Por Máximo Pereyra Iraola

Este fue un año intenso para Luis Ortega. Si bien es alguien que se mantiene siempre en movimiento y trabaja constantemente (a veces encarando varios proyectos en forma paralela), 2015 fue el año en que su creación más grande hasta el momento, la serie Historia de un clan, tomó la pantalla de Telefé cosechando elogios de la crítica y de la audiencia, en un contexto en el que muchos pensaban que ya habían visto todo lo que había para ver sobre la familia Puccio en la película El clan. La serie escrita y dirigida por Luis, algo más ficcionalizada y repleta de guiños y referencias al cine, con encuadres y decisiones artísticas y de guión pocas veces vistas en la televisión nacional, y con una calidad que nada tiene que enviarle a las producciones extranjeras que consumimos en esta época dorada de la TV, superó las expectativas de aquellos acostumbrados a lo más oscuro e inaccesible de este director, quien más allá de su innegable herencia artística desarrolló una firma muy personal y distintiva.

Historia de un clan ya terminó (o al menos terminó de emitirse en nuestro país, porque sin duda es un producto de exportación, como ya lo demostró TNT al emitirlo para Latinoamérica), pero los proyectos de Luis no terminan. Por ese motivo, lo entrevistamos por mail, entre viajes y reuniones de Luis que lo tuvieron de acá para allá. Tal vez sea mejor así; que se mantenga tan ocupado nos garantiza que vamos a poder ver más y más cosas suyas en un futuro cercano.

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Si bien habías tenido ya algunas incursiones en televisión, Historia de un Clan es tu primer proyecto televisivo integral. Se siente en la miniserie una mirada muy cinematográfica y una enorme cantidad de elementos del cine que hacen que tenga el nivel de calidad que tiene. ¿Qué tan cómodo te sentís trabajando para televisión en comparación con el cine? ¿Es muy diferente la forma de trabajar?

Yo trabajé de la misma manera, pero bueno, tuve muchos más recursos. Básicamente es mi primera película con una producción como corresponde, donde al final de la jornada no estoy sacando billetitos de 100 del bolsillo para pagarle a la gente. Pero no uso referencias para trabajar con el equipo ni tengo cultura de series, así que para mí hay una sola manera de hacer las cosas, sea cine o televisión. Esa manera que tiene cada director no la elije uno, viene con tu forma de ser. El estilo genuino decanta de tu forma de ser, no de tu forma de hacer arte.

El elenco de Historia de un Clan es impecable, y entre el guión y la dirección cada personaje terminó siendo perfectamente definido e interesante por sí mismo de una manera que pocas veces vemos en la televisión local. En tus películas trabajas con relativamente pocos actores. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con un cast tan grande y tan diverso, y sobre todo con el contraste entre actores experimentadísimos y otros más nuevos?

Fue hermoso, porque le escribís a cada uno en particular, cosas distintas según el actor, pero al final es todo parte de un mismo sentimiento. Sin esa variedad de actores te faltan problemas, y lo que necesitás más que nada son problemas. Con cada actor te perdés en un problema que mas que “crear un personaje” es como desatar un nudo, y cuando lo desatas es un alivio, es una emoción muy gratificante.

¿Cuál o cuáles son tus próximos proyectos? ¿Querés seguir haciendo cosas para televisión o preferís concentrarte en el cine?

Quiero hacer la película de Robledo Puch.

Se podría decir que tus películas no tienen el mismo nivel de accesibilidad que lo que hiciste en televisión, que no son para cualquier público. Si bien puede decirse que Historia de un Clan no es un producto televisivo tradicional en el sentido comercial, ¿creés que el alcance que tuvo puede llegar a influenciar de alguna manera tu forma de encarar tus próximos proyectos cinematográficos? Es decir, ¿te afectó creativamente trabajar en algo de alcance tan masivo?

No lo sé, yo cuando estoy solo, que es casi todo el tiempo, pienso las mismas cosas que cuando tenía seis años. Eso mezclado con las desgracias de la adultez es lo que termina en la pantalla. Traducir eso en un oficio lleva un tiempo, lleva tiempo perfeccionarlo. Perfeccionarlo no tiene que ver con que sea masivo, pero sí con que sea más claro para el espectador. Supongo que eso se traduce en la confianza de un productor de invertir tanto dinero como el que yo necesito para hacer Robledo Puch, por ejemplo.

¿Podrías definir tu proceso creativo, o cambia según el proyecto? ¿Qué cosas te inspiran?

Me inspiran los bebés y las armas, y no tengo ninguna de las dos cosas.

Como director, ¿qué pensás de la idea de “legado”? ¿Te interesa dejar algún tipo de marca, o hay alguna intención de “mensaje” en tus proyectos?

No no, pero si alguien algún día se caga de risa con algo que hice, puedo decir que pagué mi rescate.

¿Cómo te resulta trabajar con tu hermano Sebastián? Se podría decir que en muchos sentidos tienen un historial creativo muy diferente y orientado a públicos distintos; ¿eso dificultó de alguna manera el proceso colaborativo?

Somos mas parecidos de lo que parece. Aunque él tiene la habilidad de poder hacer distintas cosas y la verdad que yo no, resultó que hay un punto donde nos encontramos. El productor tiene que potenciarte, y a mí Sebastián me potenció mucho.

Sabemos que estás preparando un nuevo disco, después del debut que fue muy bien recibido (y de manera muy merecida). ¿La música es para vos un proyecto estrictamente “complementario” o es algo a lo que querrías ir dedicándote en forma más intensa a medida que pase el tiempo?

Cuando no estoy filmando estoy haciendo alguna canción con el chiste del día, pero honestamente no me siento músico, nunca presentamos el disco ni nada por el estilo. Ahora estamos terminando el segundo con Dani Melingo. No sé porque hablo en plural, creo que es porque cantamos varios.

¿Hay alguna idea pendiente que quieras poder realizar algún día y que todavía no hayas podido hacer por cuestiones técnicas, financieras o de otro tipo?

Me gustaría robar un banco y filmarlo, pero cuando sea grande.

 

Ilustración por Alfredo Vaudagna