La bartender del bar del aeropuerto me pregunta porqué me gusta tanto Nueva York. Ella dice que está cansada de la ciudad y que le encantaría vivir en Londres. Yo pienso si la ley de que the grass is always greener on the other sideaplica a este caso. De su lado puede ser (ahre que saco conjeturas sin saber). Del mío, no. Honestamente pienso que Nueva York es mucho mejor que Londres. 

Un fin de semana en esta ciudad me basta para que se me arme un quilombo de sensaciones en la cabeza, en el alma y en el corazón. Desde ir a un recital de punk y encontrarme con que soy el hombre más viejo en el público, que todo el resto de la gente son adoles de entre 14 y 17 años, y darme cuenta de que me convertí en el tío borracho metalero que nunca pensé que iba a ser, con un chaleco de jean con parches de bandas con nombres ilegibles que ninguno de los adoles conoce, con una campera de cuero con un par de agujeros y algunas anécdotas de haber visto bandas que ya no existen, con una pulsera de mayor de edaden el brazo derecho que me puso el patova después de pedirme el documento, con una cerveza en la mano izquierda, y sentirme incomodo y triste por estar por cambiar de década y pasar a tener treinta y blah, a sentirme en el lugar correcto en el momento del mundo correcto con la edad correcta y el corte de pelo correcto, todo en cuestión de 48hrs. Sentir todo eso y mucho más es posible, y se lo explico a la bartender, como puedo, con las palabras que se me resbalan porque el piso del vocabulario está resbaloso por los charcos del alcohol. Trato de explicarle con la mayor cantidad de detalles posibles por qué creo que Nueva York es una ciudad tan mágica y por qué creo que en vez de llamarla la gran manzanaa Manhattan habría que llamarla la gran magicanzana, pero ella no dice nada. Y yo creyendo que con este discurso de turismo-aventura puedo venderle un cuadro de arte contemporáneo a un ciego. Mi vuelo está atrasado y voy a estar clavado en el aeropuerto por 4hrs más. Me alcoholizo con cervezas industriales que seguramente tienen extracto de pescado y pienso en todas esas sensaciones que hace no tanto fueron presente pero ya son pasado y eso hace que me deprima y me pida otra cerveza e intente explicarle a una bartender latina que me habla en inglés en vez de en español porqué creo que Nueva York es el lugar correcto para vivir cuando tenés entre veintitantos y treintitantos. Intento por primera vez hacer contacto visual con ella, porque hasta entonces hablaba sin mirarla, hablaba con la mirada en la cerveza, mirándola sin enfocar, y cuando me esfuerzo para hacer contacto visual me doy cuenta de que está hablando con el tipo que tengo a mi derecha acerca del partido de NBA que la tv del bar está proyectando. Como no tengo nadie a quien contarle sobre mi fin de semana en NYC, te la cuento a vos. Ya me está pegando el jet lag y todavía ni viajé. Que dolor de cabeza perro.  

Nueva York es una ciudad intensa, rica culturalmente, rica en belleza, rica en dólares gringos, pero al mismo tiempo es sucia, punk, descuidada. Londres es el hermano mayor de 31 que estudió arquitectura o administración de empresas, que tiene un re laburo, ya se pagó la hipoteca de una casa y se compró una lancha en tres cuotas, y su mujer está esperando su segundo hijo. Londres tiene modales, los fines de semana se va a su casa de campo a pasarlo en familia, le gusta planificar con anticipación. Nueva York es todo lo contrario, es el hermano de 14 que se ratea del colegio y se va a fumar porro con los pibes más grandes que paran en alguna vía de tren poco transitada, toman cerveza del pico, fuman cigarrillo hasta toser y, si encuentran un perro, lo torturan hasta matarlo.

En serio venís a nueva york la semana que viene? Cuando llegas?, me preguntó Jack por Whatsapp. 

El jueves. Pero ni se te ocurra hacer ningún plan porque voy a llegar de noche y cansado y el viernes tengo que levantarme temprano para laburar. Le tuve que aclarar esto porque sé que, sino, me espera con un pollo en el horno, dos six pack de alguna lager barata y una buena cantidad de porro y una lista de bares para visitar. 

Jack me tiró el leído pero no me respondió nada. 

Diez minutos después me llegó una confirmación de tickets para el viernes para ir a un recital de una banda que se llama SWMRS. El mail estaba reenviado desde el mail de Jack. 

Después de un día lleno de citas con clientes en pisos 38 en el fashion district, en pleno Manhattan, me tomé el tren de vuelta para Bushwick, barrio en donde me estaba hospedando, y dejé mis valijas en el cuarto, me di una ducha rápida, me vestí con mi ropa de metalero que tiene un olor crónico e irreversible a resaca, y fui para Brooklyn Steel, el venue donde iba a tocar SWMRS.

