Imagino que existen muchas definiciones de magia, pero para mí, -que hace tiempo deambulo por los territorios de lo esotérico y misterioso-, podría definirse como la posibilidad de transformar la realidad sin intervenir en la materia.

Los magos de los cuentos, que encienden fuegos artificiales con un pestañeo o la bruja del bosque que te hace salir orejas de burro recitando un encantamiento, son imágenes que tenemos en la memoria colectiva asociadas con los procesos mágicos.

Abracadabra, pata de cabra, y quizás se resuelvan todos nuestros problemas económicos, dicta el pensamiento mágico.

Naturalmente esto no suele suceder, pero en algún rincón de nuestra conciencia queremos seguir creyendo que sí.

La supervivencia del pensamiento mágico en la actualidad se debe probablemente a que su raíz es muy antigua. Prehistórica. Nuestros ancestros remotos, aquellos que vivieron larguísimos siglos de hielo y escasez, tuvieron tiempo y oportunidad para empezar a considerar la existencia de fenómenos que no se podían ver o tocar.

Algún invierno por demás rudo pudo conducir a alguno de los miembros del clan a pintar bisontes en la pared de la cueva, con la esperanzada idea de que quizás eso los atrajera hacia allí. Puede que sus barbados compañeros lo observaran con indiferencia, pero lo cierto es que al otro día un rebaño de bisontes pasó junto a la cueva.

El invierno, resuelto. Y una duda se instaló en la cabeza de todos: ¿y si la pintura de los bisontes había realmente atraído al rebaño hacia los cazadores? ¿Y si la magia había funcionado?

Hoy no pintamos bisontes. Compramos patas de conejo.

Muchas personas buscan a los profesionales de la magia para que les resuelvan un juicio complicado o les ahuyenten la maldita soledad. Lo cierto es que esas mismas personas que acuden a la magia en momentos de desesperación, cuando el problema mejora afirman que la solución llegó por otro lado: un abogado más hábil o una app de encuentros personales.

Nos avergüenza confesar que le pagamos a una persona para que resuelva mágicamente nuestros problemas, pero nos avergüenza mucho más reconocer que hemos considerado posible la existencia del lado mágico de la vida.

Ante la próxima crisis, quizás volvamos al oscuro recinto del brujito.

En definitiva, no hay forma de comprobar qué produjo la resolución del tema, ¿no es cierto? así que seguimos tranquilos por la senda de la displicencia cosmovisional.

Sin embargo, el problema reside exactamente allí. No definir lo que creemos y lo que no acerca de la realidad, tiene un costo muy alto: nos vuelve víctimas de los vivillos que se abusan de la necesidad de la gente y al mismo tiempo nos impide desarrollar nuestro auténtico poder de transformar nuestras circunstancias. Algo que tenemos en nosotros y que se parece a la magia más que ninguna otra cosa: nuestra conciencia activa.

Mientras nos dividimos entre escépticos y creyentes, mientras discutimos para ver quién tiene razón y si funcionan o no las pociones para el amor o los amuletos “abre-caminos”, evitamos confrontar al verdadero enemigo: la imagen debilitada que tenemos de nosotros mismos, esta idea atroz de que dependemos de intervenciones externas para ser felices.

En definitiva, esa creencia es lo que nos vuelve carne no solo para los pícaros que ofrecen “destrabes y amarres”, sino también para los dueños de la máquina internacional de hacer plata, los funcionarios del desastre planetario y sus comunicadores: personas que deciden cuales son los valores en los que debes invertir tu energía, tu tiempo y tu dinero.

Magia gratuita y hecha en casa.

Pero al final, ¿existe la magia? ¿O solo un mundo de objetos materiales que podemos ver y tocar, y procesos a controlar?

Por supuesto que existe la magia, lo misterioso, lo que se escapa de toda explicación racional. Pero la llave a ese mundo la tenés vos. El verdadero peligro es cuando le entregamos esa llave a los demás.

Tu vida es tu decisión y tienes herramientas de sobra para lograr en ella lo que andas buscando. Te mencionaré solo algunas, para que empieces a tenerlas más en cuenta a cada instante de tu vida, y no solo cuando las papas queman.

Creatividad. El remoto ancestro nos mostró el camino: la magia empieza con arte. Un grupo de cazadores lamentándose por su suerte no cambia nada. Los seres humanos tenemos infinitos recursos creativos y solo utilizamos una ínfima porción de ellos. Tu conciencia es un procesador de experiencias muy eficiente, conectado a muchas fuentes de información (algunas que ni siquiera imaginas) y se proyecta en muchas direcciones a la vez, transformando creativamente todo lo que toca.

Sin embargo, como estamos adiestrados para recorrer las mismas rutinas una y otra vez, esa creatividad profunda suele estar dormida. La buena noticia es que la conciencia es holística: cuando enciendes un área, enciendes todas, así que cualquier experiencia del lado creativo del cerebro movilizará tu poder creador integral.

