Considerada a esta altura una de las ficciones más inquietantes de este año por el nivel de producción, golpes de efecto, actuaciones y guión, la biopic sobre la vida de Carlos Monzón sigue cosechando tempestades.

Uno de los primeros en salir a hablar fue Leandro Custo, uno de los cuatro guionistas de la miniserie. «Más que una biopic es un policial que tiene los condimentos de la vida de Monzón. Nosotros tomamos la decisión de comenzar por el femicidio y desde ahí revisar toda su vida, su pasado y el contexto que se estaba viviendo a fines de los 80s, en ese año 88 donde se empieza a investigar qué fue lo que pasó esa noche en Mar del Plata«, dijo a una radio de La Plata cuando comenzaban a verse los primeros capítulos por Space hace más de un mes.

«Fue complicado tener un cuidado y a la vez una honestidad a la hora de narrar. Porque Monzón no es que era una persona totalmente mala. No se puede pensar que un femicida es malo malo malo. Él era un buen padre, era un buen hermano, siempre hablaba de Santa Fe con cariño, era una persona que estaba muy atenta a su familia. Entonces en la serie nosotros queremos mostrar esas dos facetas», concluyó.

Después aparecieron las voces del resto del equipo de guionistas en otra entrevista para una radio AM, donde reconocieron aprietes por parte de la productora para sacar escenas de sexo duro que mostraban un Monzón «homosexual».

Los guionistas confesaron que tuvieron que borrar un capítulo vinculado a Susana Giménez, escenas que recreaban la frenética relación entre el boxeador y la diva.

Los guionistas Francisco Varones, Gabriela Larralde, Gabriel Nicoli y Custo, revelaron que decidieron eliminar una fuerte escena sexual entre el boxeador en su versión joven (interpretado por el actor Mauricio Paniagua) y Susana (Celeste Cid).

«El capítulo se borró. Empezaba con Monzón con las manos atrás, casi en cuatro patas, y Susana pasando la lengua por la cola de Monzón. Había muchas posiciones e imágenes que para algunos podían ser tildadas de homosexuales. No entró ese capítulo. Parece que es fácil decir que Monzón era un femicida pero no que era un boxeador al que le gustaban esas cosas«.

Los autores también aclararon que durante investigación previa «indagamos mucho y a la vez estábamos empapados de lo que había pasado en su momento. Pero lo primero que sucedió con la serie es que todos los actores que participaron de la investigación de Monzón fueron encontrando lo que Monzón en realidad era«.

El director Jesús Braceras también habló sobre el backstage del policial basado libremente en el libro de Marilé Staiolo Monzón, secreto de sumario. «En cuanto al rodaje, fueron cinco meses y medio de grabación con más de 100 decorados y viajes a varias ciudades para retratar desde su infancia en Santa Fe hasta sus años en Buenos Aires y sus peleas en Europa. La serie muestra lo que fue Monzón en dos etapas muy marcadas que conviven en él: la del boxeo y la posterior al retiro, que se centra en la investigación policial. Sin caer en el lugar fácil de acusador, lo que buscamos en la serie es mostrar: ¿cómo y por qué una persona que se cría en el barro y llega a la cima del mundo asesina a una mujer? ¿Nace así? ¿Se va haciendo? ¿Las circunstancias como el alcohol son detonantes para que suceda?«.

La otra gran protagonista en este lío no se aguantó más y disparó con munición gruesa. Susana Giménez cargó contra el grupo de guionistas por la forma de mostrar a Monzón y su relación con él en la serie, negando que la haya golpeado en Montecarlo, como mostró uno de los capítulos.

En el noveno capítulo estrenado hace unos días, se vieron escenas en las que el boxeador le decía (al personaje que interpreta Celeste Cid) “tarada” y luego, se mostraban los moretones en el cuerpo y la boca lastimada.

«Jamás hubo golpes en Montecarlo. Eso es mentira, te lo juro«, dijo enojada Susana a Clarín. Y contó por primera vez, y con lujo de detalles, cómo fue la noche en la que le pegó en medio de una escena de celos, en un hotel de Nápoles.

«No me lo olvido más. Se dijeron muchas pelotudeces al respecto, como que me pegaba seguido, así que dejémoslo claro. Jamás le tuve miedo. Sólo una vez, y por un tema de celos en el exterior. Me golpeó en Nápoles porque estaba celoso del actor que coprotagonizaba la película que estábamos filmando. Cuando vio que él salía de mi motorhome se enloqueció. Ahí fue cuando sentí por primera vez que Carlos podía ser un hombre peligroso. Pero no me pegaba, yo le pegaba a él. Estoy harta de que quieran buscar sangre y que no respeten lo que digo».

