La cosa se da más o menos así: te estás quedando dormido y de pronto descubrís que no podés mover el cuerpo. Tu respiración es demasiado corta, te parece que apenas alcanza para mantenerte con vida, pero por más que te esfuerces no hay forma de que ingrese más que un hilito de aire. Puede que sientas un gran peso en la cabeza, el pecho o la garganta. Un peso que te ahoga.

Querés gritar, avisarle a la persona con la que dormís que algo gravísimo está sucediendo. Pero es imposible. La boca no se abre o no salen sonidos. ¡Desesperación! Nada puede ser peor. Pero sí. La situación se pone dramática. Por lo que ves, la habitación se ha vuelto rara, la iluminación es bizarra.

Tenés la sensación de una irrupción inminente en tu espacio personal. Alguien o algo ha entrado. ¿Acaso mencionó tu nombre? Te observa, es peligroso, avanza. Probablemente intenta asfixiarte, te ataca o trata de abusar de vos. ¡Pero no podés defenderte! Cuanto más luchás, peor.

Estás al borde de la locura y en ese momento salís eyectado de la experiencia, te sentás de un salto en la cama y encendés la luz. Ha sido un sueño, pero las sensaciones fueron tan intensas que te cuesta creer que solo sea un producto de tu imaginación.

Así se vive una parálisis del sueño. Una versión hiperrealista de una película de terror clase B, vivida desde la perspectiva de la rubia que muere en los primeros segundos de la película.

Son horribles, la gente no debería tener que sufrirlas sin que se les ayude a entenderlas.

Yo las sufrí desde los 3 años, sin que nadie me pudiera dar una respuesta o solución. Los médicos me ofrecían una miradita de desprecio y una derivación a psiquiatría.

Hasta que un día descubrí que las parálisis del sueño son naturales, que las sufre mucha gente y que son –entre otros uno de los trucos más antiguos del chamán para “viajar” a otras realidades. Hoy forman parte de mi equipamiento de conciencia cuando busco respuestas profundas, o simplemente– darme una vueltita por el lado psicodélico de la realidad.

¿Qué son las parálisis de sueño?

Si nunca tuviste una, seguramente la descripción que hice más arriba no te sonó para nada familiar. Sin embargo, el 40% de la población mundial reporta haber tenido una alguna vez. No existen demasiados estudios, no es un tema que preocupe a la ciencia médica. Nadie muere de parálisis de sueño y no hay mucho medicamento para venderle al sufriente. Las personas que las tienen a menudo se avergüenzan de contarlo.

Pero para la persona que las experimenta, es una auténtica tortura. Y si las sufre en forma frecuente, pueden llegar a perturbarle el sueño seriamente. Nadie quiere irse a dormir si sospecha que en cuanto cierre los ojos aparecerá en la habitación un íncubo o el fallecido dueño de la casa. Nadie quiere tener que debatirse durante segundos que parecen horas para recuperar el movimiento y la respiración. Las parálisis suelen venir en tandas, por lo que el que sufre una al comienzo de la noche, lo más probable es que las tenga a repetición hasta la mañana.

En todas las tradiciones del mundo existen historias sobre apariciones nocturnas, terrores al borde de la cama, presencias demoníacas y abducciones. Muchos mitos y leyendas están basados en ellas. Es curioso cómo todas se parecen y retratan fielmente la experiencia de la parálisis del sueño. Nuestros abuelitos no tenían forma de saber que eso que estaban viviendo era una experiencia en el umbral entre la realidad onírica y la realidad de vigilia. Estaban convencidos de que estaban siendo atacados por fuerzas malignas.

Las parálisis del sueño son extremadamente vívidas, dolorosas, angustiantes, y definitivamente reales: al salir de ellas el corazón todavía late desbocado y la adrenalina aún circula desenfrenada por nuestro cuerpo.

La experiencia de estar paralizado no es producto de la imaginación. Es resultado de un cortocircuito en el centro de mando de la organización: el cerebro.

