama, que eventualmente se construye como una voz de peso público, es pasible de ser glamourizado. Por eso creo que, en pos de hacerle un bien a la humanidad y de cumplir con su rol social, el artista debiera evitar esa instancia haciendo de su trabajo más un vehículo chamánico que una forma de espectáculo, incluso cuando ciertas formas del espectáculo se puedan aprovechar para ese fin chamánico. Allan Moore habla mucho de esto en sus entrevistas, de cómo el arte, en nuestras sociedades posmodernas y tardocapitalistas, se transforma en publicidad y entretenimiento, siendo que primordialmente fue y sigue siendo magia.

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¿Jugás al loto?

Cada tanto le juego una boleta de Quini 6 a mis viejos, por pedido de ellos. Me dejan elegir los números.

¿Hiciste algún acto psicomágico para vos?

Sí, varias veces. También practiqué la magia de formas más bien intuitivas o relacionadas con la denominada Magia Pop de Grant Morrison. Da resultado.

Si tuvieras una moto para hacer un viaje ¿a dónde irías?

Moto no tendría. Tendría auto, un clásico de los 70’s u 80’s, tipo un Dodge Challenger como el de Vanishing Point o un Ford Taunus SP5. Y me iría a la Gran Sabana en Venezuela o al desierto de Atacama en Chile.

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¿Crees que los problemas arrancan cuando uno tirado en su cama mira el techo muy seguido o cuando cree que el techo es quien está mirando a uno?

Nunca tuve ese tipo de techos.

La pregunta del millón: por qué, por qué nos tuvo que tocar justo a nosotros este lugar y esta época de mierda para ser jóvenes?

Porque lo elegimos antes de encarnar. Eran las coordenadas espaciotemporales más propicias para nuestra tarea evolutiva y dijimos: “Ya fue, va a ser difícil, para también va a estar buenísimo.” En El Libro de los Pleyadianos, supuestas canalizaciones de seres de las Pléyades publicadas en la década del 90’, dice que este es un tiempo donde uno puede ser verdaderamente revolucionario, innovador y que somos generaciones privilegiadas porque estamos viendo nacer un nuevo mundo. El otro día, charlando con unos amigos, uno mencionó que existe una antigua maldición china que reza “Ojalá vivas en tiempos interesantes”. Yo no sé si es una maldición. Me parece más bien una bendición encubierta. Los tiempos interesantes son magníficas oportunidades para crecer, y crecer a veces duele. Supongo que en eso estamos.

Sos de mirarte en el espejo cada mañana al afeitarte y pensar: cuánto envejecí desde ayer, hay alguien llevando la cuenta de estas cosas?

No. No pienso en esas cosas. Me parece que la parte de uno que envejece es necesaria, es un vehículo que hay que cuidar y honrar, pero no es lo interesante de uno. Y ese vehículo envejece menos cuanto uno más se concentra en el aquí y ahora y se olvida de lo que ve en el espejo.

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¿Qué es lo positivo de tomar distancia de las cosas?

El cambio de perspectiva. Evitar la inmovilidad de un punto de vista único, enteramente subjetivo.

Decime dos cosas que tengas en claro.

Que el ser humano es un dios y que el día que nos demos cuenta la vida en este planeta va a cambiar radicalmente, vamos a recuperar el poder que tenemos latente y que alguna vez nos hizo capaces de grandes hazañas de consciencia.

En este país, en esta época y a nuestra edad, uno a veces se siente un mutante. Incluso sin guerra nuclear ni desechos radiactivos. ¿A vos te pasa lo mismo?

Sí, pero no creo que sea en este país ni que sea solo una cuestión generacional. Tal vez el ingrediente geográfico o etario sume a una diferencia pero estimo que, más allá de las diferencias propias de cada caso, no es fundamentalmente distinto para un anciano en Japón o un niño en África. Supongo que tiene que ver con esta sensación generalizada de estar transitando el final de una era, el fin de un mundo, donde hay paradigmas que se mueren y aun no tenemos claro cuáles los van a reemplazar. “Liminalidad” tal y como lo llama el autor Jason Horsley.

¿Le encontrás alguna explicación al suicidio?

