POR PATRICIO LANGE

El año pasado emigraron a Buenos Aires desde Fisherton, un suburbio en Rosario de calles arboladas y casas bonitas donde nunca pasa nada. Habían agotado el pequeño circuito rosarino con su pop elegante y cancionero, cruza de Soda Stereo y Babasónicos. A mediados de 2013 desembarcaron en Palermo con un demo y un mes después firmaron contrato, empezaron a tocar en festivales como banda grande, editaron su disco y coronaron 2014 con un Premio Gardel bajo el brazo y los piropos de la prensa especializada. ¿Cómo ser promesa y no morir en el intento?

– Fisherton es un barrio bastante alejado del centro de Rosario. Y en 2009, cuando empezaron, todos ustedes tenían menos de 20 años. ¿Transitaban la escena underground rosarina o estaban afuera de la movida?

JOAQUIN VITOLA (cantante) Nosotros éramos amigos, conocidos del barrio. Pero no veníamos de un ambiente musical. Habíamos terminado el colegio y cuando empezamos no conocíamos a nadie. Nuestro primer show fue en el cumpleaños del tecladista actual, en su casa. Realmente estábamos totalmente solos, en un barrio donde no hay movida de nada, perdidos en nuestro estilo que era un contraste fuerte con el de otras bandas de ese momento.

NICOLÁS DE SANCTIS (guitarrista y compositor) No había una estrecha relación con otros grupos. Los demás eran o más rockeros o más punk rock. Y nosotros éramos más poperos. Eso llamaba un poco la atención y la gente nos empezó a venir a ver.

¿Cómo fue el recorrido que hicieron en Rosario antes de venir a Buenos Aires?

N: Tocamos dos o tres años en el centro, en lugares como el Café de la Flor o McNamara, y llegamos a hacer un Lavardén, una sala para 400 personas. Al principio venían muchos amigos del barrio. Y después se fue armando un público más real.

¿Cuándo salieron de Rosario?

N: En un momento ensayábamos todos los días muchas horas. Y llegaba el fin de semana y no teníamos a dónde tocar. Es muy acotado Rosario, no hay muchos lugares. Y ahí empezamos a decir “Che: ¿en Buenos Aires que pasará? Porque hasta ese momento ni sabíamos qué había acá. No sabíamos ni qué era Palermo. Estábamos en otro mundo.

J: Veíamos por You Tube a Azafata, ponele. “Guau”, pensábamos. O a No lo Soporto. “Mirá, hay bandas pop en Buenos Aires”, decíamos. Ahora es más fácil con Internet, You Tube, Bandcamp. Por ahí veíamos un My Space y nos gustaba Loli Molina o Alvy Singer. El Facebook recién empezaba, no era como tanto como ahora. No había un scouting muy certero de bandas. Estábamos medio perdidos.

N: Me acuerdo de una charla en la puerta de la sala: “Che, ¿si nos vamos a vivir a Buenos Aires? Y empezamos a flashear con esa pero ninguno podía en ese momento. Entonces empezamos a venir los fines de semana a principios de 2012 y me acuerdo que la primera vez nos hizo click la cabeza. Veníamos en el auto de Pililo, el bajista, para repartir los demos. Veníamos el jueves a la noche y nos quedábamos hasta el domingo. Nos hicimos amigos de los Intrépidos Navegantes, porque un par son de Rosario, y medio que nos hospedaban y nos sacaban un poco de joda.

¿Qué recursos utilizaron para hacerse conocidos en Capital?

N: Grabábamos discos vírgenes uno por uno con sobrecito y le poníamos “Indios” con fibrón y los regalábamos en el Personal Fest, en fechas de los Babasónicos, o de Emma Horvilleur en Rosario. Invertíamos esa plata para difundir la música. La onda era repartir discos.

Ustedes pasaron a la primera plana del under nacional bastante rápidamente. ¿Qué suceso registran como un disparador para el grupo?

J: Me acuerdo que hicimos un show teloneando a los Intrépidos Navegantes en Samsung Studio a finales de 2012. Ellos presentaban “Aguas”, el disco que les produjo Gonzalo Aloras. Tocamos cinco temas y creo que ahí nos escuchó Juan Ortelli, el director de Rolling Stone. Un día nos llamó por teléfono y nos dijo que le gustaba mucho la música, que nos iba poner en la sección En Caliente. Finalmente la nota salió en  mayo de 2013 y para esa fecha ya nos vinimos todos a vivir acá. Al mes nos llamaron de PopArt, firmamos contrato y empezamos a tocar en festivales. Quilmes Rock con Blur. Teloneamos a los Babasónicos dos veces. El primero fue en el Malvinas Argentinas con los Baba y Boom Boom Kid. Después en Coca Cola. Y ahí empezamos a flashear. Fuimos a Cosquín. Una vez de casualidad estábamos en Córdoba tocando y Fito Páez estaba haciendo un abrazo solidario por el accidente de Rosario y nos invitaron a tocar. Y en octubre de 2013 editamos el disco que en realidad es el demo que habíamos grabado en mi casa remasterizado y con las bases regrabadas en Roma Roma (ex Circo Beat).

¿Sienten que con ciertas bandas nuevas hay como un furor desde la prensa que después cuesta sostener en el tiempo?, una especie de sobre exposición que en algún punto también tienen hoy ustedes.

N: Nuestro plan es la cuestión de los discos. Me parece que si vos sacás muy buenos discos no hay con qué darle. Y de última si falla, la obra está hecha igual. La sobre exposición es algo re circunstancial. Nos quieren mantener a flote porque obviamente somos banda nueva. Pero para nosotros es algo que pasa por el costado. No lo tomamos muy en serio porque es algo que pertenece a un mecanismo de prensa que está ahí, es algo que funciona de manera ajena. Nosotros básicamente estamos acá y vivimos para hacer canciones y estar en la sala. Ese es nuestro trabajo.

En un momento, antes de que vinieran a Buenos Aires, Adrián Dárgelos de Babasónicos dijo que eran lo nuevo del rock nacional. ¿Cómo fue encontrarse después con ellos en los conciertos?

J: Dárgelos nos dijo frases muy graciosas. No me acuerdo qué, pero dijo algo sobre el diablo. Era muy gracioso estar ahí con el chabon. Es una banda que nos gusta mucho. Y está bueno verlos porque me hace imaginarnos a los 50 años tocando juntos, como hicieron ellos. Son como una proyección inspiradora de lo que podrías ser vos con tu banda.

¿Qué artistas emergentes les gustan?

J: Pilotos nos encantan, son lo más. Después, toda la movida cordobesa nos inspira bastante. Gente como Juan Ingaramo, Francisca y Los Exploradores, Rayos Láser, Hipnótica, Sobrenadar.

¿Qué reconocen como debilidades musicales en la banda?

N: A veces pienso que nuestro disco suena demasiado ajustado. Está todo demasiado en su lugar. Que esta buenísimo porque nuestro acercamiento a la música era de una manera ultra perfeccionista y cuando ves la banda en vivo senota. Y nos los dicen mucho. Les llama un poco la atención que en vivo nadie tira una nota por fuera de lo planeado. Eso está bueno. Pero a la vez también es como un desafío hacer algo más descontracturado para lo que venga.

¿Qué les genera incertidumbre?

N: Los conflictos son más artísticos. No tenemos miedo económicamente. Aceptar que sos músico, asumirte como eso, y no tener pretensiones, es importante. La pregunta es: “¿Podremos hacer otro un buen disco?” “¿Podremos seguir componiendo buenos temas?” Esos mambos son más interesantes que los otros.

FOTOGRAFIA : RAFAEL EQUIVOCADO

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