A esta altura de los acontecimientos, que sigan existiendo entregas de premios da cuenta que aún roto y partido, el espejo donde se mira las ojeras la industria sigue siendo la excusa perfecta para cualquier cosa que se parezca a un lavado de cara.

Hablamos de premios, hablamos de autobombo y camaleones, de una forma de entender el show, que últimamente terminó en un degradé de golpes bajos y un acomodamiento a lo políticamente correcto. Estatuillas que terminan derritiéndose al calor de los tiempos que corren.

Pero no solo del cambio climático viven los premios. También en ese bamboleo se derriten al mejor postor. No necesitamos irnos a los Oscar de Hollywood para entender que detrás de todo premio hay un supuesto staff de expertos que no es otra cosa que trailers de títeres, parásitos, coimas, sobres, en fin, bienvenidos a APTRA.

Los premios Gardel perdieron la lucidez hace rato y ahora se le ocurre salir del estado vegetativo pagando el precio de derretirse al calor de los tiempos que corren, como el feminismo que en este caso no es otra cosa que oportunimo liso y llano, entregando el Gardel de Oro a Marilina Bertoldi que una vez arriba del escenario remató: «La única mujer que ganó este premio fue Mercedes Sosa, hace 19 años. Hoy lo gana una lesbiana».

La venganza es un premio que se sirve frío. Organizado por la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), esta vez, justo esta vez, con una crisis existencial y social pocas veces vista en Argentina, quisieron adecuarse a los tiempos pero desubicarse con una fiesta que pretendía emular a los Grammy con red carpet y una onda festival de Viña en Mendoza. La falta de timing no es lo único que caracterizó a estos Gardel, también se vieron premios con jet lag. Como dice Franco Varise en La Nación: «Los Auténticos Decadentes, sin duda, un prodigio de ventas y hits indiscutibles, tocaron para cumplir con el homenaje a sí mismos. Nunca recibieron un Gardel de Oro. Babasónicos, que destilaron según la crítica uno de los mejores discos de 2018, perdieron con Divididos, que, en cambio, presentó en la misma categoría una regrabación de su primer álbum (habría que inventar un emoji para este tipo de situaciones). Sin embargo, los organizadores obtuvieron lo que perseguían: que los Gardel aparecieran otra vez en la conversación social».

Vértigo y una historia de engaño. Si hay una industria que cambió es la musical y merece otro tratamiento, otra visión, que el de los Gardel que sigue explícito en sus hilos y desesperación, fiel reflejo de una cúpula (lo que sangra) que todavía cree que sigue abierto Musimundo. Pesadillas y alucinaciones.