En un mundo que está siendo empujado al borde del colapso, la última película del universo DC interviene, al mismo tiempo, como espejo y mapa subliminal. (ALERTA DE SPOILERS).   

El Viaje del Loco

En su libro “Jung y el Tarot”, Sallie Nichols describe la carta número cero, El Loco, como el arquetipo del vagabundo y bromista. El Loco es la energía del potencial humano desatada de manera irracional y explosiva, sin dirección ni intencionalidad manifiesta. Por ocupar el número cero, es la única del mazo que no posee locación fija y, por lo tanto, sobrevuela a sus 21 compañeros restantes, pudiendo irrumpir en cualquier momento, alterando el orden establecido. Dado su arrasador poderío, El Loco es el único de los 22 arcanos que sobrevive en el mazo de naipes profano bajo la forma del Comodín o Joker. Según Nichols, su fuerza es tal que, en el Poker, puede llegar a reemplazar al Rey y a toda su corte.

Nichols afirma que la irreverente curiosidad e inocencia del Loco es lo que nos hace humanos: «Su energía barre cualquier cosa que se le ponga por delante, arrastrando a otros como si fueran hojas llevadas por el viento. Sin la energía del Loco, no seríamos más que meras cartulinas.»

La rueda conformada por los 22 arcanos es denominada “El viaje del Loco”. Para poder evolucionar el arquetipo cero debe pasar por 21 estadíos que simbolizan diferentes momentos del proceso iniciático, donde el potencial desatado logra ser controlado y direccionado bajo fines precisos, al servicio de la trascendencia espiritual. Esta circularidad representa los ciclos naturales del tiempo cósmico y El Loco, como prefiguración del ego inconsciente, es la fuerza salvaje y desapegada, pero también destructiva, que la recorre y preside.

Para que esta evolución llegue a buen puerto y se ponga fin a los avatares del eterno retorno que someten al alma humana, el doble filo del Loco debe metamorfosearse en la sobriedad y maestría del Mago, la carta número uno, sin la cual el viaje nunca podría comenzar.

Holly-Weird

En 1928, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, austríaco nacionalizado estadounidense, publicó su best seller Propaganda, una suerte de Biblia del Marketing y las Relaciones Públicas modernas. Desde su primer capítulo, “Organizar el Caos”, el libro abre con un párrafo más que sugestivo: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país. Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. […] Poco importa qué opinión nos merezca este estado de cosas, constituye un hecho indiscutible que casi todos los actos de nuestras vidas cotidianas, […] se ven dominados por un número relativamente exiguo de personas […] que comprende los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos quienes mueven los hilos que controlan el pensamiento público, dominan las viejas fuerzas sociales y descubren nuevas maneras de embridar y guiar el mundo.”

Conocido como quien modernizó los mecanismos de cooptación de la subjetividad, combinando los medios masivos con las teorías psicoanalíticas de su tío, Bernays es responsable de fenómenos tan disímiles como el tabaquismo en las mujeres, y el Golpe de Estado en Guatemala en 1954, esponsoreado por la CIA y para beneficio de la United Fruit Company.

Más adelante en “Propaganda”, Bernays expone: “Hoy en día, el cine estadounidense representa el más importante vehículo inconsciente de propaganda del mundo. Es un gran distribuidor de ideas y opiniones. Las películas pueden estandarizar las ideas y los hábitos de la nación. En la medida en que las películas están diseñadas para satisfacer las demandas del mercado, reflejan, recalcan e incluso exageran las tendencias populares más generalizadas, en lugar de fomentar nuevas ideas y opiniones. El cine sólo se sirve de ideas y realidades que estén de moda.”

Desde aquellos lejanos años 20’, donde la maquinaria Hollywoodense se encontraba en tímida transición hacia la tecnología sonora, hasta el hipertrófico presente, gobernado por CGI y el Neuromarketing, la oscura declaración de partes de Bernays no ha hecho más que confirmarse y con creces. Detrás del glamour y la espectacularidad, Hollywood es, en gran medida, una agencia de RRPP imperial, esponsoreada por el Pentagono, la CIA y la NSA.

Sin embargo, su rol en la ingeniería social a escala global va más allá de una evidente lavada de cara para el complejo militar-industrial y su lobby. En palabras de Jesús Palacios, autor de “Hollywood Maldito”, podríamos decir que “el Hollywood más siniestro, el que está detrás de las verdaderas maldiciones que acompañan nuestras películas y muchas otras, es una especie de entidad demoníaca que se ha creado en torno a la industria misma del cine estadounidense.” Baste leer los libros y artículos, entre otros autores, de Jasun Horsley, para confirmar la tesis de Palacios: Las vinculaciones de Hollywood con el ocultismo, el abuso ritual, el crimen organizado son cada día más evidentes al punto que, en los últimos años, nuevas denuncias de pedofilia y acoso sexual en la industria cinematográfica han conmovido a la opinión pública como nunca antes.

Precisamente, un análisis concienzudo, como los de Palacios, Horsley o Jay Dyer, puede llevarnos a comprender que Hollywood, además de una agencia de publicidad enorme, es un importante factor en la «contrainiciación» masiva. Es decir que, además de naturalizar comportamientos e ideas, como estableció Bernays, vehiculiza arquetipos espirituales de forma subvertida y velada, manipulando a su audiencia en contra de su propia liberación espiritual.

