Por Javier M. Berro

En 1971, el sello Stax Records tuvo la incómoda idea de reunir en Memphis a ciento cuarenta periodistas de rock para ayudarlos a organizar una especie de asociación de críticos, algo que ni siquiera estaba en sus propios planes. Preferían andar sueltos por ahí, desorganizados, haciendo cada uno lo suyo por cuenta propia. La cuestión es que ese fin de semana largo de fraternidad fue una estrategia promocional del sello para poner en el centro de atención a Big Star, que ofició como grupo principal, y alucinó a los especialistas con un show demoledor. Semejante movida mediática no fue suficiente para perpetrarlos en la memoria colectiva, y posteriormente el grupo de Alex Chilton terminaría disolviéndose sin lograr grandes audiencias y su cantante empezaría su metamorfosis en solitario, hasta finalmente ser reconocido décadas más tarde, como una bestia de culto.

Del mismo músico de Tennessee, Julián Della Paolera, líder de Ok Pirámides, rescató un concepto fundacional para disparar el rumbo de sus canciones. “La idea de la primera grabación era hacer algo inspirado en el primer disco de Alex Chilton (Like Flies on Sherbert, 1979), bajo esa idea de que los errores iban a quedar bien”. Por esas sesiones en Circo Beat que Julián consiguió de arriba, pasaron Panza y Tuta Torres (Babasónicos), y se terminó de delinear el núcleo duro estable con Nicolás Ottavianelli y Fernando Caloia (Turf) en bajo y batería, y Gonzalo Campos (Los Látigos) en segunda guitarra. Después de varias jornadas de interacción, empezaron a encontrarle una salida original a tanta mixtura musical, facturando canciones que arman y desarman a su antojo la escala del blues, con frases empapadas por delays y distorsiones tenebrosas.

Bajo la densidad del post punk, la dispersión psicodélica y “músicas que tienen más de treinta años” se afianza el futuro próspero de Ok Pirámides, aunque las claves del éxito, según ellos, van por otro lado. “A mí con la música y el proyecto, me alcanzó. Las buenas críticas matan, porque pensamos que nuestra esencia es auténtica y densa, y cuando algo es así es como que la tenés que masticar por un lado o por otro. Bueno, a otros les entra por el orto”. Della Paolera, al igual que el de Big Star, aprendió que si no fuera por sólo por la música, habría más de una razón para volverse locos. “Sólo el hecho de juntarnos a tocar, nos hace superar todo eso que nos parece una verga de la industria”.
Todos ustedes comparten un pasado exitoso con sus grupos anteriores ¿Cómo es volver a empezar ahora en otra década, en otro tiempo, bajo otras formas?

Julián Della Paolera: Y… manteniendo el éxito, siempre. Lo que pasó de bueno en realidad con eso de que todos tenemos experiencia, es que el proyecto sólo se empezó a sustentar a partir de la música. No teníamos nada como atrás. Empezamos sólo a tocar por el disfrute de tocar. Lo mejor de Ok Pirámides es que solo se sostiene por la música.

Gonzalo Campos: Es más divertido todo, porque ya tenés oficio. Es más divertido tocar, componer y grabar. A mí me pasa que disfruto mucho más que antes todas esas etapas de un grupo. Después de grabar un primer disco, venimos ahora de grabar el segundo, con diez temas nuevos, en donde aplicamos un proceso nuevo que no habíamos hecho antes: arreglar y grabar dos temas por día.

J: Son más cortos y más concretos. El primer disco es como maratónico. Nos pasó que solo con terminarlo logramos el primer éxito, después de un proceso largo que abarcó muchas otras cosas. Algunas quedaron afuera, hubo que seleccionar y trabajar mucho. También nos pasaba por decidir si cortábamos un poco los temas. Todo lo hicimos con Leo Ramella, de Emisor, con quien tenemos la mejor relación. Es una de las personas que más quiero. Como músico y artista es uno de los que más admiro. Nos aportó amor, paciencia y toda esa belleza estética que tiene él como persona.

G: Nosotros terminamos de hacer el disco y estábamos emocionados y felices de la vida de haber concebido semejante criatura. Ni siquiera fue un parto, más bien fue concebir todo eso en un caos. Agarrás acá pero se te escapa por allá, y siempre sentís que queda algo por hacer. El trabajo de Leo Ramella es algo brillante, por el amor y todo lo que aprendimos con él, que sigue siendo como un integrante más de Ok Pirámides. Sus ideas son ultra válidas y siempre tiene algo bueno y bello para aportar.

Hay mucha data y musicalidad en el grupo ¿Cómo fueron decantando todo eso en un concepto propio y original?

J: Hay un montón de música que nos gusta, que inclusive nombramos en el primer disco. A mí, por ejemplo, me pasa que cuando quiero escuchar cierta música me encuentro con que sólo la hacemos nosotros. Viste que un momento cualquier cosa se transforma como en un laburo o algo tedioso, y acá fue todo tratado con mucho amor por la música.

G: El primero no es un disco concreto, es más bien volado. Fue como dejarse llevar por lo que nos disparaban los temas y básicamente sólo eso. Hay muchas pistas de noise, cualquier cosa, algunas improvisadas. Hubo mucha gente metida en el proceso de grabación, pero todo se fue dando de manera bastante casual.