Llegué antes que Jack. Me apoyé contra una pared y me prendí un pucho. Todavía era temprano. La gente estaba recién empezando a llegar. Noté que toda la gente que empezaba a hacer la cola se veía menor de edad, y con esto me refiero que la mayoría tenía 16 y hasta algunos podían tener 14 tranquilamente. Muchos entraban acompañados por sus padres, y esto me shockeó, no porque los pendejos que venían a ver la banda fueran tanto más chicos que yo, sino porque ya me estoy empezando a parecer más a los padres que a los hijos. Dónde mierda estoy?, dije en voz baja, con un tono de voz neutro. Era consciente de que no sabía dónde estaba ni qué estaba haciendo en ese lugar. Así se habrá sentido ir con casi 30 años a un recital de Sum 41, Blink 182, Korn, Mambrú, Barney el dinosaurio? 

Es probable que esté en el lugar equivocado, pensé.

Jack me tomó por sorpresa, me dio tal abrazo que terminamos en el piso. Su novia nos miró con una mirada pasiva-agresiva. 

Vos nunca te pones tan contento cuando me ves a mí”, dijo ella, con un tono de voz desafiante. 

Jack no se rió.

Es por que esto es amor verdadero, le dije y la saludé con un beso en el cachete. 

Jack no se rió. 

Me sentí medio un boludo por haber hecho ese comentario. Me arrepentí.

El patova de la puerta me pidió DNI. No se supone que esto es un show matinée?, pensé. 

No se supone que esto es un show matinée?, dije en voz baja. 

Es para poder comprar alcohol, dijo el patova sin mirarme, y me puso una cinta. 

Entramos en el Brooklyn Steel y fuimos a la mesa del merchandising. Nos compramos una remera del single Vatos Tristes de Beach Goons, una banda que ninguno de los tres conocíamos y que aparentemente tocaba de soporte. Elegimos esa porque fue el diseño de remera que más nos gustó. Jack y yo nos compramos la misma remera.

Pagué la remera y la guardé en mi tote bag. Fui consciente de que nunca la iba a usar. Me reí en voz baja. 

Pasamos por un pasillo y entramos en la sala principal en donde iban a tocar las bandas.

Somos los únicos con cinta para poder tomar alcohol, dije sin buscar respuesta. 

Caminamos en modo automático hacia la barra y pedimos tres cervezas. Alguien las pagó. Eso significó que nos íbamos a tomar, como mínimo, tres rondas de cervezas. 

Empezó el ruido. Las primeras dos bandas soporte. Dios mío. DIOS MÍO, CUÁNTOS AÑOS TIENEN ESOS VATOS? 15??? No podía creer lo que estaba experimentando: pendejos de 15 años tocando en un escenario bastante grande con un sonido bastante bueno para más de mil personas que le coreaban todas las canciones. No entendí nada de lo que estaba pasando. No procesé. Algún random me dijo que buen chaleco, y me levantó el pulgar de ok. 

Me encanta este, de qué banda es?, y señaló uno que tengo en la espalda.

Cual? El de Darkthrone o el de Paradise Lost?

Este de la calavera, dijo y lo tocó. Sentí su dedo haciendo presión contra mi espalda.  

Ahh, el de Danzig. Sabes quién es?

El pibe hizo con la cabeza una seña de que no, de que no sabía quien era.

Misfits te suena?

El pibe se rió con nervios, como si le hubiera una pregunta especifica y difícil sobre astronomía y que responderla bien significaría ser el rey de la clase, y responderla mal significaría ser el hazme reír por el resto del año. Dijo que sí con tanta inseguridad que me dio pena. La banda empezó a tocar una canción y el pibe se emocionó y la empezó a cantar y salió corriendo para acercarse lo más posible al escenario. 

Cómo puede ser que te sepas la letra de esa canción y que ni siquiera te suene el nombre Misftis?, dije en voz baja. 

Te convertiste en un viejo choto y de mierda, me dije en voz baja. 

No, pero en serio, cómo puede ser que aprenda a cantar esta canción antes de aprender a cantar Last Caress?, me digo.
No tenés excusa, boludo. Sos un hater, aceptalo.

Mi conversación interior en voz alta me causaba más nauseas que la banda que estaba sonando. La cantante no paraba de decir lo feliz que era de estar tocando en NYC en ese escenario y con SWMRS, una de sus bandas favoritas. 

Vos, en su misma circunstancia y a los 17, hubieses estado igual de feliz, o más. Pero nunca lo lograste porque eras un pendejo perdedor. Y ahora sos un viejo choto y de mierda.

Me terminé de un trago lo poco de cerveza que me quedaba. Dije en voz baja que esta ronda la compraba yo, pero ninguno me respondió. Mi voz fue muy baja y la voz de la cantante muy alta. 