Dicho esto, quisiera aclarar que no pretendo actuar como una especie de puritano del gusto o las buenas costumbres, recomendando un boycott contra la industria Hollywoodense. Al igual cualquier hijo del s. XX, disfruto del buen entretenimiento a 24 cuadros por segundo y más aún cuando la mera distracción se eleva, por encima de la media, a niveles de cierta excelencia artística.

Sin embargo, de manera similar a como ocurre con las drogas, legales o ilegales, es mejor consumirlas dentro de cierto marco de madurez, contención psico-emocional y discernimiento que potencien sus efectos benéficos y, principalmente, neutralizen sus impactos nocivos.

Todos somos el Guasón

El film sobre el villano de DC estrenado el pasado jueves, dirigido por Todd Philips, escritor y realizador detrás de las Hangover 2 y 3 (2011 y 2013), es una de esas codiciadas gemas que, tal vez por su creciente escasez, logran cautivar el inconsciente colectivo. Quizás por eso merece un más cuidadoso análisis.

Joker propone una visión más cruda y madura sobre el antihéroe, alejando al personaje interpretado por Joaquín Phoenix de la genialidad malévola de sus antecesores y vinculándolo de modo más directo con su arquetipo original del Tarot. El Joker de Phoenix no es una luminaria maquiavélica con planes imbricados e infalibles, sino un típico perdedor que abreva deliberadamente de todos los clichés del fracaso socio-económico y afectivo de la cultura norteamericana: Vive con su madre y es un desposeído carente de vida social más allá de las normales interacciones con su entorno laboral. Su enfermedad mental, producto de un pasado de abusos y abandono, lo somete a una rutina de bullying y evasión que espiraliza en episodios de autodefensa cada vez más sanguinaria, gracias a los cuales Arthur Fleck alivia su tensión y va construyendo, de manera progresiva y automática, su alter-ego.

La historia de origen hace que la identificación del público sea natural, casi inevitable. Fleck es una víctima del sistema y reacciona, como tal, por instinto de auto-preservación. La elaboración de su alter-ego solo facilita la catarsis. Fleck no pretende causar el mal sino, meramente, aliviar su sufrimiento. Pero, como lo indica su arquetipo, su energía se sale de control y enciende la mecha del caos social. En el film, la correlación de ficción y realidad pareciera no ser inocente. Como indica Frank G. Rubio , “en Hollywood, como en Política, no hay casualidades.”

Los diálogos de Fleck con sus terapeutas y colegas subrayan constantemente que el mundo está cambiando para mal y que la desesperación está a la orden del día. La Ciudad Gótica de comienzos de los 80’, delineada en el film, bien podría ser la España del 15M, el París de los Chalecos Amarillos, los EE.UU. de Trump o la Argentina de Macri. La cadena del pacto social se rompe siempre por el eslabón más débil y, en el film, ese es Fleck, pero en la realidad de este mundo frénetico y hostil, quizás seamos un poco todos y cualquiera de nosotros. Cuando el frenesí cinematográfico decanta, el interrogante surge lógicamente: ¿Qué otra cosa podemos hacer salvo sintomatizar un malestar generalizado de la peor forma posible?

In a world…

La web Masonería Mixta explica las connotaciones de “Ordo Ab Chao”, el motto de su grado 33: “No se trata de ordenar el Caos si no de que el orden viene del Caos.” Como explicamos anteriormente en otros artículos de este espacio, muchos autores de la denominada Teoría

Conspirativa, aunque también algunos enfoques alternativos del análisis internacional, creen que esta es la doctrina secreta por medio de la cual la élite global impulsa sus planes de concentración de poder y recursos.

En un mundo donde el capitalismo extractivista y la especulación financiera empujan a las sociedades al colapso, a un punto tal que 26 mega-millonarios poseen más que 3.800 millones de pobres, la apuesta por un anti-héroe traumatizado y reactivo es comercialmente lógica. Sin embargo Joker es una pieza artísticamente lograda de una industria cuyos hilos han dejado hace tiempo de ser invisibles. La evidencia yace en lo profundo del film: El caos generado por la violencia sistémica y disparado por el Joker contra-iniciático de Warner Bros., siembra el gérmen de Batman, su némesis aristócrata y fascista, en un Bruce Wayne niño que, como ya sabemos, atestigua el asesinato de sus padres en una suerte de salvaje vendetta popular. El caos solo legitima un orden moldeado por el estado de vigilancia y el gatillo fácil. A la vista están las reacciones y los operativos de seguridad que el estreno propició en todo el mundo.

Al igual que muchas distopías, el film explica lo que emerge de complejos procesos sociales como fruto de un determinismo fatalista: Todo lo que sucede es inevitable. Sin embargo es imperioso pensar más allá. Si el caos es un fin en sí mismo quizás sea mejor que la energía explosiva del Loco devenga en la maestría del Mago, dando paso a liderazgos conscientes y constructivos que articulen las necesidades de todos con la posibilidad de crear nuevos mundos.