La Magia del Caos dice que hay que actuar a cada momento para multiplicar el número de posibilidades u opciones que uno tiene en la vida. Por el contrario, el infierno es la reducción de la vida a un único conjunto de posibilidades. Creo que quien elige o considera el suicidio es alguien que, por una serie de circunstancias, no supo multiplicar sus posibilidades y por lo tanto se cree obligado a optar por la muerte como única salida. Respeto a quien lo decide pero no creo que sea una solución. Es más bien un aplazamiento de la posibilidad de resolver el problema.

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¿Nunca llegaste a dejar por un tiempo o querer renunciar a todo?

De tanto en tanto me pregunto ¿Para qué hago esto? ¿Para qué me dedico a esto? Son días de cierto escepticismo o pesimismo que por suerte no influyen demasiado ni son muy recurrentes. Afortunadamente estoy feliz con mi oficio, con lo que me ha dado y con lo mucho o poco que he podido dar gracias a él.

¿La crítica de arte es necesaria para el arte o los artistas?

Sí. Es muy útil para articular la obra con el entorno, ver la producción en relación a saberes o imaginarios pertenecientes u originados en otras áreas del conocimiento, situarla en una visión de mundo más amplia. Pero esa cualidad es directamente proporcional al desapego del juicio. Se vuelve difícil cuando el medio es reducido y el crítico es amigo del artista o el galerista. También se complica cuando el ímpetu especulativo de generar escándalo interfiere con la metodología crítica.

¿Qué elementos son caducos de esa percepción crítica en la actualidad?

No se si es algo de la crítica en particular o del mundo del arte en general, y espero estar equivocándome o exagerando, pero me ha tocado atestiguar esa visión por encima del hombro según la cual al que no le gusta, o no entiende, o le parece una mierda, se lo tilda de idiota, de bruto o intolerante. Es una actitud que me parece bastante nefasta. Además de ser sectaria, denota el prejuicio de que la apreciación artística es algo puramente intelectual, que si no entendés es porque no leíste, no estudiaste o sos un facho. Sin embargo hay gente perfectamente ilustrada en el tema que también puede decir, aunque con mayores argumentos, que algo es una mierda o que no se entiende. De acuerdo a mi experiencia, muchas de las apreciaciones más profundas de ciertas obras las ha realizado gente que, sin herramientas de tipo teórico, pudieron conectar por un lado mucho más perceptual, intuitivo, instintivo, por medio de otros elementos. Eso habla de la multiplicidad de niveles que tiene una obra. Las mejores obras de arte son las que trascienden barreras en el público, incluso cuando fueron concebidas para cierto público específico. Si una obra no lo logra, tal vez no sea por una limitación del espectador si no del artista. Esto no quiere decir que la formación académica no sume a una apreciación más completa, pero ciertamente no la determina. Desestimar un juicio desacreditando al emisor es falaz y esto se vuelve mucho peor cuando se naturaliza en un entorno.

En tu Facebook vemos un rosqueo incesante con la conspiración planetaria. Explicanos un poco.

En 2004 o 2005 mi viejo me prestó un libro que estaba leyendo, Hitler Ganó la Guerra, de un economista argentino, Walter Graziano. El tipo cuenta cómo su visión del mundo se derribó con el 9-11 cuando comenzó a analizar los atentados de las Torres Gemelas a la luz de evidencia que no estaba siendo considerada por las explicaciones oficiales, mediáticas y gubernamentales. A partir de él llegué a otros autores, Antony Sutton por ejemplo, un británico que explica cómo Wall Street financió la Revolución Rusa y el ascenso de Hitler, por increíble que parezca. Son autores de prestigio académico. Uno cree que estos análisis son exclusivos de la marginalidad intelectual pero no es así. A partir de ahí medio que no paré.

Recién en 2012, como instancia final del Centro de Investigaciones Artísticas, presenté Conspiranoia, un seminario performático donde organizaba todo ese conocimiento sobre las mal llamadas “teorías conspirativas”, desde las más materialistas hasta las más espirituales. Aunque en el seminario no las llamaba así, si no “versiones no oficiales” o “interpretaciones alternativas” sobre la realidad, la actualidad, la Historia. La idea era ampliar el campo de percepción de la realidad, agrietar los muros de lo que se denomina Realidad Consensuada, es decir aquello que, por acuerdo o imposición, pactamos colectivamente para ver como real o posible. Muchas de estas supuestas teorías se han ido comprobando con el tiempo lo que demuestra que no formaban parte de una paranoia si no de hechos verificables.

