Por Gonzalo Criado

Sin dudas Nevermind es una obra de arte, de esas que logran condensar todo el espíritu de una época, eso que los alemanes llaman Zeitgeist.

Apenas comenzando los 90s, Nirvana logra plasmar en un disco todas las contradicciones de una época que tenía olor a espíritu adolescente. Desde las melodías, las letras y hasta en el arte de la portada no deja de sorprender la lucidez con la que se expresa una era del consumismo y el entretenimiento en la que por lo bajo subyace una sociedad conservadora, hipócrita y deshumanizada.

Kurt Donald Cobain creció en un pueblito de 15 mil habitantes al noroeste de Washington, en Aberdeen. Un pueblo cuya principal actividad económica había sido casi totalmente destruida durante La Gran Depresión entre los 70s y los 80s. De los 37 aserraderos que eran la fuente principal de trabajo de la zona solo 9 habían quedado en pie. Con una población que tenía menos de un 1 por ciento de afroamericanos Aberdeen expresaba a la perfección los valores de la American Beauty.

Kurt vivió en carne propia el bullying por tener un amigo homosexual y no ser afecto a los deportes, además de tener talento y gusto por el arte, lo cual lo convertía prácticamente también en homosexual. En uno de los tantos hogares machistas y con armas siempre al alcance de la mano el pequeño Kurt encontraba en el arte, sobre todo en la música, una vía de escape a toda esa Fecal Matter a la que él no quería pertenecer o con la cual no tenía intenciones de cooperar.

La biografía del artista ayuda en este caso a comprender en toda su dimensión la obra cuyos efectos imprevistos tuvieron una incidencia determinante en el desenlace fatal de nuestro héroe.

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Sabemos con el psicoanálisis que el arte puede ser una manera de sublimar esas pulsiones que no son socialmente toleradas o que atentan contra la propia vida. Por ejemplo, cuando Goethe escribió El Joven Werther se dice que le sirvió para superar un conflicto amoroso que de otra manera lo hubiese conducido al suicidio.

Kurt Cobain liberaba a través de Nirvana la rabia contra una cultura que le había dejado marcas desde la infancia. La banda que se erigía como un fenómeno contracultural no eludía temas como el aborto, el incesto y los traumas de la infancia pero Nevermind supo condensar los tópicos y las melodías que además llevarían a convertir al álbum y a la banda en aquello que era el origen mismo de la pulsión que sublimaban.

Nevermind, en castellano “no importa”, iba a llamarse sheep en alusión al comportamiento de rebaño que según ellos ocasionaría el disco en sus fans.

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El olor a espíritu adolescente, una alusión a las armas y a la superficialidad aparecen en el primero de los temas, Smells Like Teen Spirit,  con una melodía que lo convertiría en hit y puerta de entrada a las grandes corporaciones del entretenimiento y la fama internacional.

En Come As You Are se hacen explícitas las contradicciones de una sociedad que te quiere como sos pero como ella quiere que seas, que te invita a pertenecer diciendo que es tu elección pero te apura para que no llegues tarde, te quiere como un amigo, es decir, como un viejo enemigo. Y otra vez la fijación por las armas con un “pero te juro que no tengo un arma”. Hoy en Aberdeen hay un cartel en la entrada, de bienvenida, que dice: come as you are. No entendieron nada. No importa.

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A la mitad del disco la banda deja su meada territorial, como diciendo aquí estamos, esto somos. Territorial Pissings reza que para un extranjero las culturas no son meras opiniones y repite incansablemente y grita hasta destruir la garganta en un juego de palabras intraducible al castellano que va buscar otro camino, otra manera de encontrar otro camino mejor, otra vía. A esto se suma otra frase: que seas paranoico no implica que no estén detrás tuyo.

Al final del disco, como un descanso, con una melodía lenta, agradable y sin explosiones, casi como expresión melancólica, Something in the Way alude a los orígenes de la banda, a la época en la que vivían en Aberdeen debajo de un puente sin un mango. “Los animales que capturo se convierten en mis mascotas, pero está bien comer peces porque ellos no tienen sentimientos”.

Un bebé nadando, un dólar de carnada, todo estaba explícito desde la portada, sin embargo no había manera de escapar a la lógica del mercado que saca provecho hasta de sus enemigos. La paradoja del fenómeno contracultural que se vuelve exitoso y adorado por sus verdugos encontraba en Nevermind la expresión más acabada y más sublime.

Goethe pudo safar porque su obra fue comprendida y su pulsión liberada, aunque curiosamente desató una ola de suicidios entre sus lectores. En el caso de Kurt Cobain no pasó lo mismo, lo que tuviera para expresar o decir realmente no importaba, tal como lo anunciaba el disco desde su título.

La obra de arte como un arma que apunta contra la cultura es un arma que el artista dispara sobre sí mismo.

 

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