SWMRS. Qué banda rara. No terminé de entender si me gusta o no. Son una boy band muy extraña. Un cantante que actúa como un espástico epiléptico al mejor estilo Ian Curtis, que grita y se mueve como el cantante de The Hives, rodeado de chicos lindos, peinados, bronceados, bien vestidos, con un look bien de que acaban de salir de la prepa, y que toman agua mineral de botella de cartón. ¿Toman agua porque son menores de edad o por que se cuidan y son sanos? ¿porqué toman agua, chicos? El cantante decía cosas como muchas gracias New York, los amamoscada dos por tres, y por favor, démosle un aplauso no a nosotros, no al presidente, démosle un aplauso a sus madres, que sin ellas ustedes hoy no estarían acá”, y todo el publico aplaudió y gritó contento. También a cada rato frenaba el show y preguntaba “¿quién perdió un celular? ¿Quién perdió un buzo? ¿Quién perdió esto y lo otro?Y mostraba objetos perdidos que le llegaban desde el público y los devolvía a su dueño original. Guió al público para que hiciera un mosh pit y tal, los separó e hizo que se choquen, pero pidió por favor que lo hicieran con cuidado así nadie salía lastimado. 

Yo no entendía lo que estaba pasando. ¿No se supone que un show de punk tiene que ser violencia y sudor y descontrol? Whatever happened to the blood and danger. Creí que eso lo pensé, pero al parecer lo dije en voz alta y Jack me respondió “Es que esto no es un show de punk. 

“¿Y entonces qué es?

Es un show de teen punk.

Ahre, dije en voz baja. 

Sos un viejo hater. Ademas, ¿qué te haces?, si no te bancas ni medio pogo, dijo mi voz interior. 

Alguien más perdió el celular. Otro perdió una zapatilla. El cantante de SWMRS frenó la canción a la mitad y se aseguró de que el objeto regrese a su dueño original. Cuando retomaron la canción no solo él, sino toda la gente presente (a excepción de nosotros tres y los papas chaperones) volvieron a cantar el estribillo. 

La banda tocó la última canción, el cantante agradeció una vez más a todos por venir a verlos y tratarlos tan bien, y las luces se prendieron. 

Estoyconfundido. Me quiero ir a casa.

El sábado me desperté con dolor de cabeza de resaca. El dolor de cabeza me confundió por que la noche anterior no tomé tanto como para sentirme así de mal. Ni idea, man. 

Jack me llamó por teléfono y me preguntó en qué andaba. Le dije que lo llamaba en cinco y entré en Instagram. Todavía no me encontraba en condiciones de hablar. Entre el zapping del scroll down me encontré con que era el día del Record Store Day y que en el Rough Trade de Williamsburg iban a haber bandas desde la 1 del mediodía. Entré en la página de Rough Trade y revisé los eventos. Ninguna de las guitarras de las bandas que tocaban tenía distorsión y eso me la bajó zarpado, me la re secó. Que ninguna de las guitarras de las bandas que tocan tengan distorsión me la re seca, dije en voz baja. Pero vi que a las 4:30pm Wayne Coyne iba a estar autografiando el nuevo disco de Flaming Lips. Eso sí me la re sube, dije en voz alta. Puse el celular a cargar. Caminé hacia el baño, me crucé con el dueño del Airbnb, no nos saludamos, me metí en el baño, me eché un meo, me lavé los dientes y volví al cuarto. Lo llamé a Jack. Le conté lo del Record Store Day y le pregunté si me quería acompañar al Rough Trade de Williamsburg. 

‘¿Primero vamos a jugar unos pinballs?, me dijo.

Miré la hora. Eran las 11 de la mañana. 