J: Escuchamos un montón de música y es por eso que el primero tiene de repente un tema con influencia del rock and roll, otro uno que es medio alemán, otro que es medio dub. Son músicas que tienen como treinta años. Nosotros tenemos una actitud moderna para concebir nuestra música y que todo eso pueda convivir nos hace un grupo único. Es la primera vez que tengo influencia de rock & roll y blues en un disco. Eso sumado al post punk. Y eso que la escala del blues no se lleva bien con las otras. El próximo disco es más claro, menos ruidoso y más sintético. Sin embargo es más atrevido.

¿Les pasó de tener que replantearse qué hacer o enojarse un poco con la música, después de romper con Victoria Mil y Los Látigos? ¿Cómo se maneja ese vacío inmediato a la ruptura de grupos que fueron tan importantes en sus vidas?

J: Pienso que Ok Pirámide, la verdad y lo pienso así, es la solución a todo el estrés que uno puede acarrear con su carrera o con otros proyectos. Por eso te decía al principio: el grupo se sustenta sólo con la música. Hay un montón de agregados que son la moda, la música, las minas, la falopa, el circuito, el negocio, que no creo que nos entre a nosotros. Nosotros le entramos a eso Pienso que venimos de grupos que hicieron discos, que tocaron, que tuvieron hits, todo, pero que ahora es distinto. Estar en esta banda es catártico y liberador. Vemos que las novedades musicales son todas una poronga. Y a nosotros sólo el hecho de juntarnos a tocar nos hace superar todo eso que nos parece una verga de la industria.

G: Si analizamos un poco todo, es un poco frustrante el medio ambiente en el que estamos. Pero es lo que te dice Jules, y es lo que pensamos. Nuestra salida a todo eso es la música, con todo lo que podamos hacer juntos como grupo. Disfrutamos de todo eso y no nos toca mucho el resto. Cuando dejé Los Látigos era porque estaba frustrado con Los Látigos y porque no tenía nada más para decir en ese canal de expresión. No me enojé con la música, aunque tal vez la haya dejado de escucharla por un tiempo, o haya apagado un poco todo para después volver a hacer otras cosas.

El mes pasado se estrenó el documental ‘Poner al rock de moda’, que gira en torno al grupo Banda de Turistas y a la idea de permanecer dentro de las expectativas de la industria pero sin regalar el espíritu artístico ¿Qué piensan sobre esas tensiones? ¿Es verdad que tienen ganas de hacer su propio documental?

J: Ahora es como todo muy accesible hacerlo con las imágenes del estudio. Eso está bueno; me gusta por ese lado. En un momento teníamos la idea de hacer como una especie de show filmado y tocado en vivo, como promocionarnos de ese modo, pero no sé. Hay ideas pero dependen de quién se encargue de llevarlas adelante. Nosotros estamos muy afuera de todo eso del monitoraje.: las bandas arrastran un montón de gente que se pega y concretamente no sabe por qué. Cuando es por la música, todo bien, pero cuando uno no sabe si es por la falopa, las minas o la onda. Ya con los integrantes de la banda alcanza y sobra.

G: En realidad son proyectos, pero nosotros somos medio kamikaze. Tampoco nos vamos a plantear nuestro propio documental, que alguien lo haga y chau. No sé si creemos mucho en la idea de permanecer. Yo no siento que quiera eso, aunque sí que voy a permanecer mientras haga algo que me interese y me guste hacer. Me imagino que esa energía pueda llevar a que permanezca, pero no es algo que me plantee. Cuando se termina, se termina. Seguir estirándola porque querés trascender y todo me parece que apesta y no está bueno. Te hace daño querer permanecer cuando ya no hay nada para decir.

Julián, en Victoria compartías los créditos de todo y ahora liderás tus propias ideas ¿Cómo te sentiste con ese cambio?

J: La primera vez que hice un show con Ok Pirámides me pareció raro y me puse en el mismo lugar de antes, a la derecha del escenario. Después me tuve que poner en el medio, aunque me costaba eso de tocar la guitarra y no alejarme del micrófono. Victoria Mil se separó y todavía no me lo dijo ni me lo planteó nadie, concreta y formalmente. Era evidente lo que pasaba: teníamos una sala de ensayo en frente de mi casa y no ensayábamos nunca. Ahí sí creo que nos movíamos a cierto ritmo que tenía que ver con las obligaciones que teníamos. Hoy para mí eso no tiene nada que ver con lo que a mí me moviliza. Me motiva hacer música, escucharla y amarla. Cuando dejás meter un montón de cosas que no tienen nada que ver con la música es cualca-cualquierlandia. Nunca toqué ni por plata ni por minas ni nada.

G: Uno empieza a tocar la guitarra porque encajás en ese mundo y te metés en eso. El motor principal. Es muy trillado y todo, pero el motivo es siempre eso.

J: Además una cosa que te digan ‘hey, che’ dejá de hacer ruido en tu cuarto’ cuando tenías catorce años y otra cosa es a los cuarenta años que te digan ‘che, loco, qué vas a hacer?’. ‘Y voy a hacer ruido con la guitarra’.

Antes decían que no le prestaba mucha atención a lo que pasaba afuera con la escena ¿Ahora que están en un sello independiente como Triple R, tienen una nueva mirada sobre esas cuestiones?

G: Nosotros somos medio que estamos en una burbuja. Yo particularmente no veo muchos grupos que no sean el que estoy tocando. Me dedico a eso y me precupa eso. No le presto mucha atención. No es una actitud que desee tomar, sino que es lo que me sale. A la escena ni la analizo ni la escucho.

PH: Palmera Museo

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