En un móvil del programa de Mauro Viale lo siguen con la cámara y un micrófono por una vereda de La Plata durante doscientos metros al neurólogo Leopoldo Luque. La corrida termina cuando Luque se sube a su auto y no le arranca. Venía de anunciar en un tumulto de periodistas que en unas horas tendría que operar de un coágulo en la cabeza a su paciente más famoso que también es su ídolo y del que había dicho horas antes que lo vio un poco amarillo pero estaba todo bien. La escena siguió con el camarógrafo y el movilero empujando el auto de Luque hasta que finalmente arrancó y partió rumbo a Olivos.

El correr de las horas de Maradona se parecen a las del Maradona de Roly Serrano en Youth sumido en un ostracismo paradisíaco donde el pasado espeso ya no se revuelve con una cuchara ni se mezcla con una minipimer sino que se ha transformado en un deambular por habitaciones contiguas y silenciosas entre sombras propias, ajenas.

Difícil imaginar para un Sandro que se resistía a quedar expuesto y por eso se recluía en su guarida de Banfield. En el caso de Maradona todo es fractura expuesta, cuanto más explícito mejor el acabado. Las imágenes del viernes anterior a la internación, en el día de su cumpleaños, entrando en modo sonámbulo a una cancha deja también a las claras la clase de buenos muchachos que tiene jugando sus cartas marcadas alrededor.

Desde los momentos más explosivos con Coppola al lado, vacila entre un entorno sanguijuela que lo rodea con astucia aprovechando cierta deforestación, cierta quema masiva, metiéndose oportunamente en su vida en momentos determinantes.

La cinta parece repetirse. Una sucesión de finales anticipados, eventos desafortunados y malos entendidos, un fundido a negro que se avecina, pero también no sorprendería otro despertar como tantas otras veces que estuvo prácticamente tirado en una zanja y salió del barro con el reptil en la mano.

Volvamos al que no le arrancaba el auto. Que su médico personal sea un neurólogo dice bastante del momento que transita Diego. Cuando te rodean los anales de la psiquiatría se ponen en juego otras reglas. Será cambiarle el chip a Maradona la prioridad de esta gente, o por el contrario querrán profundizar el dolor, el cuadro acabado que vimos en HD en los últimos años.

A pesar de las mojarras de colores que intentan vendernos desde ese entorno encriptado de abogados que lo rodea y asiste, está claro que ya no es el dominatrix que fue con todos sus managers tal cual lo reveló Coppola cuando dijo que hacía lo que quería con ellos.

La visita de su otrora médico no solo personal sino de la familia Maradona entre 1977 y 2007, Alfredo Cahe, que conoce como nadie su intimidad y ese carácter tan comentado, a la clínica donde se encuentra en este momento, también dice bastante. Cuando salió de su encuentro con Luque, fue contundente y habló de un cambio en su filosofía de vida.

«Veo a Diego con preocupación. Hay que evaluar todo lo que tiene, no sólo el hematoma, de esto sale, no tendrá secuelas. Se supone que se rehabilitará, pero va a tener que cambiar un poco su filosofía de vida. Conozco mucho a Diego, vi nacer a las hijas, pero creo que hay que ser menos soberbio y mas coherente, Maradona estuvo muy enfermo y está enfermo, el hecho que haya salido bien de esta intervención no significa que se haya ganado totalmente la batalla. Se debe insistir e insistir con Diego, estar a su lado constantemente y es importante buscar ayuda. Siempre pensé que con él es imposible una sola arma, tiene 60 años, no es fácil, y el hecho de salir de esta operación muy bien no significa el éxito de nada. Diego siempre tuvo un entorno patológico y nunca tomó conciencia de el. Hay que tener en cuenta que Maradona viene batallando durante años con su entorno, no es sólo un tema de hoy.»

Tampoco anduvo con vueltas a la hora de hablar de lo más acuciante, su salud mental. «Hay de todo, Diego tiene algo de maníaco depresivo y es ambivalente. Así es su personalidad, un tiempo bien, un tiempo mal y un tiempo bien. Estuve con el 30 años y no se puede hacer todo bien, tiene una filosofía de vida y una forma de ser que cuesta, hay que estar preparado toda la vida para luchar con Diego y tener un poco de suerte».

Como dice Cahe, un nuevo golpe de suerte tal vez necesite mientras acechan los créditos de la película. No obstante lo cual, las sanguijuelas seguirán ahí, obsesionados con el chiquitaje, poner sus kioskitos en la gorra del 10, la selfie decrépita sonriendo y los contratos que imaginan, gedientas, cuando la imagen se funda a negro.