Caminé hasta la línea L del subte mientras chupaba un iced latte con oat milk y miel. Chupé rápido, no me di cuenta de mis acciones motrices, y en menos de una cuadra me tomé un vaso grande de café. Bajé a la estación y esperé a que viniera el tren. Había pocas personas en el anden esperando. Había un pibe negro escuchando música con los auriculares y haciendo air drumming. Desde donde estaba podía escuchar el murmullo de su música. Y eso que no estaba para nada cerca. Se notaba que tenía el volumen re fuerte. Llegó el tren y me subí. El vagón tenía el aire acondicionado prendido. Ok. Agarré el celular y entré en la página de Rough Trade y me fijé la lista de vinilos edición especial del Record Store Day. Hicieron una tirada super limitada del soundtrack de la película de The Crow. OMG BRUH LIKE FOR REAL FAM. El corazón me empezó a latir rápido, sentía cómo la ansiedad corría por mi sangre y subía hasta mi cerebro. Al principio pensaba que era porque estaba hyped de que me iba a comprar el vinilo del soundtrack de The Crow, pero al toque me di cuenta que esta ansiedad no era de felicidad, esta ansiedad estaba siendo causada por la ingesta rápida y desmedida de cafeína. Ese fondo blanco que hice de café me estaba pegando mal. Me empezó a faltar el aire. Se me vinieron a la mente pensamientos suicidas. El negro que estaba escuchando música a un volumen re fuerte hizo contacto visual conmigo y atinó a preguntarme si estaba bien pero no lo hizo. Tenía ganas de saltar del tren. Cerré los ojos y traté de controlar mi respiración. Inintencionalmente me arranqué los pellejos de  los dedos de las dos manos. Aunque tenía los ojos cerrados y no veía nada más que la nada infinita estaba seguro de que me sangraban los pellejos. Escuché a la voz del tren que anunció que la próxima estación era la mía. Me paré en la puerta y cuando se abrió salí corriendo del vagón. Volvieron mis pensamientos suicidas. No miré al tren para no tentarme. Subí corriendo las escaleras de la estación y salí a la calle. El aire del mediodía soleado me pegó bien. Me relajó.

Caminé dos cuadras en dirección west hasta llegar al museo del pinball. Jack me estaba esperando en la puerta. Cuando hicimos contacto visual sonreímos y nos saludamos con un abrazo y entramos exitados, como dos chicos que tienen una billetera sin fondo y que entran en una juguetería que tiene muñecos importados. El tipo de la caja nos preguntó si queríamos pagar para jugar una hora, dos horas o ilimitado. 

Una hora?, le pregunté a Jack.

Ilimitado, le dijo Jack al cajero. 

El museo del pinball es un negocio que tiene al menos veinte máquinas de pinball. Pagas un arancel y podes jugar ilimitado. Es el sueño de todo aficionado al pinball. Y lo mejor de todo es que tiene todo tipo de pinballs: modernos, no tan modernos y viejos. Mis favoritos son el de Addams Family, el de The Munsters, el nuevo de Kiss, el de Iron Maiden, y el de Game of Thrones. Los juego todos: juego también al de Terminator 2, al de Star Wars, al de Revenge From Mars, al de Elvira and The Party Monsters. El de Elvira and The Party Monsters también entra en la lista de mis favoritos, creo. Mi adicción al pinball la descubrí medio de grande, sin querer queriendo, un día en un bar un borracho random se me puso a hablar sobre los pinballs, su historia, su evolución, me habló con tanto fanatismo que me dio intriga, me explicó como jugarlos, me dijo que se puede ganar, me dijo que a la vuelta del bar en donde estábamos había un bar con dos pinballs y fuimos a jugarlos. Estaba el pinball del mundial del 94de USA y el de Twilight Zone. Me enseñó cómo jugarlos. Al principio, la típica: metía una moneda, dos tres pegada a la pelota y perdía. El borracho me hizo cerrar los ojos, me hizo concentrarme, me hizo tocar el pinball, tocar los botones, me hizo sentir el pinball y conectarme con los movimientos de la pelota. Ese día gané por primera vez un pinball. Desde ese día mi vida cambió para siempre. La última vez que estuve en NYC, con sutileza y discreción, lo llevé a Jack a un bar que habían pinballs, y después de un par de copas y shots lo acerqué educadamente al de The Walking Dead, le dije que me banque una jugada, él se paró a mi lado y me miró jugar, y yo lo hice todo bien, el pinball empezó a disparar colores, a vibrar, los muñecos se movían, las pelotas no paraban de entrar por agujeros y salir a toda velocidad, el marcador de puntos no paraba de subir, hasta que me quedé sin pelotas y apareció la palabra CONGRATULATIONS, y después FREE REPLAY, que significa que lo ganaste y que te regala un juego. Jack estaba hipnotizado, y babeaba inconscientemente. Me hice a un lado y le dije que juegue mi replay, y lo hizo. Y perdió y metió una moneda y siguió jugando, y perdió y metió otra moneda y siguió jugando, y así fue. 

Y ahí estábamos los dos en el museo del pinball del Lower Manhattan, concentrados, hipnotizados, idos en el juego, sumergidos en un mundo paralelo, con nuestra mente viviendo en el presente más puro y absoluto posible, con la consciencia iluminada, navegando en un estado zen que no se consigue ni haciendo meditación trascendental ni sexo tántrico ni ninguna de esas giladas de libro de autoayuda, una conexión divina con el alma y el cosmos que sólo se experimenta, un lugar al que sólo se llega cuando uno juega al pinball. 

La cola para entrar a Rough Trade era larga. Un tipo de seguridad nos dijo que desde donde estábamos habían más o menos treinta minutos de espera. Me prendí un pucho y largué humos. El tipo de seguridad andaba con una lista con todos los vinilos edición especial del Record Store Day. Tenía anotados cuáles estaban sold out. Cuando pasó por mí lado lo frené.

