Nos encanta estar acá, donde nos casamos. Tenemos muy lindos recuerdos de este lugar. Disfruto mucho venir con mis cuatro hijos y escapar de los tiempos de la ciudad. De hecho, esa fue una de las razones que me hicieron comprar este campo.

Desde que visité este campo por primera vez, me enamoré del lugar. Así fue que le ofrecí a Federico comprárselo a puerta cerrada para tener un lugar cerca de Buenos Aires en el que venir a relajarme con mis hijos. Después, fue el lugar que Victoria y yo elegimos para casarnos por el rito judío y comenzar a formar nuestra familia.

Originalmente el campo tenía cuatro casas, pero cuando lo compré quise ampliarlo y construí un museo para mis autos antiguos y un pequeño cine para ver películas durante el invierno.

Por mucho tiempo, durante cada uno de nuestros viajes, compramos diferentes objetos de decoración para irle imprimiendo nuestro toque personal. Porque este no es un campo como muchos otros, aquí conviven objetos de arte y piezas de lugares tan distantes como Marruecos, Sudáfrica, Jordania, Rusia e Israel.

El museo, es ahí donde atesoramos muchos de los recuerdos de nuestros viajes y también porque está decorado con gigantografías de fotos de mi libro. Es uno de los pocos espacios que armamos Matías y yo en conjunto cuando comenzamos a venir a pasar los fines de semana. Aunque debo admitir que también me encanta la enorme laguna y ver las puestas de sol desde ahí. Me da muchísima paz ver a los pájaros y escuchar el vaivén de los árboles que se mueven con el viento.

Lo que más disfruto es reunir a toda mi familia y pasar tiempo con mis hijos, ya sea jugando videojuegos o recorriendo toda la propiedad en un buggy. Arrancamos el día con un desayuno supercompleto en la terraza, leyendo los diarios, después preparamos un asado con cordero y por la tarde cabalgamos un rato y regresamos para tomar el té de nuevo en familia. A la noche vemos alguna película con pochoclos y panchos. Ningún weekend es igual a otro en La Celeste.

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¡Nos casamos por Civil en mayo! Estoy viviendo un momento muy emotivo y jamás me imaginé que Matías me lo propusiera tan rápido y de una forma tan mágica. Fue una noche en la que me invitó a comer a mi lugar preferido en Buenos Aires y al llegar me encontré con el restaurante abierto solo para nosotros dos, con una única mesa en el centro del salón. En cuanto llegamos, pidió una botella de champagne y me preguntó si me quería casar con él. Por supuesto, no lo dudé ni un segundo, porque ¡Matías es el hombre de mi vida!

El proceso fue muy largo, y tuve que estudiar muchísimo y aprender los aspectos más importantes de la vida judaica. Sin embargo, creo que fue la práctica lo que me enseñó lo que es la vida cotidiana dentro de la colectividad. Por suerte, mi rabino era muy exigente, porque Matías no quería que se pensara que mi conversión era algo que yo me tomaba a la ligera. Y creo que uno de los momentos que más nervios pasé fue el día que di el examen frente a la junta rabínica, que se caracteriza por ser muy incisiva. Pero fue un proceso extraordinario del que aprendí muchísimo. Sin duda, convertirme al judaísmo fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.

Mi nombre en hebreo es Miriam y lo elegí porque tiene una connotación religiosa muy fuerte: Miriam fue una de las matriarcas del pueblo judío. Significa «la que se elevó» y su vida es realmente fascinante. Fue debido a su grandeza que los judíos contaron con un manantial de agua durante toda su estadía en el desierto.

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Estoy haciendo un tratamiento que consiste en una serie de inyecciones semanales de células vivas y, al mismo tiempo, tomo varias sesiones de magnetoterapia y láser, que me ayudan a que las vértebras se vayan fusionando y a evitar el dolor. Desde que comencé con el tratamiento mejoré un 30 por ciento y eso cambió significativamente mi calidad de vida.

Creo que jamás podré olvidar aquella noche en que sonó el teléfono a las dos de la mañana para avisarme que Matías había sufrido un accidente y que estaba luchando por su vida. Recuerdo que estaba amamantando a Indiana en ese momento y cuando colgué su mirada me tranquilizó y me dio fuerzas para enfrentar los días más duros. Desde ese día ya nada es igual, todo lo valoro distinto y trato de disfrutar al máximo la vida. Sin duda, fue algo que me cambió mucho como persona y que me hizo darme cuenta de que la familia es todo para mí.

Más allá de que los Garfunkel somos una familia que siempre estuvo vinculada a causas filantrópicas, sin duda fue el accidente lo que nos llevó a tomar la decisión de crear una fundación, ya que me di cuenta de que el equipamiento de los hospitales es fundamental para la calidad de vida de los pacientes. Nuestra ayuda inicial se enfocará en la salud y estará basada en donaciones. Además, me pone muy contento que sea Victoria quien presida la fundación, porque a lo largo de todo este tiempo me demostró que es una mujer muy valiente y con un gran corazón.

Ya estoy terminando el primer plan de acción. Además, estoy formando un cuerpo de voluntarios que recorrerán los hospitales para darse cuenta de sus carencias y poder canalizar la ayuda más rápidamente. Estoy muy entusiasmada con la idea y desde el primer momento le dije a Matías que podía contar conmigo, porque soy una convencida de que todo granito de arena siempre es bueno.

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Texto: Entrevista Revista HOLA! (2014)

Fotos: Twitter