No son plantas. No son animales.

Dominan la Tierra desde hace 2,4 billones de años. En los últimos tiempos, muchos de nosotros nos hemos acercado a conocerlos mejor, como respondiendo a un llamado.

Ellos son parte de una revolución que puede salvar al mundo.

Señoras y señores: con ustedes, los hongos.

Pequeños gigantes del mundo natural

Son muchas las formas en las que los hongos nos ayudan. Nos alimentan, sanan enfermedades, revelan misterios del mundo natural, propician viajes de la conciencia y hasta proveen metáforas de una sociedad más integrada.

Cuando uno se acerca a ellos para estudiarlos un poco mejor, de pronto se pregunta: ¿dónde estaba todo esto? ¿por qué no lo supe antes?

Algunos piensan que esto es así porque los hongos han estado sumergidos en la superstición desde la Edad Media. Imágenes de brujas danzando desnudas alrededor de ellos en sus inquietantes aquelarres psicodélicos y envenenamientos súbitos de niños perdidos en el bosque han hecho que nuestra sociedad prefiera mantenerse a buena distancia de ellos, excepto cuando vienen en forma de salsa en la mesa de algún restaurante.

No es necesario imaginar alguna clase de conspiración universal anti-funghi para entender por que los hemos ignorado tanto tiempo. Creo que – como sucede habitualmente – hemos estado tan distraídos en nuestras discusiones de ágora y en nuestras jactancias de superioridad sapiens que no hemos visto que las soluciones a muchos de los problemas de la Humanidad están allí abajo, donde no miramos.

Conoce a tus parientes

Quizás no lo sepas, pero los hongos son nuestros parientes. Las células de los hongos son muy parecidas a las humanas. Nos parecemos más a ellos que a las plantas, de hecho. Esto es así porque en la linea evolutiva el reino animal se separó del reino funghi mucho después que de las plantas. Al igual que ellos, no hacemos fotosíntesis como las amiguitas verdes, sino que consumimos fuentes externas de alimento para producir energía.

Digamos también que estos primos son mucho mas que la seta que vemos y cosechamos. La seta es solo el órgano reproductor de este ser maravilloso. Es la parte que produce esporas, a través de las cuales se reproduce, mientras que el resto del hongo se encuentra bajo tierra, creciendo en estructuras filamentosas denominadas hifas, las cuales forman una red que se extiende en el subsuelo en todas las direcciones. Esa red se llama micelio.

Los hongos se alimentan de materia muerta: madera, raíces y animales en descomposición. Las hifas se van extendiendo, rodeando obstáculos y autoreparándose si están dañadas. Se adapta a lo que va a comer y a las condiciones del ambiente, tomando decisiones a cada tramo que se va expandiendo. Su forma de procesar la información es similar al sistema nervioso animal, a través de impulsos eléctricos, pero aun no se los conoce bien. Mucho misterio hay todavía por revelar en estos seres extraordinarios.

Algo notable que sucede con el micelio es que no solamente permite el intercambio de nutrientes para su alimentación, sino que ayuda a las plantas y árboles a comunicarse entre sí. Esa red funciona como una verdadera Internet del bosque, con información valiosa que circula en la forma de señales químicas para alertar sobre peligros, así como también una vía por la cual los árboles mas sanos envían nutrientes a los pequeños o frágiles que mas lo necesitan. Es una autentica red de vida y energía.

Es justamente el micelio la clave que puede salvar el planeta de una Humanidad que se ha vuelto autodestructiva y letal. A continuación te cuento los aspectos mas relevantes de esta revolución silenciosa.

Medicina natural para reemplazar los tratamientos industriales

Los hongos se utilizan como medicamento desde hace miles de años. Culturas tan diversas como la Griega Antigua, la Nativo Americana y la China, han encontrado en los hongos potentes remedios para nuestras dolencias, tanto físicas como mentales. Los hongos medicinales fortalecen nuestro sistema inmunológico (quien, en definitiva, es el que decide si te quedas o te vas), aumentan la vitalidad y mejoran las funciones orgánicas a tal punto que algunos son considerados la llave de “inmortalidad”.

Entre las miles de especies de hongos que existen, hay mas de doscientas que -además- poseen cualidades psicoativas. Estos podrían ser decisivos en el tratamiento de las dolencias del alma. Son conocidos en la medicina ancestral como “hongos mágicos” o sagrados. Los chamanes los utilizaban para viajar mas allá de la realidad ordinaria, encontrando las respuestas (y soluciones) que se escapan al pensamiento lineal y para tratar a sus pacientes desde el espíritu hacia la carne.

Investigaciones de la Universidad de Yale, mientras tanto, muestran que el consumo de Psilocibina – componente habitual en los hongos mágicos – aumenta las interconexiones dentro del cerebro y las hace mas fuertes y duraderas, lo cual mejora notablemente las funciones cognitivas, siendo una cura posible para el Alzheimer y la clave para una sanación natural de la depresión, entre otros fantásticos resultados.

Descontaminación orgánica

Todos sabemos que el plástico tarda desde 100 años en adelante para degradarse, pero pocos saben que existe un hongo (el Aspergillus tubingensis) que puede hacerlo en unas semanas. El hongo segrega una enzima que rompe los enlaces químicos de las moléculas plásticas, reabsorbiendo la materia orgánica hacia sus células. La contaminación plástica desaparece como por arte de magia.

Hay investigaciones sobre la ayuda que pueden brindar otras especies de hongos en otras contaminaciones, como por ejemplo los derrames de petróleo en el Oceáno, minerales pesados o materiales radiactivos en el suelo. A estos también los hacen desaparecer. Buenas noticias: nuevos estudios científicos comienzan a aflorar como setas, interesando cada vez mas a la comunidad académica, al comprobarse una vez mas que la solución natural siempre es la mas completa y beneficiosa para el medioambiente, y al mismo tiempo la mas económica.

Esto no significa proponer que sigamos contaminando tal como lo hacemos ahora. A la tasa de acumulación de basura que los humanos generamos, no hay hongo que nos salve. Pero si complementamos la descontaminación con nuevos comportamientos de consumo y descarte, estaremos más cerca de reparar el daño que hemos hecho mientras creamos una nueva forma de estar en el mundo.

Construcción natural

Los hongos pueden utilizarse para construir. Cuando escuché esa frase por primera vez pensé que me estaban haciendo una broma. Pero no, es real.

Ladrillos, barcos y toda clase de estructura, también ropa, se puede moldear a partir de la adaptación del micelio a distintas formas. Lo que se logra es un material firme, orgánico y no contaminante, con el que se podrían construir cosas tan masivas como una casa, sin necesidad de depredar al extraer los materiales habituales de construcción ni dejar residuos tóxicos.

Mas allá de estos beneficios, las casas se autorepararían en caso de grietas, ya que el hongo permanecería “vivo”. La fantasía de las setas como casitas de las hadas ya no suena tan absurda, verdad?

El futuro tiene forma de micelio

Nada en este planeta puede vivir sin los hongos. Ellos son los responsables de que todo funcione y probablemente posean las claves de nuestra supervivencia futura.

Pero además están para enseñarnos cómo reconectar con nosotros mismos, cómo establecer interconexiones saludables, cómo utilizar nuestros impulsos sutiles para saber hacia dónde dirigirnos, cómo construir comunidades sustentables y – sobre todo- cómo crear nueva vida a partir de lo que ya murió.

En nuestro mundo.

Y en nuestras propias vidas.