Siguen teniendo el de The Crow?, le pregunté. Las palabras me salieron un poco balbuceadas, mi aliento tenía olor a alcohol. 

Cual?, dijo el tipo de seguridad. 

El soundtrack de The Crow, lo siguen teniendo?, repetí, con toda la paja del mundo. 

El tipo se fijó en la lista y me dijo que estaba sold out. Le pregunté si estaba seguro. No me respondió. Alguien le preguntó si el single del cover de Led Zeppelin de Stairway to Heaven por Mastodon en honor al reciente fallecimiento de un roadie seguía disponible. El tipo de la cola dijo todas esas palabras. Formuló la pregunta de la siguiente manera: disculpá, sigue disponible el single del cover de Led Zeppelin de Stairway to Heaven por Mastodon en honor al reciente fallecimiento de un roadie?. El tipo de seguridad no se rió, revisó la lista y sin ninguna expresión facial dijo que estaba sold out. Yo soy consciente de que me reí intencionalmente. 

Estos coleccionistas y revendedores vienen a hacer la cola a las seis de la mañana para ser los primeros en entrar y se compran todo para revender en Ebay, dijo el tipo que pidió el single de Mastodon. Lo dijo en voz alta pero sin referirse a nadie en particular, lo dijo más como una queja en voz alta que como una linea para iniciar conversación con alguien. Nadie le respondió. El tipo se corrió de la cola y empezó a caminar. 

Vamonos a la mierda, le dije a Jack. 

Y qué onda con el cantante de Flaming Lips, no lo querías conocer?

Ya fue, a quién le importa, le digo. 

Jack me preguntó si quería fumar un porro. Por qué no?, pensé. No respondí verbalmente pero sí con una expresión facial. Nos salimos de la cola y empezamos a caminar sin destino, esquivábamos a los turistas que caminaban por las calles principales de Williamsburg.

Veinte minutos después estábamos re locos haciendo de nuevo la cola para entrar en el Rough Trade. Mientras esperábamos para entrar hablábamos de los Simpsons. Citábamos algunos diálogos históricos. Jack tenía los ojos rojos. Seguro que yo también tenía los ojos rojos. 

Seguro que tenés los ojos re rojos como Jack, me dije en voz alta sin querer.

Viste el capitulo en el que Bart muere?, le pregunté a Jack. 

Jack se puso pálido y me miró fijo, sin reírse. Repetí mi pregunta, con un tono de voz neutro e inexpresivo. Jack no dijo nada. 

Aparentemente hay un capitulo perdido o eliminado de la primer temporada en el que Bart muere. Se llama Dead Bart. Los Simpsons hacen un viaje en avión y en una de esas Bart está enojado, y rompe la ventana del avión y sale volando por los aires. El cuerpo de Bart explotado contra el piso es impresionante, super gráfico. Da miedo man. El capítulo es super gore. Es como si fuese un snuff de dibujitos, si es que existe tal cosa, ahre.

JAja, sos un pelotudo, te lo estás re inventando. A demás, si es que existe y fue eliminado o escondido, como es que vos sí lo viste?.

Me prendí un pucho. Fumaba despacio. El porro me había re pegado y sentía un poco de vértigo. La cola avanzaba despacio. Estaba seguro de que tenía los ojos super irritados.

Lo vi en la deep web, dije. Mis palabras sonaron con reverb. 

Jack llamó al silencio. Sentí como mi historia y el porro lo pusieron paranoico. 

Pero eso no lo peor. Al final del capitulo los Simpsons van al cementerio a ver la tumba de Bart, y si pausas la escena en el cementerio, podes leer que las lápidas tienen los nombres de todos los personas famosas que van a actuar en los Simpsons – van a actuar, porque acordate que este capítulo es de la primer temporada – y bajo el nombre de los famosos están las fechas en las que van a morir.

Jack intentó reírse para sacarle seriedad al asunto pero en cambio tosió. 

Las fechas de muerte de los famosos coinciden con su muerte real. Aparentemente ese capítulo predice la fecha exacta de la muerte de todas las personas famosas que van a actuar y en Los Simpsons.

Jack se puso pálido

Tu nombre está en una lápida del cementerio de Springfield. Ahre.

En Rough Trade había cola para todo: para comprar los vinilos edición limitada por el Record Store Day, para verlo a Wayne Coyne, para pagar lo que quieras comprar, para comprar una gaseosa, para mear. Ya hice cola para mear y para comprar una gaseosa y para comprarme el Soundtrack de I Know What You Did Last Summer, y mientras tomaba una Coca-Cola Light de a sorbitos hacía la cola para conocer a Wayne Coyne. Jack hablaba con un gordo que estaba adelante nuestro sobre una convención de salsas picantes que estaba pasando a unas cuadras de Rough Trade. Me quisieron incluir en la conversación pero no les di cabida y me escondí en Instagram. 

