La pandemia y su fiel amiga, la cuarentena, están provocando estragos de todo tipo que también llegan por supuesto al inframundo de las cárceles donde los familiares desde el inicio del aislamiento obligatorio no pueden visitar a los presos, tampoco tienen forma de hacerles llegar las tarjetas telefónicas. Pero el aislamiento total, junto a las condiciones de hacinamiento, aumentaron la tensión y apuraron desiciones.

A fines de marzo, en el estreno de la cuarentena, el Tribunal Criminal 1 de Necochea dispuso que los presos de las cárceles de Batán y Barker están autorizados a utilizar celular. Lo que luego se trasladó al resto de la provincia de Buenos Aires.

Varias ONGs y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) agitaron sobre «la peligrosa e inhumana situación en los penales» en donde uno de los aspectos es la incomunicación y los cuadros de depresión y desesperación que empiezan a tener los internos porque no tienen visitas y porque no pueden hablar con sus hijos, padres y parejas. El aislamiento total produce sospechas y paranoia también en relación a la posibilidad de un brote del virus adentro que haría un desastre.

«En el sistema penitenciario bonaerense es un secreto a voces que los presos utilizan celulares, obviamente pagando un peaje a los penitenciarios. Es algo que sucede en casi todo el mundo. La autorización emanada del tribunal de Necochea legaliza una situación que ya existía pero incluso podría mejorar el control: el interno tendría que dar el número del celular, lo que permitiría rastrear una llamada extorsiva o de amenaza. Desde ya que eso no soluciona la existencia de celulares clandestinos que se usan para delinquir, pero eso ya viene sucediendo hasta ahora y es un problema que igualmente hay que abordar», escribió el periodista Raul Kollmann en Página 12.

A partir de estas condiciones, se prohibió el uso de redes sociales, con excepción de WhatsApp, que es prácticamente la red social más usada. Además los celulares no podrán contar con memoria extraíble.

En Mendoza, un juez fue mas lejos y creo el programa Sonría lo estamos filmando que lo llevaron a autorizar que los presos tengan acceso a celulares. Y lo argumentó diciendo que “todos somos seres digitales y tenemos derechos digitales” y se preguntó “por qué una persona que está privada de la libertad no tiene derecho a tener acceso a internet”.

Al femicida Fernando Farré, condenado a prisión perpetua por el crimen de su mujer Claudia Schaefer en 2015 en un country de Pilar, le encontraron dos celulares en su celda de la cárcel de Bahía Blanca. Según la denuncia, el ex gerente de L’Oréal, hostigaba por redes sociales a testigos de la causa, la hermana de su esposa y hasta a una de sus hijas. Usaba un celular Samsung que tenía registrado de manera oficial desde el 15 de abril a partir de la resolución, pero además le secuestraron un segundo teléfono clandestino de la misma marca. Aunque el reglamento limita el uso a WhatsApp, en los de Farré estaban instaladas también las redes sociales Facebook, Twitter e Instagram.

Uno de los videos mas populares de TikTok, muestra un calentador de agua improvisado que construyó un tal Kevin Smith en la prisión, con Godzilla de Eminem sonando de fondo. El video está etiquetado #prisonlife.

TikTok se destaca en conectar a los usuarios en función de sus identidades, y como resultado, hay para todos los gustos. Con más de 2 millones de personas encerradas en prisiones o cárceles en Estados Unidos, tal vez no debería sorprendernos que también haya un TikTok de prisión. Allí, los presos usan teléfonos celulares de contrabando para compartir videos de baile y parodias, así como para transmitir información.

Los teléfonos celulares de contrabando son una de las pocas vías para que los que están adentro, además de realizar secuestros y extorsiones, llamen la atención sobre las condiciones deplorables en las que viven.

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