La Orden Masónica tiene orígenes que se remontan a tiempos anteriores a los del Rey Salomón; comprende un saber filosófico de origen oriental que llegó a Occidente a partir de las Cruzadas, momento en el que la institución empezó a tomar su mayor impulso. Puede decirse que la francmasonería o masonería parte de un tipo de conocimiento del mundo geocéntrico y occidental, pero que abarca absolutamente todas las corrientes de la antigüedad y todos los saberes del Oriente.

Existe una serie de ideas que vinculan a la masonería con el misterio, lo oculto y lo secreto; algunos han llegado incluso a hablar de pactos de sangre en torno al acceso al saber masónico. Para poder despejar estos mitos y aclarar malos entendidos es primordial que sepamos diferenciar la palabra oculto de la palabra escondido: la decisión de una persona de esconder algo implica la deliberada intención de que otro no lo vea, mientras que lo que está oculto, en cambio, está puesto para ser descubierto, es decir, para sacarle la “cobertura”. Esto es lo que pasa con la masonería: está oculta a la espera de aquellas personas que tengan la voluntad y la capacidad de descubrirla.

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Por fortuna pudimos hablar con un miembro de la sede argentina de la Logia, quien a pesar de pedir que su identidad quede reservada, accedió a contarnos de qué se trata realmente la Orden. En primer lugar, es importante saber que la masonería no impone una bajada de línea, doctrina ni dogma, sino que es adogmática, y se encarga de proveer las herramientas para que una persona pueda descubrirla cuando se encuentre preparada, es decir, cuando esté capacitada para formular las preguntas adecuadas, preguntas que la adentrarán en el mundo masónico.

Por otro lado, es cierto que existen algunos requisitos para poder iniciarse en la masonería, más precisamente tres: ser hombre, ser libre y ser una persona de buenas costumbres. Estas obligaciones, claro, hacen surgir entre otras la pregunta ¿Qué implica ser libre? Pues bien, ser libre implica no solo tener libertad de pensamiento sino además ser incapaz de caer en o formar parte de ningún fanatismo o dogmatismo, y en consecuencia tener la mente abierta para absorber conocimientos e incluso cambiar pensamientos a los que uno pudiera estar aferrado. También implica tener libertad económica, debido a que la masonería considera que aquel que no puede mantenerse no goza del espacio suficiente para absorber conocimientos.

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La relación entre la masonería y la política siempre fue fluida, y los principios masónicos han impregnado e influenciado prácticamente todos los movimientos y revoluciones políticas del mundo desde la Revolución francesa hasta la americana. En Argentina, a modo de ejemplo y solo por mencionar algunos, los dos primeros vicepresidentes de Perón (Hortensio Quijano y Alberto Teisaire) fueron masones, al igual que la inmensa mayoría de los ministros de su tercera presidencia. La masonería sin embargo no actúa como un poder político sino que en cambio lo hace a través de sus hombres, y es justamente el hecho de que haya habido y haya hoy en día políticos que son masones lo que ha dado como resultado la noción general (como vemos, acertada) de que existe una vinculación al menos indirecta entre masonería y política.

Otros dos factores interesantes y dignos de ser señalados son por un lado el lugar que tiene en la Logia la noción de virtud, y por el otro el por qué del hecho de que los miembros de la masonería se llaman hermanos entre sí. Estos conceptos están en realidad conectados: en primer lugar, la virtud es definida por la organización como la predisposición constante del espíritu de ir hacia el bien y evitar el mal, o en pocas palabras “la voluntad de ir hacia un lado bueno”;  precisamente la razón por la que se llaman hermanos entre ellos se encuentra en el hecho de que se sienten hermanados en la búsqueda de la luz del conocimiento y del bien. La masonería se define además a sí misma como una escuela filantrópica, filosófica y progresista (no en los términos políticos comúnmente definidos, sino como apertura mental).

Con respecto al ingreso a la masonería, que es lo que a mucha gente más le interesa y lo que ha disparado a lo largo de los años gran cantidad de mitos, en términos concretos aquél que se interese por ser parte de la institución debe primero atravesar un rito de iniciación que en verdad es bastante fuerte, y que predispone al aspirante a un estado psicológico y de conciencia muy especial; los masones consideran que durante este rito la persona “muere profanamente para nacer en la luz masónica”, imagen que podría explicar por sí misma la razón por la que la ceremonia es considerada de fuerte impacto.

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La masonería se organiza en logias. Cada país cuenta con Gran Logia que abarca a su vez a todas las pequeñas logias del territorio; en nuestro país existen cerca de 120 logias diferentes, todas representadas por la Gran Logia Argentina. Otro aspecto interesante de mencionar es que la masonería está dividida en grados (de los cuales existen en total 33). En cada reunión o Tenida los grados abarcan diferentes temas del conocimiento y de los interrogantes humanos.

La institución se divide a su vez entre simbolismo y escocismo, y mientras algunos masones participan de ambas corrientes, otros solo participan en una de ellas. Los tres primeros grados de la masonería se llaman grados simbólicos: el primer grado es el de Aprendiz, el segundo es el de Compañero y el tercero es el de Maestro. Una vez superado el tercer grado se accede al escocismo, que abarca los grados de perfección, también llamados grados inefables. A estos grados no se entra por voluntad sino por invitación: los mejores maestros tienen que ser invitados desde los altos grados a entrar al escocismo (que contempla otros 30 grados más).

¿Puede alguien ser expulsado de la Orden Masónica? Sí. La masonería cuenta con tribunales de disciplina masónicos, los cuales entran en acción cuando un miembro incumple con su juramento respecto de la libertad, la igualdad, la fraternidad o la promesa de ser enemigo de los dogmatismos, totalitarismos y fanatismos; un dictador que a su vez sea masón, por ejemplo, puede tener el apoyo de un pueblo pero será sin embargo sometido a juicio del tribunal masónico y terminará siendo expulsado.

La masonería, o mejor dicho sus miembros, están excomulgados de la Iglesia Católica. Esto se debe a que la Iglesia es dogmatica y doctrinal, y al haber sido el masón desde sus inicios y por definición un libre pensador, la Iglesia lo consideró peligroso y cercano a prácticas satánicas. Esta tensión y conflicto contribuyó a cementar en la gente la creencia de que la masonería involucra prácticas satánicas y magia negra, lo cual explica además la necesidad de los masones de realizar su actividad en silencio como única solución frente a las persecuciones sufridas. Gran parte de los mitos e ideas falsas que la gente tiene de la masonería se deben a la difamación permanente durante siglos enteros realizada por la Iglesia Católica.

En las últimas décadas la masonería ha experimentado una mayor exposición (en algunos casos voluntaria) y una gradual apertura al público. No todas las ramas de la masonería son iguales, y existen diferencias que dan cuenta de diversos cuestionamientos internos, divisiones y facciones en una organización que tiene, tan solo en nuestro país, cerca de 10.000 miembros. Asimismo los constantes cambios en políticas externas y revisiones a su ideología de base han llevado a un cuestionamiento sobre el futuro de la Logia y las posibilidades de supervivencia de una institución regida por el principio de misterio y secreto en un mundo de acceso cada vez mayor a la información.

 

Por : Diego Sadrinas @sadri26

Ilustración : ezequiel De San Pablo

 

 

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