Es sorprendente como uno a veces puede paranoiquearse con los alogaritmos de las redes sociales, o con esa increíble diyuntiva de si el celular inteligente escucha o no nuestras charlas, y así nos filtran la información y de ahí nos aparecen publicidades y publicaciones sobre cosas que realmente nos pueden llegar a interesar. Hacía unos días que venía escuchando sin parar Type O Negative. Mientras hacía la cola para conocer a Wayne estaba explorando Instagram y noté que casi todas las fotos que me aprecían estaban relacionadas de una forma u otra con Type O Negative. Obvio que ahí estaba yo dandole like a todas las fotos en las que aparecía Peter Steele. Pero hubo una que me llamó la atención más que las otras, y era de una groupie abrazando a Peter, una foto muy casual, muy natural, ambos sonriendo a cámara. Se me ocurrió leer el epígrafe de la foto, y doy gracias al destino y al universo porque lo hice. La chica (hoy ya una señora), ponía que ese mismo día era el aniversario de la muerte de Peter Steele, y como todos los años, fans de todas partes del globo se juntaban en el bar Duffs a celebrar la muerte, y el legado, de Pete. Mi corazón empezó a latir y traté de calmarlo con sorbitos de Coca-Cola. Era como si el porro me estuviese subiendo de nuevo. Me pregunté cómo era posible que por pura casualidad me encontrara en NYC el día del Record Store Day y estuviera a punto de conocer a Wayne, y al mismo tiempo y en el mismo día, iba a ir a celebrar el aniversario de Pete junto con decenas de fans, nada más ni nada menos que en su templo. 

Llegó mi turno de conocer a Wayne. Y ahí estaba yo con mi sonrisota de oreja a oreja, medio drogado, con mi cuerpo liviano que parecía que caminaba levitando levemente a centímetros del piso. Wayne me hizo una seña con una mano y pasé. Lo saludé con la mano. Me preguntó de dónde era. Me contó que ellos tocaron en Argentina. Dijo que le gustó mucho Buenos Aires y que se divirtieron bastante. 

Me lo autografias?, le dije, mientras navegaba la marea de alcohol en la que se encontraba mi cerebro, y le pasé el vinilo del soundtrack de I Know What You Did Last Summer. Wayne se rió. Hizo un comentario sobre la película, no recuerdo bien que dijo, y me autografió el vinilo, hizo algunos garabatos con un sharpie negro, y me lo devolvió. El propósito de Wayne en Rough Trade era que estaba promocionando el nuevo disco de Flaming Lips. La gente se lo compraba y hacia la cola para que Wayne se lo autografiara. Yo le mentí, le dije que había intentado comprar una copia de su nuevo disco pero que estaba sold out, por eso le pedí que me autografiara el soundtrack. Obvio que ni pregunté por el nuevo disco de Flaming Lips. Ni idea, me chupa un huevo su nuevo disco, creo. 

Mientras encaraba para el subte, a paso rápido y ansioso, ciego, sordo y mudo de lo High on Life que me sentía, Jack insistía en que era muy temprano para caer y yo en que era muy tarde, que ya debía de estar lleno, y había leído en el posteo de Instagram que cuando se llenaba no dejaban entrar más a nadie, y me terminó haciendo caso porque, de cualquier manera, yo iba a ir en ese momento, con o sin él. 

Duffs más que un bar parece un museo de heavy metal. Hay guitarras y bajos y parches de batería y posters de tours autografiados colgados por todas las paredes. Hay fotos de músicos en Duffs enmarcadas y autografiadas. Que Tom Araya, que Danzig, que Phil Anselmo, que Corey Taylor. Pero ademas de estar repleto de ornamentos de muchas bandas, es casi un templo dedicado a Type O Negative. El dueño Jimmy Duff, un pseudo vikingo de casi dos metros de alto, de pelo largo largo, era gran amigo de Peter Steele. Tiene en display un bajo réplica de Peter Steele, hay banderas de Vinnieland colgadas por las paredes, una creepy Green light  apenas alumbra las calaveras que decoran la barra. 

Ahí adonde estás sentado se sentaba Peter a tomar vino rojo, me dijo Jimmy Duff, y en un acto rápido e impulsivo llamé a la barman y le dije que quería cambiar la PBR que le acababa de pedír por un vaso de vino tinto. 

Quiero la misma marca de vino que tomaba Peter Steele, le dije. 

La barman me miró confundida y se rió. 

Y yo que sé que vino tomaba Pete, me dijo. 

Da igual, dame un vaso del más barato. 

