Ayer, domingo por la mañana, mi amigo Cirilo me despierta con tono ululante en el teléfono de línea.

— Oscar –me dice. Me temo que te han plagiado.

— ¿Qué?

— Sí, en Página 12, en el suplemento Radar, aparece una nota titulada “De armas tomar” que trata sobre la serie Killing Eve. ¿No habías escrito vos una nota sobre el mismo tema titulada “Mujeres de armas tomar”?

Trato de recordar, todavía enajenado por los efectos del cincelado de un cenagoso ensayo sobre la decadencia de la mentira en esta sociedad farisaica que me insumió siete horas de la noche anterior. Veo en la pantalla de mi mente una muñeca pepona.

— Ah sí Cirilo. Tenés razón. ¿Quién la firma?

— Paula Vázquez Prieto.

Mi interior se ilumina, despejando los últimos resabios de sueño.

— ¿Paula? ¿Plagio? ¡Válgame Dios! Estás confundido Cirilo, se trata de un homenaje. Paulita es incapaz de una actividad como ésa.

— ¿Homenaje? –repite un tanto incrédulo Cirilo. ¿Y por qué no te cita, por qué no aparece tu nombre en alguna parte?

— No Cirilo, esa es una costumbre antigua que ya casi no se estila entre los periodistas. Además, ella debe ser cultora de la escuela de Pierre Menard, el autor del Quijote. No debe creer ni en autores ni en estilos, está formateada por esos textos de Barthes y Foucault sobre la muerte del autor. Todos formamos parte de un gran texto. No hay derechos de autor, sólo textos que dialogan los unos con los otros en un magma sin principio ni fin. El anticuado sos vos, que todavía crees que existen esas viejas instituciones del siglo XIX.

— ¿Pero la conocés? ¿Ha sido tu alumna en alguno de los cursos que das?

— No, no la he visto en mi vida (y tampoco quiero verla). Pero ya me ha homenajeado cálidamente antes.

Le envío a Cirilo por WhatsApp los siguientes links para que coteje: La La Land en REGIA y en P12.

— De hecho, le mandé un mail de agradecimiento: “Dada la cantidad de palabras y conceptos similares entre mi reseña y tu nota uno podría pensar que has currado. De ser así, no estaría de más considerar la fuente, o ser más creativo para que no se note tanto. Por esta vez pasa… Mis saludos, Oscar” (Gmail, 22 ene. 2017 12:58). Y ella -en reconocimiento- respondió: “Hola Oscar. No leí tu nota, lo haré en breve. Lamento que pienses que podría tomar el material de un colega sin citarlo. No es mi estilo. Gracias por escribir, se ve que coincidimos en algunas ideas. Saludos (Gmail, 22 ene. 2017 13:02).” Por lo que antecede, estás confundido Cirilo, es un homenaje. Uno más entre varios. Y yo, agradecido.

Silencio del otro lado.

— ¿Cirilo estás ahí?

— Estoy leyendo.

Aprovecho para hurgar en mi notebook, corriendo al gato del teclado, que bufó por no poder concluir su propio escrito. Si mi amigo y Paula supieran quién es el verdadero autor de mis comentarios…

— Es más, si buscás en Google esta nota de hoy, poniendo ·”mujeres de armas tomar”, verás que entre los resultados la nota de ella aparece en primer término, y la mía en segundo.

— Sí, ¿y?

— Bueno Cirilo, eso se debe a que soy su precursor. Hay que ponerse en el pellejo de esa pobre chica que debe trabajar sobre el mismo material que escribió su mentor, su guía de escritura. No es fácil. La angustia de la influencia podría llevarla al bloqueo. Sin embargo, ella arremete y publica profusamente, en medios importantes, donde hay editores responsables que confían en su buen hacer. En el olvido, porque debe olvidar que leyó mi nota para franquear ese abismo de la página en blanco, surgen esos islotes donde un crítico avezado podría rastrear mi presencia en el texto.

— Pero ella no te conoce…

— Conoce mi escritura y lo ha olvidado Cirilo. Para escribir hay que primerohaber leído. Es bastante meritorio que pueda generar su propio texto. En realidad, hay que felicitarla…

— Pero no te molesta…

— ¡En absoluto Cirilo! ¡Cómo me va a molestar que me homenajee! ¿Acaso Hitchcock se molestó cuando Brian de Palma refritó Vértigo en Magnífica obsesión? ¿O Bergman cuando Woody Allen malinterpretó Sonata otoñal en Septiembre? El Taj Mahal no se conmueve porque un edificio de dos pisos de esos modernos que pululan en Buenos Aires lleve una inscripción que dice “Taj Mahal”. Es otro texto, simplemente ella mira el paisaje, yo veo la belleza. Ella vehiculiza información para sus lectores, yo cincelo la hoja. Lo suyo es de utilidad para muchos, lo mío un puro embeleco. No por nada habito un piso 25 desde el que abarco la ciudad entera, todo laminado en marfil.

— Sí, menudo problema cuando te quedás sin luz.

— Todos sufrimos apagones Cirilo, si no no seríamos humanos. Bueno, agradezco tu preocupación. Hablamos más tarde.

Irritado por la intromisión de Cirilo en mi sueño me aboqué a escribirle un nuevo mail de agradecimiento a Paula: “Y seguimos… Que me leas, está bien, quizás amplíes tus horizontes, pero que copies… ; ¿No es ya muy evidente? ¿Era necesario? Y no hablemos del gótico sureño en tu nota de La Nación…” (Gmail, 14 abr. 2019 9:25).

Son las 2 de la mañana del día siguiente y Paula, siempre tan diligente, no me ha respondido. Mi gato sigue aporreando el teclado de la notebook.

Lo que Cirilo no sabe, y nunca se enterará, es cuánto me alegra que Paula me lea.