Sin dudas, uno de los eventos culturales (sino el más) importante de todos los noviembres argentinos. La Marcha del Orgullo es el principal acto público de la comunidad LGBTTTIQA+ de la Argentina.

Se realizó por primera vez en el año 1967 y se celebra el primer sábado de noviembre de cada año, en conmemoración de la creación de Nuestro Mundo, el primer movimiento gay del país.

La convocatoria arrancó a las 11 con la Feria del Orgullo y bandas en Plaza de Mayo. Decenas de stands armados alrededor de la plaza fueron visita obligada de todos aquellos que se iban congregando frente al escenario principal, desde donde La Queen (@soylaqueenokey); Mala Fama (@malafama.arg) y Marilina Bertoldi (@marilinaplastilina) hicieron alzar las voces y mover las caderas a miles de los allí presentes.

También ONG’s, cientos de artesanos, incluso marcas de consumo masivo como @Spritear y @Maybelline hicieron su acto de presencia.

Una ley integral trans; la separación política, simbólica y económica de la Iglesia y el Estado; la aplicación efectiva de la Ley de Educación Sexual Integral con perspectiva de género; el respeto por la diversidad corporal y de identidades sexuales, el aborto legal, seguro y gratuito; la legalización de la marihuana; y el rechazo al FMI fueron sólo algunos de los múltiples reclamos que se elevaron en la marcha desde Plaza Mayo hasta el Congreso.

El clima acompañó: con un sol primaveral, la convocatoria fue récord en participantes. Las carrozas de las organizaciones políticas alentaban y alegraban a la multitud en su marcha por Avenida de Mayo. Los colores de la bandera del Orgullo tiñeron las calles; y la multiplicidad de identidades soslayadas por el discurso heteronormativo se hicieron valer, se mostraron, reclamaron en conjunto, se unificaron en una sola (y poderosa) voz.

De los reclamos más alegres y coloridos, es un evento obligado para aquellos amantes del diseño disruptivo: glitter, redes, microtul, látex, piel desnuda. Todas las texturas. Todos los colores. Todas las morfologías.

Y más allá del ritual de la participación, de las intervenciones, del “montarse” para mostrarnos libres, no hay que olvidarnos de lo que de fondo y forma nos convoca: la construcción de una sociedad más libre y respetuosa.