Habían dos pantallas proyectando en mute el documental After Dark en VHS, y de fondo sonaba, duh, Type O Negative. 

Hoy vamos a pasar absolutamente toda la discografía de Peter Steele, tanto los discos de Type O Negative como los de Carnivore, me contó Jimmy Duff. 

Le di un trago al vino rojo. Y me la creí, creí fehacientemente que era un vampiro y estaba tomando sangre. 

Vos que lo conociste a Peter, decís que era un vampiro o no?

Jimmy Duff se rió, agarró su cerveza y salió del bar. Jack me dijo algo. Yo me había olvidado de la existencia de Jack. Lo ignoré, agarré mi vaso de sangre y perseguí a Jimmy. Él tenía un cigarrillo en la boca. Me prendí un cigarrillo para estar a su altura (aunque me lleva como 40 centímetros LOL) y me paré a su lado. 

Como era Pete?

Preguntarle a Jimmy como era Pete es como preguntarle a Juan como era Jesus. Jimmy me ignoró educadamente con una sonrisa, me avergoncé de haber dicho eso, le di una seca al pucho, y por más que lo acababa de empezar lo tiré y volví a entrar en el bar. 

Eran las 7pm. El bar todavía estaba bastante vacío a excepción de un par de metaleros sentados en la barra tomando cerveza. Soy un exagerado. Me re apuré para llegar rápido por que pensé que no nos iban a dejar pasar por que Duffs iba a estar lleno y resulta que no había nadie. Fondeé lo que quedaba de vino y le dije a Jack de ir a fumar un poco de porro y salimos a dar una marivuelta. 

Cuando volvimos Jack entró derecho al Duffs. Yo me quedé afuera. La noche estaba linda. Miré el cielo y fui consciente de que había luna llena. 

Hasta la luna salió a saludarlo, me dijo una señora que estaba parada a mi lado y que también estaba mirando al cielo. 

Mhmh.

Esa remera de Type O Negative que tenés es de las viejas.

Cómo sabés?, le pregunté extrañado de que me diga eso. 

Yo se todo, o bueno, casi todo sobre Type O Negative.

Me quedé callado y esperé a que siguiera. 

Yo soy la hermana mayor de Pete.

Dejé de respirar por unos segundos. Mi cuerpo se me aflojó e inintencionalmente sonreí, se me cayeron unas lágrimas y se me escapó un pedito silencioso. 

Te puedo abrazar?, le dije. Fue lo primero que me salió decirle. 

Le di un abrazo bajo la luz de la luna llena. 

Conocerte a vos es tan fuerte como haber conocido a Pete, le susurré al oído. 

Pensé en todas las cosas que quería preguntarle, pero no la quería incomodar y tampoco quería quedar como un boludo como me pasó con Jimmy Duff. Pensé en tirarle la boca. Me pregunté cómo sería desnuda. 

Cómo era Pete?, le pregunté. La voz me tembló. 

Me contó que era dulce y bueno. Creció rodeado de muchas hermanas así que amaba a las mujeres, y las respetaba. Me contó que amaba a los animales y que trabajaba cuidando un parque de Brooklyn. Me contó que no le gustaba irse de tour, que prefería quedarse cuidando su parque, rodeado de naturaleza, lejos de los humanos. 

Una vez tocaron en un festival en Nueva York y Pete me subió al escenario, me sentó arriba del parlante de bajo, y ahí me quedé todo el show. Ver todo el amor que le transmitía el público es una imagen que me la guardo para siempre.

Poco a poco empezaba a llenarse de metaleros. Muchos saludaban a la hermana de Pete. Seguro la conocían de anteriores aniversarios. Yo me puse celoso. Veía como ella se me escapaba, se iba con otros. 

Mañana organizo un picnic en el parque en el que Pete trabajaba, en su honor. Cada uno lleva comida y bebida, y prendemos velas y sahumerios y escuchamos su música. Sería muy lindo que vengas, me dijo y vi como una marea de metaleros se la llevó de mi vista. 

Me olvidé de preguntarle el nombre del parque. Ya fue, se lo podía preguntar a Wikipedia, pensé, pero al toque dudé de mi capacidad de acordarme de hacerlo.

Eran las tres de la mañana y estaba sonando Black N1, la canción que todos estábamos esperando. Me abracé de dos canadienses que viajaron desde Montreal especialmente para rendir tributo a Pete. Empezamos a saltar. Cantábamos muy fuerte con la esperanza de que Pete, allá donde quiera que esté, nos escuchara aullar por él. A más de uno se le piantó un lagrimón. 

Duffs estaba repleto de metaleros. Ya habían cerrado las puertas. No entra nadie más, gritó uno de seguridad. Afuera había gente haciendo cola esperando a que saliera gente para poder entrar. 

