Todos se abalanzan sobre el cajón en el que se lo llevan.

No importa que la policía pegue o tire gases lacrimógenos.

Todos quieren tocar al héroe, besar su rostro frío, o sacarse una selfie, que es como sacarle un pedacito del alma. Si pudieran, le sacarían una uña, un trozo de piel, un mechón de pelo.

El mito del héroe desmembrado vuelve a latir en el velorio de nuestra mitología argento.

El héroe nos trajo el oro

Es parte del destino del héroe traer para la comunidad algo que hubiera sido imposible de conseguir sin él. El fuego, la música, el alimento, o la copa del mundo. Es parte del destino del héroe también, atravesar alguna muerte ritual, descender a los infiernos.

Prometeo pagó muy caro el acto de enseñarles a los humanos el arte de crear fuego. Zeus, el jefe de todos los dioses, lo condenó a ser encadenado en una cueva adonde cada día un águila le devora las entrañas. Pero la muerte salvadora no llega nunca, porque durante la noche los tejidos del héroe se regeneran, solo para ser desgarrados y devorados de nuevo por el águila.

Todo sea por dar a los humanos lo que solo los dioses pueden lograr. En la mitología cherokee, Selu, –la Gran Madre- se entierra viva y se arranca los granos de maíz de su cuerpo/planta para dar de comer a sus hijos.

De la gloria a la agonía

Agonía es una palabra extraordinaria. En su raíz se encuentra el concepto de “ir juntos”, típico de una competencia atlética, y también el de “ir juntos a la guerra” o a transitar un ritual iniciatico. En los rituales hay una transformación de la identidad a través de una situación en extremo dolorosa. También en el deporte de competencia grupal, la identidad de uno se funde en el todo que es el equipo.

En la agonía del ritual, muchas veces el protagonista muere, pero solo para renacer convertido en otra cosa. Muchos lo asocian con la muerte del ego, necesaria para que aparezca nuestra auténtica identidad. Eso es lo que hace que el desmembramiento tenga sentido.

En la tragedia griega “Las Bacantes”, Penteo, rey de Tebas, es desmembrado por las adoradoras de Baco que en sus ceremonias alcanzaban estados de éxtasis y así perdían toda noción de identidades y limites. Lo confunden con otro y lo cortan en pedazos. Hasta su madre reclama una parte.

Cuando se dan cuenta del error, la vergüenza y el dolor resultan insoportables. La agonía del héroe es ahora la agonía de la comunidad.

El héroe desmembrado

Desatino, droga, violencia y que te corten las piernas. El desmembramiento empezó muy pronto, sin que nadie se diera cuenta.

Como las bacantes, el reconocimiento de los errores llega muy tarde.

Sin embargo, toda muerte implica un nuevo nacimiento. En muchos mitos de origen, los pedazos del cuerpo muerto del héroe sirven para crear al mundo. Como el azteca Cipactli, el chino Pangu o la Tiamat de Babilonia, con cuyos cuerpos desmembrados se creo el mundo, con sus relieves y geografias.
De esa manera, el mito del héroe desmembrado no es solo una lección acerca de los sacrificios de la entrega o la trascendencia del espíritu sobre la materia, sino que da sustento a algo mas constructivo desde lo social: la idea de que somos uno con el héroe, de que somos uno como comunidad, de que podemos sentirnos tan unidos como las montañas a los mares y los bosques al viento.
Como un abrazo de gol infinito.

En el final mismo de la tragedia de Penteo, las bacantes suspiran en medio de sus lamentaciones y entonan un canto de esperanza de que -tal vez un día – el cuerpo del antiguo rey pueda ser reunido, como reunido debe estar el pueblo de Tebas.

Ojalá este nuevo desmembramiento de nuestro héroe local nos conduzca a un renacimiento de nuestra identidad colectiva.

Aunque eso no es cuestión de mitologías, sino de nuestros pequeños actos cotidianos.

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Flavia Carrión
Flavia es Coach Chamánica y Comunicadora de Espiritualidad Natural. Como antropóloga, ha ejercido la arqueología y la docencia universitaria.