El cerebro no es infalible

Cuando dormimos, nuestro cerebro experimenta innumerables cambios. La noche no es toda igual para el amigo de los dos hemisferios: recorre el sueño ligero, donde ensaya reflexiones existenciales, se hunde en el abismo del sueño profundo donde aprovecha para hacer reparaciones necesarias; y cada tanto se aloca en la fiesta del sueño REM, que es cuando sucede la imaginería que llamamos soñar. Durante esta fase, algunas áreas del cerebro se activan como llamaradas, mientras que otras se apagan. Entre estas que se llaman a silencio, se encuentra la región del cerebro que se encarga del pensamiento lógico. Por eso no te parece raro que tu tía salga volando montada en una escoba o que tu perro se convierta en la heladera.

Otra área que se apaga durante el sueño REM es la encargada del movimiento. Éste es un mecanismo adaptativo muy saludable: si te movieras durante el sueño, lo actuarías, y probablemente le darías puñetazos a las paredes creyendo que es tu jefe o te lanzarías por la ventana “montado” en la escoba de tu tía. Esa atonía muscular durante el sueño nos protege, pero no tenemos ninguna conciencia de estar paralizados. Mientras sucede, estamos enchufados a la realidad virtual que nos ofrece nuestra mente, inflamada de creatividad. Cuando nuestro cerebro se vuelve a disponer a la vigilia, se reactiva la zona que rige el movimiento y así nos encuentra cuando despertamos. Nunca nos enteramos que estuvimos en modo momia durante un buen rato.

La parálisis de sueño sucede –entonces como consecuencia de una falla en el sistema. Se supone que durante el REM no tendríamos que estar conscientes, se supone que tenemos que estar dormidos, se supone que, si tenemos que quedar paralizados durante una parte del dormir, el cerebro tendrá la gentileza de que no nos enteremos. Lo cierto es que, cada tanto, las cosas se salen de sincro para nuestro cerebrito. En esa transición de la vigilia al sueño, puede incluso que abramos los ojos, tomemos información de la habitación en la que estamos y la integremos a la imaginería de los sueños. Por eso, las espantosas escenas ocurren en una habitación exactamente igual a la real. Porque es la misma.

¿Qué dispara este cortocircuito? El estrés, la ansiedad, los patrones de sueño erráticos, los estimulantes, la tendencia a querer controlarlo todo, y las condiciones de la vida actual, hiperirritantes de nuestro sistema nervioso. Las personas sensibles, creativas, no se sabe exactamente por qué suelen sufrir parálisis del sueño más a menudo, y existen ciertas situaciones que las promueven, como dormir “panza arriba” o incómodos en un transporte público.

Como sea, las parálisis del sueño son espantosas, y si una persona quisiera evitarlas, debería empezar explorando su forma de vida, hábitos, hacer cambios urgentes en la dieta (no solo en lo que come, sino en lo que vive), alejarse del stress, reducir la sobresaturación informativa y –probablemente buscar ayuda profesional para encontrar las causas de esa ansiedad subyacente y reparar la fuga de energía.

Pero resulta que las parálisis del sueño constituyen el portal más sencillo para transitar hacia el lado lúcido de los sueños, así que muchos de nosotros –tentados por la promesa de ver qué hay además de las apariencias ya no combatimos las parálisis del sueño, sino que las utilizamos como dispositivo para tener sueños lúcidos.

¿La pastilla azul o la roja?

Si deseás terminar de una vez con la pesadilla de la parálisis del sueño, hay algunas técnicas que funcionan muy bien. Lo primero es no luchar, porque te genera más ansiedad. Cuando te des cuenta de que estás paralizado, simplemente recordate que solo es un sueño. Podés escribir una frase que tengas siempre a mano, repetirla en vigilia para recordarla cuando estés en medio de la parálisis. Algo así como “estoy bien, esto es solo un sueño, en seguida pasará”.