El 99% de la gente tenía remeras de Type O Negative (incluyendome a mí). Jack era el único que tenía una remera blanca lisa. Jack no estaba cantando Black N1 con nosotros porque no conocía la canción, tampoco conocía ninguna otra canción de Type O Negative. Él estaba al costado de la barra hablando con una chica que parecía que la conocía de antes. La chica tampoco cantaba Black N1.

Cuando terminó Black N1 dí unas vueltas por el bar y me puse en la cola del baño. Adelante mío había una chica gótica que por como iba vestida y por su voluptuminoso cuerpo podía  tranquilamente haber sido una modelo de Suicide Girls. Me pidió que le sacara una foto y me dio su celular. Al toque la subió a su Instagram y me tageó en el posteo. Agarré mi celular  y entré a Instagram. Spider.Baby69 te ha etiquetado en una foto, me dijo Instagram. Le di like a la foto y le di follow a Spider.Baby69. Ella se metió en un baño y yo en el otro. Iba tan borracho que me costó controlar la puntería del meo y el chorro salió fuera de control, meé un poco la tabla y mi mano, meé un poco el piso también. Cuando terminé sacudí el ganso y lo guardé, y se vé que todavía me quedaba un poco de liquido porque sentí que unas gotas me chorrearon adentro del jean. Me reí. Me mojé las manos y me sequé con la remera de Type O Negative y salí. Justo al mismo tiempo salió Spider.Baby69. Hicimos contacto visual. 

Querés venir a fumar un porro con nosotros?, me dijo Spider.Baby69. 

No sé a quiénes más se refería. Encaró para la salida del bar y la seguí. 

Este es Monsieur Satan y ella es Vamperotica, su novia, me dijo y me presentó a un gótico que tenía el pelo por la cintura, medio canoso, y la barba como Lemmy. Llevaba anteojos de sol negros, muchos anillos y cadenas, una camisa con bolado tipo vampiro del 1800. Después me presentó a una gótica que tenía un corset bordó y unas tetas impresionantes que parecían que le estaban por estallar. 

“Él es…”, dijo Spider.Baby69 y me miró. 

Yves, dije medio tímido mientras los admiraba, y les di la mano a Monsieur Satan y Vamperótica. 

Yves me acaba de sacar una foto re linda, dijo Spider.Baby69. 

Su comentario me hizo sentir orgulloso. 

Vayamos a hacer un hot box a Funeralopolis, dijo Monsieur Satan, y empezó a caminar. 

Todos los seguímos. Spider.Baby69 llevaba una sonrisa de felicidad de esas que llevan los niños cuando están caminando en un parque de diversiones hacia su montaña rusa favorita.

Y más que una montaña rusa, nos metimos en el tren fantasma. Funeralopolis era un coche fúnebre de los años 60s, la pintura negra brillaba en la oscuridad de la noche. Monsieur Satan nos invitó a entrar. Él y Vamperotica se sentaron adelante y Spider.Baby69 y yo nos sentamos en los asientos de atrás. Del espejo retrovisor colgaban cabezas reducidas voodoo que parecían reales, cruces, y amuletos con simbología que desconocía totalmente. Atrás nuestro había un ataúd de madera negra que en la tapa tenía una cruz invertida.

Qué hay adentro del ataúd?, pregunté en voz alta. 

Monsieur Satan dijo unas palabras en un idioma que desconocía. Dijo una frase en un tono de voz neutro, inexpresivo, y Vamperotica y Spider.Baby69 las repitieron. Después de unos segundos de silencio prendió el estéreo y empezó a sonar Dry The Rain de The Beta Band. Vamperotica prendió un porro y le dió unas secas y lo giró. Me recosté en el asiento. Afuera empezó a llover. Fumé marihuana. Monsieur Satan empezó a tranzar con Vamperotica. Le pasé el porro a Spider.Baby69. Ella le dio una seca y aguantó el humo, hicimos contacto visual, y me pasó su humo de boca a boca. Empezamos a tranzar. Ella tenía un piercing en la boca. Terminó Dry The Rain y empezó a sonar Sick Of Goodbyes de Sparklehorse. Fui consciente de que era la primera vez que transaba con alguien con un piercing en la lengua. Alguien golpeó el vidrio de la ventana. Vi a Jack mojándose del lado de afuera de Funeralopolis. Sentí pena por él y lo ignoré. Volvió a golpear la ventana. El sol empezaba a asomar entre nubes de lluvia. Im so sick of goodbyes, cantó Mark Linkous. Jack g

El lector de la crónica se aburre, no se ríe. Cree que la crónica carece de sentido y dirección. Siente que lo que leyó no le causó nada. Está seguro de que perdió el tiempo. Deja de leer y apaga la computadora. Al lector le chupa un huevo saber como termina la crónica. 

 

Texto corregido y editado por Agus Wussy.