El paisajismo que se ha desarrollado como un complemento de la arquitectura y el urbanismo, sesgado en su impacto mas profundo y trascendente, se ha convertido en formas y plantas que complementan tendencias caprichosas que no formulan ni desarrollan el verdadero poder que le corresponde a mi juicio a esta disciplina.

Aunque en la actualidad, se pueda conocer todo lo que sucede en cada parte del planeta, desafortunadamente vemos cada vez mas aspectos del deterioro de los sistemas naturales, que empobrecidos, desconectados y relictuales, no ejercen el poder suficiente que otrora animó a nuestra especie vincular en la fundación, expansión y desarrollo de sus comunidades.

Hoy día estas oportunidades se rodean de interacciones negativas que devienen en vanos y/o costosos métodos para permanecer meramente, en escenarios donde antes se era recibido, cobijado y alimentado. Aunque de esta descripción de la actualidad medioambiental se ha hablado y actualmente recrudecen las recriminaciones y abundan los discursos floreados y convenciones elocuentes, lo que intento desarrollar es: dónde acaso el paisajismo como remodelador y rediseñador de esquemas se posiciona como la disciplina a revalorizar.

Esta no es solo una mera alabanza a la naturaleza, sino mas bien el instar a encontrar un sistema de valores y de capacidades que los paisajistas, con lo variopinto que esto es en la actualidad, pueda reestructurar esa yunta de planificación de lo muerto (arquitectura, ruralismo y urbanismo) y la haga tirar hacia el encuentro de una nueva habitabilidad y convivencia.

La oportunidad se presenta hoy, y el cambio de postura demanda coraje.

Puntualmente las tendencias en las que articularía el paisajismo con la arquitectura hoy, en mi visión, son las de desarrollar Hogares verdaderamente equilibrados entre lo vivo y lo no vivo. Léase, incorporar cubiertas verdes (techos verdes, green roofs) en tanto sea posible y lograr que los hogares interactúen positivamente en vivencias, vistas y productos, así como en factores de climatización, manejo y depuración de emisiones de subproductos y residuos de la forma de vida humana.

En el Urbanismo la tendencia y dirección actual y futura, es la de ocupar estratégicamente los recursos bióticos para morigerar, atenuar y desintoxicar tanto los ambientes y residuos como la propia intelectualidad y desarrollo cultural que alimente esta rueda virtuosa.

La Ruralidad hoy en día confundida lamentablemente con una empresa mas de un mundo muerto, se ha desconectado en el marco de su poder vital, despoblada de hombres y mal entendida al momento de interactuar con ella.

Aquí la tendencia sería desarmar la estructura de mosaico que predomina en el diseño del todo no urbano y proyectarla como un gran sistema donde cada ser rural es parte del todo con el que interactúa de un modo virtuoso con su entorno y producción tanto material como espiritual (entendiendo este concepto como un complemento ineludible del bienestar individual y colectivo).

Por lo tanto, la necesidad de planificar nuestros paisajes, articularlos con nuestras vivencias para adaptarnos mutuamente, ejercer ese poder bíblico desde un corazón humilde y una intención sana de comunidad, es, por mas que se discuta, el camino hacia nuestra vocación creativa, fiel y bondadosa que tenemos como especie.