En la escena que se recreó para la ficción, muestra el momento posterior a un diálogo entre Susana (Celeste Cid) y Monzón (Mauricio Paniagua) que habría terminado muy mal. El plano muestra al boxeador tirado en la cama y ella haciéndole masajes. Su manager Tito Lectoure (Mariano Chiessa) golpea la puerta de la habitación en plena madrugada.

Los dos hombres hablan en el pasillo, luego se lo ve a Monzón tomar whisky, ella lo abraza desde atrás y pregunta: «¿Qué quería Tito?». Él: «Nada, pasó a saludar». Ella: «Qué hinchapelotas». Él: «¿Qué dijiste, tarada?».

Pero Susana lo niega: «Carlos jamás me dijo tarada. Nada de eso ocurrió. En Montecarlo hemos discutido, sí, pero por pavadas. Creo que fue por algo del pasaporte, no me acuerdo«, comparte Susana.

Y sigue: «Y eso de que Lectoure tocó la puerta de la habitación a las 4 de la matina tampoco fue cierto. Era un caballero, Tito. Un tipo que hablaba muy poquito, muy ubicado. Qué bronca me da cuando se inventan cosas. Aparte, si yo confieso que una vez me pegó… No es que lo oculto. Pero, viejo, parece que hubiera una necesidad de hacer cierto ese rumor de Montecarlo«.

Unos años antes de Monzón La Serie, Susana en otra entrevista no dejaba dudas sobre la pasión y los motivos del final abrupto que rodeó a la historia entre los dos.

«Fue una gran pasión, un gran amor. Una locura. Yo era vedette. Él se llevó enseguida bien con mis amigos. Le enseñé a jugar al rummy, al póker… Hacíamos mesas en casa. Era un tipo bárbaro. Le gustaba ver televisión. Era un tipo normal. Pero muy, muy celoso. Sí, eso era un problema. Yo trataba de no mirar nunca nada, iba por la calle así porque si no… A él no le gustaba«.

También dejó en claro que venían de cunas muy diferentes. «Traté de ayudarlo… Él nació muy pobre, en un hogar muy pobre. Creo que fue hasta tercer grado y después tuvo que trabajar y no pudo seguir estudiando. Tuvo que hacer de todo. Creo que limpiaba zapatos, vendió diarios cuando era muy chico. Y después entró en el boxeo, pero ya era adolescente«.

La filmación de La Mary en la Isla Maciel, la película donde finalmente se conocieron en 1974, es otro de los puntos que tocó la Su. «Filmábamos mucho de noche y recuerdo que nos moríamos de frío. Una vez nos invitaron de una casilla a entrar y a tomar un té caliente con grapa. Fuimos con Carlos. Eran muy humildes, y me acuerdo que no tenían muebles, eran todas camas. Nos sentamos en una de ellas y nos quedamos con la gente hasta que entramos en calor».

Fue en ese momento cuando comienza a sentir atracción por Monzón. «Me di cuenta cuando jugábamos al truco con los obreros, con los camarógrafos y los iluminadores. Nosotros siempre jugábamos en pareja y nos reíamos y nos divertíamos. Ahí empezó a existir una cosita rara, como de cierta complicidad y seducción. Apenas teníamos un tiempo libre para jugar a las cartas todos juntos, Carlos decía: “Sí, pero yo juego con la Su…”. Después, frente a las escenas donde él me acaricia y me besa, no se me ve muy tímida… La verdad que Carlos besaba muy bien. Era una cosa fabulosa. Y a medida que avanzaba la filmación, me iba gustando cada vez más. Pero no fue su físico y su porte fabuloso lo que me atrajo en una primera instancia. Fue su carisma, su desfachatez. Nosotros éramos como el agua y el aceite. Teníamos y veníamos de mundos diferentes, pero como hombre, era una bestia de buen mozo. Era una cosa increíble. Tenía el lomo de una pantera y una cara de príncipe indio que te volvía loca. Y esos ojos, y esa boca maravillosa. Monzón como hombre era un tipo divino. Las minas se morían por Carlos. Y no sólo acá, sino que en toda Europa».