A continuación, debés dirigir tu atención adecuadamente. Enfocate en tu respiración, que –aunque corta– seguirá funcionando en forma autónoma, aun cuando sientas que puede detenerse en cualquier momento. No alimentes este miedo. Simplemente concentrate en el aire que ingresa a tu cuerpo. Mientras tanto, una táctica que me ha servido mucho es la de fruncir la nariz (no me preguntes por qué, pero funciona: provoca el despertar) o mover los dedos de los pies.

Una vez despierto, no te hundas en el sueño nuevamente. Lo más probable es que en cuanto pase la catarata adrenalínica y las palpitaciones, te sientas muy adormecido. Rechazá la invitación a volver a dormir de inmediato, porque lo más probable es que experimentes otra parálisis. Lo que podés hacer en esta pausa es imaginar una luz brillante hacia tus ojos, o encender una luz y mirarla durante unos segundos. Esto envía a tu cerebro una señal clara: “no más juegos, quiero dormir.

Si deseás erradicar definitivamente las parálisis del sueño de tu vida, no puedo decirte esto más claramente: ¡eliminá las fuentes de stress de tu vida! Si esto no es posible, existen algunas pautas de salud del sueño que podés adoptar. Por ejemplo, eliminar la cafeína y otros estimulantes (sobre todo antes de dormir), evitar la televisión, los ruidos, los cambios en tu ritmo de sueño. Podés incorporar algún tecito relajante (la melisa, la mejor), meditar o hacer ejercicios de relajación. Sobre todo, buscá con qun conversar esos temas traumáticos que no terminaste de procesar. Con el tiempo, las parálisis desaparecerán, y volverás a disfrutar del sueño.

Ahora, si aun con los cambios en tus condiciones de dieta y comportamiento las parálisis siguen apareciendo o se acompañan de otros factores preocupantes (como quedarte dormido en el trabajo, por ejemplo), es tiempo de consultar con especialistas del sueño que puedan explorar qué es lo que está pasando.

La otra opción: la parálisis del sueño como viaje chamánico

Quizás no quieras dejar de tener parálisis del sueño cuando te cuente que es una de las maneras más antiguas de viaje chamánico. Nuestros ancestros, como te decía, ya las sufrían; y si bien en la Edad Media se consideraban una prueba de la visita de seres del inframundo a las desdichadas vírgenes, en épocas más antiguas se conocían como recurso válido para explorar otros planos de realidad. Buscadores de visiones de muchas culturas ancestrales (sobre todo los intelectuales del México Antiguo, llamados tolteca; los iroqueses de Norteamérica y los aranda de Australia) desarrollaron métodos para despertar en sueños y así explorar los aspectos inmateriales del Universo.

En nuestra cultura los llamamos “sueños lúcidos”, y están de moda por estos días. Los sueños lúcidos son aquellos en los que estamos plenamente conscientes de que estamos soñando, lo cual nos permite tomar el comando de la situación, conduciendo el guion de la película que se está proyectando hacia el desenlace que más nos guste.

La lucidez en el sueño tiene muchas aplicaciones: desde vivir las fiestas más locas sin resaca ni consecuencias, o explorar planetas lejanos, hasta entrenarse en ciertas habilidades o resolver traumas infantiles. De hecho, muchos terapeutas recomiendan desarrollar lucidez en sueños para “curar” las pesadillas. Les dicen a sus pacientes: “cuando sientas que estás cayendo, abrí los brazos y volá”. Suena fácil, pero no lo es.

La mayoría de los buscadores de lucidez del sueño lo hacen infructuosamente durante años. Toman sustancias derivadas de hierbas con efectos psicotrópicos, hacen piruetas en la cama o ayunan hasta desfallecer. Aplican técnicas de 55 pasos, repiten mantras hasta el agotamiento o intentan a través del poder de la intención. Existen miles de tutoriales en Internet sobre cómo lograr un sueño lúcido (de hecho, yo enseño un par de técnicas) y, sin embargo, no hay muchos soñantes lúcidos por ahí.

