“Soy una esclava de ti. No puedo tenerlo, no puedo controlarlo. Soy una esclava de ti. No lo negaré, no estoy tratando de esconderlo”. El estribillo de I’m a Slave 4 U parecía contener una denuncia encriptada. El clip mostraba a una Britney odalisca junto a un grupo de jóvenes transpirando sexo en un sauna post-apocalíptico.

HULU y FX estrenaron el documental Framing Britney Spears, como parte de la serie The New York Times Presents, donde la directora y productora Samantha Stark parece decodificar ese mensaje para revelar el modo en que la fama llevó a la niña estrella del Club de Mickey Mouse a perder el control de su carrera, de su fortuna y de su cabeza a manos de su padre. En 2012, Jamie Spears obtuvo su tutoría legal y su custodia financiera de forma temporal por “cuestiones de salud mental”. Pero lo conserva hasta hoy. Y de eso va la trama.

El documental recapitula el estrellato precoz de Britney con un inventario de los malos tratos que recibió por parte de los medios, poniendo en evidencia que para una adolescente, en un mundo sexista y misógino, en aquellos años, alcanzar la cima de la cultura pop y mantener los pies en la tierra, resultaba sencillamente imposible. “Si Britney tuviera problemas emocionales, divorcios, o conflictos con su familia, los tabloides no tratarían esos temas hoy como lo hicieron en su momento”, explican en el film. Desde que apareció vestida de colegiala en el clip de “Baby, one more time”, Britney encendió una mirada inquisitoria que ocultaba el morbo de muchos, añaden otros.

Justin Timberlake, pareja de Britney entre 1999 y 2002, también contribuyó en la construcción de ese imaginario perverso. En una entrevista revela que fue él quien le quitó la virginidad. En el video clip de Cry Me a River, utiliza a una actriz muy parecida a la cantante para mostrarla como la culpable de la ruptura por infiel. Una situación que, según la opinión de uno de los entrevistados, deja a Spears como «la puta de la clase».

Las relaciones entre superficie-profundidad e interior-exterior atraviesan la carrera de Britney y la ponen en un espacio donde la sobreexposición se convierte en un infierno pop magnético, envolvente y totalizador. Según el documental, el padre de la estrella terminó siendo una figura abusiva, abandónica y tóxica. “Que haya tomado el control de su carrera de forma tan descarada, es una prueba del omnipresente machismo que sigue imperando en sociedades avanzadas como la de Estados Unidos”, reflexionan en otro segmento.

Es entonces cuando el movimiento #FreeBritney, en el que militan cientos de miles de fanáticos de todo el mundo a través de las redes sociales, se convierte en una bandera de lucha.

La esclavitud, como institución jurídica, es una situación en la cual una persona es propiedad de otra. Así entendida, constituye una forma particular de relación de producción.

Actualmente, la Justicia se encuentra analizando el caso de Britney para determinar si le devuelve el control sobre su dinero y sus decisiones. En otras palabras, para decidir si le otorgan la libertad.

Si lo hacen, será el triunfo de una artista, pero también, el de un movimiento cultural capaz de unirse y organizarse en la redes sociales para ayudar a sus ídolos en situaciones difíciles.