Supongo que esos elementos empezaron a formar parte de mi interpretación habitual de la vida cotidiana, de la agenda mediática o política, de ahí que el muro de mi FB esté muy imbuido de posts relacionados a esas visiones. Sin embargo trato de que no me condicionen. Como dije arriba, vivimos en un tiempo de liminalidad, donde estas interpretaciones son moneda corriente ya que se encuentran reemplazando desde los márgenes, y quizás provisoriamente, las versiones oficiales de la Realidad que antes eran inamovibles y hoy están en franca decadencia. El consenso que cohesionaba la realidad está fragmentado y atomizado. Entonces estas “explicaciones alternativas” funcionan como un pegamento que recompone el todo de acuerdo a una lógica menos centralizada y más flexible. Lo bueno de eso es que no es definitivo ni impuesto. Incluso cuando hay mucha desinformación metida en el medio uno puede generar su propio collage mental sin necesidad de acatar ninguna jerarquía de conocimientos, más que la fidelidad al propio espíritu critico.

Respecto a los reptilianos, ¿tenemos que preocuparnos en la vida cotidiana por su avance y metamorfosis en puestos clave del Gobierno?

No se si es tan importante el hecho de que el actual gobierno sea más o menos reptiliano que el anterior. Lo importante es preguntarse sobre las ideologías que sirven para dividir y reinar y que nos obligan a optar por sistemas de control con metodologías diferentes pero que conducen a los mismos fines. Para entender esto podemos ver las diferencias entre la Unión Soviética y U.S.A. Adrián Salbucchi, un politólogo argentino, lo explica de la siguiente manera: En la URSS el sistema de control consistía en un espía en cada esquina, mientras en EE.UU. consistía (y consiste) de un televisor en cada hogar. En uno había partidocracia, en el otro bipartidismo. Las metodologías son diferentes pero sirven para lo mismo. Si el poder fáctico planetario persiguiera sus fines de manera lineal sería muy simple individualizar sus mecanismos y desactivarlos. Por esa razón utilizan diversas fachadas por medio de las cuales enfrentan a los seres humanos y gracias a las cuales han logrado salir victoriosos de manera más o menos invariable a lo largo de la Historia. Disfrazan el poder real por medio de conflictos controlados entre bandos que se proclaman antagónicos pero responden a los mismos amos. Solari Parravicini hablaba del Poder Bifronte. Hay momentos de la Historia en que ese velo se corre y si uno está atento puede ver a los bandos pactando por debajo de la mesa. La Batalla de Pavón, por ejemplo, donde Urquiza se retira cuando estaba ganando la batalla y le deja el país a Mitre y Sarmiento. Hay agendas que no se discuten y esa pugna ilusoria dirime finalmente cuestiones más bien accesorias. Ministerios que permanecen mientras los bandos suceden.

Los antiguos gnósticos, por ejemplo, mencionaban a los arcontes y al Demiurgo. Para el Gnosticismo los arcontes son agentes parasitarios de la energía humana. En los manuscritos gnósticos las descripciones de estos seres son muy similares a las modernas de los ET’s reptilianos y los grises, mientras que el Demiurgo sería un dios falso, el dios vengativo del Antiguo Testamento, posiblemente Lúcifer, que vendría a ser la cima de esta jerarquía vampírica. La idea es que estos bichos parasitan la energía humana por medio de sistemas de creencias, religiosos, ideológicos, culturales, que pervierten el comportamiento humano y lo alejan de una experiencia de vida intuitiva y en armonía con la Tierra, generando energía negativa de la que ellos se alimentan.