«Carlos también era muy romántico. En mí encontró a una mujer diferente. Una manera distinta de vivir. Yo trataba de ayudarlo en todo lo que podía y estaba a mi alcance. Le puse una profesora de dicción para que no se comiera las “eses”. El transitaba por un universo que ni él se daba cuenta. Lo buscaban Alain Delón, Jean Paul Belmondo, Yul Bryner y toda Europa estaba a sus pies. Las casas más exclusivas de Paris e Italia querían vestirlo, ganó en Biarritz el premio al hombre mejor vestido, y le regalaban de todo. Salía de las tiendas con veinte valijas. Le cerraban los locales, la prensa mundial lo requería, era tapa de todas las revistas y portadas de los diarios. Pero Carlos siempre era Carlos. Una vez que finalizaba la pelea en Montecarlo, lo único que quería era volver a Santa Fé».

Además de La Mary, Susana filmó dos películas con Monzón en Italia. Y lo acompañó en el mundo del boxeo hasta que lo convenció de colgar los guantes. Después, comenzó lo peor.

«Si había alcohol de por medio, sí le salía la furia. Carlos era amoroso sin tomar alcohol. El cambiaba si tomaba alcohol. Era alcohólico, nada más. Ni nada menos. Empezamos a llevarnos mal. El empezó a jugar mucho a las cartas, a tomar con los amigos… Y yo veía que estaba cambiando, que ya no era el mismo. Y dije: ‘No, hay que terminarlo acá’. El no lo tomó muy bien, pero lo tuvo que aceptar. Era muy controlador y posesivo. Muy, lo de él era sólo de él y no lo compartía. Era territorial. Cuando decidí separarme de él le dije que no quería verlo más, y se terminó. No hubo vuelta atrás. Le dije que no era feliz. Nosotros no vivíamos juntos. El venía a mi casa pero no dejaba su ropa en el placard. Era como una pareja itinerante. El había cambiado mucho. Había dejado el boxeo, no hacía nada durante el día y chupaba mucho. Fue un período que se puso pesado y no me lo banqué. El único problema que Carlos tuvo en su vida fue el alcohol».

Por último, esta semana se sumaron más voces autorizadas en contra del camino elegido por la serie. Esta vez fueron los familiares.

Silvia Monzón, una de las hijas de Carlos y Mercedes Beatriz García (Pelusa), habló en una nota para la revista Caras. «La miro pero no me gusta que muestren a mi papá siempre tomando del pico de una botella, porque él no era así. Yo confié al firmar los papeles autorizando que la hicieran pero no vi los libretos. Creo que hay muchas cosas lindas también de su vida para contar y no lo hicieron. Mi papá ayudó un montón a la gente porque era muy generoso y eso no se ve».

Y recordó una anécdota que no aparece en la serie. «Carlos siempre fue muy generoso y cuando venía (a Santa Fe) le regalaba hasta autos a la gente. Daba todo lo que tenía para que nadie sufriera lo que él había padecido«.

Otro de sus hijos, el mayor, dijo en Infama, se quejó porque su personaje no aparece en la serie. Carlos Alberto Monzón, hijo del boxeador y Zulema Encarnación Torres.

«Estuve más de 2 horas y media (con los creadores de la serie) contando cosas de la vida de mi familia, de mi papá, de mi mamá. Les conté todo. Me dijeron que iban a hacer algo de toda la familia y de mi papá. Me llamaron para que venga a ver la serie acá (por Buenos Aires) y yo no estaba. Entonces hablé con Maxi, uno de los de Pampa Films (productora de la serie), y me dijo ‘¿Y qué te pareció?’. Le dije: ‘Aparentemente va todo bien pero falta una parte’. ‘No, lo que pasa es que tuvimos que recortar porque otras cosas no entraban’, me contestó«.

«Yo soy el mayor de todos. A mi mamá nunca la tocó, él todavía no era boxeador… yo viví cuatro años con él en Buenos Aires y no estaba cuidado por su entorno. No era todos los días (que tomaba alcohol) eran los fines de semana cuando salía, pero cuando se ponía a entrenar entrenaba», aseguró y apuntó contra su media hermana Silvia, a quien acusó de quedarse con las pertenencias de su papá».

«Quisiera saber quién sacó la parte mía de la miniserie… no sé si fue Silvia, lo dejo a criterio de la gente. Todas esas cosas (relojes y joyas) las agarró mi hermana. Las agarró todas del departamento. Nunca le reclamé nada y la última vez que la vi fue cuando firmamos nuestros derechos adelante del escribano hace un año y pico atrás«.