Por lo tanto, la propuesta es esta: cuando te encuentres ante un desafío, realiza tareas artísticas: pinta cuadros, inventa canciones, modela con arcilla. No es necesario que te salgan cosas lindas. Solo que sacudas los cables neuronales un poco y te permitas salir del encajonamiento. Si al pintar o modelar pones la intención en desarticular el problema que te aqueja, mejor. Puede que la propuesta parezca naif, pero funciona. En medio de tu recreo artístico descubrirás una chispa de solución en la que no habías pensado. 

Concentración extrema. Los meditadores yoguis transforman los parámetros fisiológicos de su cuerpo de una manera asombrosa, aumentando o disminuyendo la temperatura, alterando el ritmo cardíaco o el metabolismo. Lo hacen a través de una práctica en la que se introducen a sí mismos en un estado de hiperconcentración a través de respiraciones y quietud. Si pudiéramos observar sus cerebros cuando hacen eso, veríamos que la frecuencia vibratoria del cerebro es diferente a la habitual y que tanto su cerebro como sus cuerpos se encuentran en una especie de coherencia energética total, como un láser.

¿Viste cuando estás tan concentrado en un tema que parece que el mundo exterior desaparece? Bueno, eso mismo. Cuando una situación nos desespera, es buena idea apartarse temporariamente de todas las distracciones y –como si de un yogui se tratara- concentrarse en el tema con toda la atención de que disponemos. El foco debe ser puesto en el resultado final (la resolución) y no en el problema, ya que si hicieras esto invocarías la desesperación, saltarían las alarmas del cerebro emocional y tu capacidad transformadora perdería intensidad.

Prueba esto: prepara un lugar en tu casa en el que puedas estar sin interrupciones. Desactiva por unas horas tu teléfono y otros ruidos. A continuación, practica visualizar con plenitud de detalles el resultado deseado, acompañando con una respiración profunda y una postura acorde con la emoción de quien ya lo ha logrado. Este ejercicio transforma, desde adentro hacia afuera. Lo he utilizado infinidad de veces para producir modificaciones concretas. Cuantas más veces practiques, más fluidez tendrá tu poder transformador para manifestarse.

Pensamiento independiente del consenso. Las personas que produjeron algo sanador para la Humanidad, fueron aquellas que dejaron de pensar lo que pensaban todos, los que se alejaron de los caminos ya transitados y se dijeron “Quizás hay otra alternativa, algo en lo que no habíamos pensado.” Personas que se arriesgaron a que los llamaran locos o que los condenaran por herejía, pero que fueron los autores de descubrimientos e inventos que hoy nos resultan imprescindibles. Ya lo dijo el viejito Einstein: “no es posible resolver un problema desde el mismo nivel de conciencia en el que ha sido creado”.

Cuando estés ante un problema, haz la prueba de ser un innovador para tu propia realidad. Siéntate en silencio, donde puedas rodearte de algo infinitamente abundante y expansivo, como la Naturaleza, y pregúntate a ti mismo “¿Cuál es la solución en la que no he pensado aún? ¿Qué es lo que nadie ha hecho con respecto a este tema? ¿Qué es lo que puedo hacer ya mismo para resolver esto?”. Observa lo que te rodea. La Naturaleza te dará indicios, pero las respuestas las encontrarás en tu interior. Es importante que registres las impresiones que te lleguen, aunque sean vagas y les des una oportunidad, haciendo algo con ellas. Este paso es fundamental: no te quedes solo con el mensaje. Abrí los ojos y tomá esa decisión.

La herramienta más poderosa de todas: la coherencia

La mayoría de las personas no concretan los resultados deseados por un detalle que soslayamos: la falta de coherencia entre sus creencias y sus acciones. Creer un poquito en la magia, un poquito no, tener un poquito de fe, pero perderla con facilidad, declararnos escépticos, pero evitar pasar por debajo de una escalera; esta fragmentación hace que nuestros proyectos se vuelvan erráticos y las soluciones, efímeras.

El mago de todos los tiempos es sobre todo una persona convencida de su poder, que mantiene alineados sus objetivos con su estado emocional, sus pensamientos y sus acciones. Necesitamos entrenarnos para una fortaleza así, pero vale la pena, porque merecemos vivir mejor.

Si deseamos ver más magia en nuestro cotidiano, convertirnos en magos de nuestras circunstancias, necesitamos blanquear nuestras creencias, hacernos preguntas incómodas como “¿Qué es lo que creo realmente sobre la existencia, acerca de mí y de mi lugar en el mundo?”, y actuar en consecuencia.

Las crisis, están allí no para hundirnos, sino para activar todos nuestros poderosos recursos internos y enfocarlos en la dirección adecuada. En el fondo, es el propósito que tienen las crisis: que desarrollemos algo nuevo, sobre todo, una versión renovada de nosotros mismos.

Creatividad, concentración extrema, pensamiento independiente del consenso, coherencia; no son cuestiones menores. Son tus varitas mágicas, tus patas de conejo, tus cristales encantados. Son parte fundamental del poder que todo ser humano posee desde su nacimiento hasta la tumba.

Cuando una persona toma el comando de ese poder, cuando hace algo con él, los efectos que genera en su vida pueden ser mágicos.

Y probablemente cuando todos en la comunidad lo hagamos, resolveremos el interminable problema de nuestros inviernos escasos de bisontes.

 

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