En este sentido, me parece que uno de los principales frentes de batalla está en la cabeza de uno, en la percepción de uno mismo y de la realidad, que es donde anidan estos sistemas de creencias que dividen y reinan. Somos el 99% y nos hemos dejado convencer de que no tenemos poder para cambiar nada ni hacer nada sin líderes mesiánicos ni estructuras que nos arríen como ganado, de que todo se basa en la escasez y en la competencia, de que el ser humano es un parásito y un asesino. En realidad esa no son la naturaleza humana, son comportamientos promovidos por esos sistemas generados de arriba hacia abajo. Afortunadamente eso está cambiando y tiene que seguir ese rumbo de transformación. Las cosas son como son porque hemos estados seguros durante mucho tiempo de que no podían ser de otra manera y si hoy todo se está cayendo a pedazos tal vez sea una buena oportunidad para plantearnos qué está mal y cómo modificarlo.

¿En qué plano estético situás al socialismo santafecino?

Para mí sería algo así como cierta abstracción geométrica o expresionismo abstracto. Elegante, austero y sobrio en la superficie, pero eventualmente corporativo y elitista.

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¿Cómo podrías definir conceptualmente lo que significa Miguel Del Sel?  

Es un síntoma del vaciamiento cultural y espiritual que lleva décadas en vigencia en nuestro país y que ha sido aplicado con un mayor o menor grado de eficacia en los últimos 40 años. Él, Tinelli, Rial, Xipolitakis, los ex presidentes, el actual, son vampiros energéticos que salen por TV, como en They Live, de John Carpenter. No por nada Bill Hicks decía que ver tele es como tapar con aerosol negro el tercer ojo. Muchos políticos, periodistas o supuestos intelectuales pertenecen a la misma tipología succionadora. Pero no lo personalizo, son vectores de un sistema. Aunque tengan una posición de mayor visibilidad o privilegio son tan víctimas o verdugos como cualquiera por encima o por debajo de ellos.

La fuga reciente dejó a la vista cierta dinámica y estilo de vida de los pueblos del interior de Santa Fe. Una imagen de amaroks, gente armada y maizal x-files. Cómo viviste esos días allá, hay también mucho de Vailoretto en la trama.

La verdad no me interesó mucho seguir el caso. Lo ví como un gran montaje mediático que se utilizó para tapar cosas importantes que estaban sucediendo en ese momento. Las inundaciones, los despidos, la represión, etc. Me aburrió mucho todo el culebrón informativo durante esos 10 o 12 días. Lo que sí disfruté fue el humor que surgió de eso en las redes sociales o las placas de Crónica TV.

Aunque sí entiendo ese aire de western al que te referís, no lo veo muy relacionado a Vairoletto. Estos son delincuentes con un alto grado de connivencia respectos a estructuras clave del poder y actúan movidos por intereses básicamente narcisistas. Están vinculados a negocios en los cuales, estimo, los bandidos sociales nunca se hubieran inmiscuido. El bandolerismo social tenía un código moral y eran marginados o descastados que no contaban con la colaboración de periodistas, espías, políticos o policías para fugarse ni cometer delitos. Todo lo contrario. Su economía era de subsistencia y la colaboración provenía de las bases. Por el contrario, estos tipos son sicarios a sueldo. Les importa muy poco todo lo que no pase por su propio bienestar o seguridad.

A propósito, la experiencia del Faena, a la distancia, cómo la ves?

Es una obra que agradezco haber podido hacer. No hubiera sido posible de no ser por el premio. Fue un proyecto a la medida del contexto y la circunstancia. Agradezco la visibilidad y difusión que le dio a mi obra. Es un proyecto del que estoy satisfecho pero ya quedó atrás. Fue como una especie de examen de profesionalismo y compromiso, también un momento muy divertido de transitar y del cual guardo buenos recuerdos.

¿ Tenés pensado seguir presentando OPUSMAGNUM o ya tenés en mente otro proyecto?

Opus Magnum fue un proyecto pensado para Alpha Centauri. No tengo planeado presentarla en otro lado, aunque sería interesante hacerlo. Ahora estoy enfocado en ArteBA, con un proyecto enteramente diferente.

FRANCO VICO, 1984, Santa Fe. Artista visual, hasta el viernes 29 de enero presenta Opus Magnum en la galería Alpha Centauri, Agüero 793, BsAs.

http://www.alphacentauri-art.com/#!/-opusmagnum

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