La parálisis del sueño, por otro lado, es una puerta fácil de abrir. Si uno está interesado en explorar otros planos de conciencia –incluido el potencialmente pavoroso mundo interno es una opción baratita y efectiva.

Atravesando el portal

Una parálisis del sueño puede convertirse en la oportunidad de expandir nuestra conciencia más allá de los límites de la realidad descrita, explicada y consensuada.

La próxima vez que te toque vivir una de estas torturas nocturnas, probá hacer todo lo contrario a lo que habitualmente hacés. En lugar de luchar, soltá. En lugar de intentar mantener el control de la situación, dejate conducir. En definitiva, es un sueño. No te estás muriendo. No estás quedándote sin oxígeno. Lo que está sucediendo es tu propia creación. Es tu realidad virtual personal. El cuerpo seguirá sosteniéndote con vida a lo largo de la experiencia.

Sí, lo sé: al principio te costará muchísimo relajarte. La sensación de estar a merced de algo –un zombie, un visitante de otro mundo, un ser grotesco es muy intensa y espantosamente realista. Pero verificá esto la próxima vez que te suceda: tu expectativa va creando lo que aparece. Dentro del marco de las parálisis del sueño, el poder de manifestar resultados se evidencia claramente. Si imaginás que podría entrar un ladrón a tu casa, si ese es tu miedo, eso es exactamente lo que surge en tu campo de visión.

Si lográs relajarte, avanzás hacia la siguiente fase: enfrentar al extraño con dignidad. Es extraordinario acceder a este momento. En cuanto mires de frente a aquello que te provoca miedo, lo verás diluirse, deshacerse en el aire. Muchas veces el fantasma se vuelve un niño pequeño que busca tu abrazo; el monstruo resulta de peluche. Cuando lográs esta transformación, es señal de que estás listo para un nivel más profundo.

Superado el miedo, y consciente de que estás viviendo un sueño desde dentro, llega el paso final, decisivo. Esto sucede naturalmente, no necesitás hacer nada extra. De hecho, cuanto menos hagas para forzarlo, mejor. Sencillamente, dejate llevar. Puede que escuches sonidos agudos, como la alarma de un auto, o una sensación eléctrica que recorre tu cuerpo. Esto es habitual. A continuación, ingresarás en un sueño perfecto, con su escenografía y sus personajes, pero a diferencia de los sueños comunes, aquí serás el guionista, director y protagonista. A partir de aquí podés volar, atravesar paredes o visitar planetas lejanos.

Una vez que te hayas entrenado en este tipo de experiencias, podrás utilizarla para tu crecimiento personal. La tecnología de conciencia siempre la tuviste, pero habrás aprendido a usarla para tu beneficio. Ya no buscarás hundirte en la nada durante la noche, sino aprovecharla para explorar el Universo, trabajar tus temas, buscar esa experiencia de conexión espiritual que tu alma anhela.

Las personas que sufren parálisis del sueño son cada vez más. Las consultas que me llegan sobre este tema se han multiplicado drásticamente en los últimos meses. La ansiedad, las presiones, el horror del mundo, se han intensificado y nuestro cerebro no da abasto para procesar todo lo que recibe.

Pero quizás no es solo por eso.

Quizás las parálisis del sueño han aumentado, sencillamente, porque nuestra conciencia necesita ser sacudida, recuperar el conocimiento y el poder personal perdido. Despertar en sueños, es despertar a una vigilia más completa, donde se vuelve claro que vivimos en una realidad unificada, un Universo donde los aspectos invisibles, misteriosos e inefables merecen ser tenidos en cuenta, tanto para buscar las causas de lo que nos sucede como sus soluciones.

Y donde tenemos absoluto derecho a explorar esos territorios desconocidos todo lo que nos la gana.