Nada dorado puede permanecer. La máquina del tiempo es tan poderosa que asusta por sus espejos rotos, ruinas circulares, y porque te dirá por siempre que es mejor mirar a la pared. Gastón Pauls uno de los íconos de los 90s que aún quedan en pie, por momentos también asusta sobre todo cuando parece asustado.

Su historia rinde culto al poder de esa máquina del tiempo que todo lo tritura, todo lo fritura, rinde culto también al poder que supo tener la TV hasta hace muy poco como estandarte de apariciones y desapariciones de estrellas fugaces convertidas en polvo.

En ascenso y descenso directo hacia su propio blackout, Pauls sabe lo que es el tsunami de flashs sobre su cara, de la época de clubes de fans y contratos en dólares pero también hizo buceo en el mar de fondo y no encontró burbujas de amor precisamente.

La sociabilidad inducida, esa onda hoy te convertís en héroe con una pashmina en el cuello que pareciera estar planteando hoy su nuevo rol como kia de los caídos en el mundo de las sustancias, es vasto y agotador.

También podemos pensar cuando lo vemos en charlas y conferencias desde que dijo que era un adicto a la cocaína, que nuevamente se lo comió el personaje y está sobreactuando. Pero verlo así seria estar en frente de un cretino. Y no parece ser el caso, aunque algo sospechoso hay en toda esta revelación.

«Tomaba cocaína principalmente y también mucho alcohol. La recuerdo como una etapa muy oscura, de mucha angustia. Estaba perdido. Pero a la vez fue una etapa de mucha búsqueda. Lo dice Jesús, man: «Sólo aquel que se pierde luego se encuentra». Llegó un momento en que me perdí. Me costó mucho tiempo recuperarme. Y lo sigo haciendo, eh. La recuperación es sólo por hoy, ésa es una frase del tratamiento«, decía Pauls en medio de su último gran éxito como actor y productor, Todos contra Juan, en una nota en mayo del 2010 con la revista Rolling Stone.

Ante la pregunta en ese entonces si se había internado habló de acompañamiento terapéutico necesario y después se fue directo por los culpables. «No me interné en una clínica, pero hubo mucha gente que me acompañó, que me ayudó. Y empecé a ir a una mujer, a una ayudante terapéutica, a charlar. Y me sirvió, me sirve. Los adictos sabemos que la cocaína es una enfermedad para la que no hay cura, hay tratamiento, nada más. Y no me avergüenzo de decir que soy un adicto, sobre todo en un mundo tan enfermo y tan adicto a todo como es éste. Soy uno más. Yo podría decirte el nombre de un conductor que hoy está en pantalla que a mí me vendió cocaína cuando tenía 17 años, pero elijo no hacerlo mientras veo cómo se llena la boca hablando en contra de la droga. Este medio es muy careta…«.

En otro momento de la nota, la revista que en un momento supo ser al menos una réplica interesante de su casa matriz en EE.UU., toca fondo y le pregunta si tomaba mucha cocaína.

«¿Tomabas mucho?

No te voy a hablar de la cantidad. Te puedo decir que para un adicto como yo, una no es suficiente y muchas no son demasiado. Esa es otra frase que aprendí en la recuperación. Había tipos que tomaban 40 gramos en un día, 30 gramos… Yo no llegué nunca a ese número, pero en un momento fue suficiente».

Su acercamiento al evangelismo había empezado tras las luces de los 90s, en el kríptico 2003, con su programa Ser Urbano donde era una proyección actualizada de Polosecki y en uno de los informes caminó entre las 250 mil personas que se habían congregado en Buenos Aires para escuchar la palabra del pastor Luis Palau. Dieciséis años después, Gastón Pauls es Luis Palau.

Otro punto de acercamiento con los evangelicos fue su participación en el video de la canción «Volar» del músico y pastor salteño Gabriel Bazán. Durante esa filmación conoció a Osvaldo Carnival, pastor de la iglesia Catedral de la Fe. Y según cuentan, a partir de ese momento y durante un buen tiempo fue uno de los siervos de ese templo: “No estoy yendo ahora a ninguno en particular, sobre todo porque estoy viajando mucho. Durante los viajes igual voy, sobre todo en Estados Unidos pero no voy a una iglesia específicamente. Comparto desde otro lado con otros creyentes”.

Por si todavía no quedó claro después del «Lo dice Jesús, man!» para donde va todo esto, continúa: «Mel Gibson, por ejemplo, cuenta historias cristianas pero que revientan, que ve todo el mundo. El mundo cristiano tiene una inmensa cantidad de artistas, músicos y directores. Quizás es más grande que la industria convencional. Este tipo de películas tienen además un mensaje para los fieles que tiene que ver con lo que a ellos les pasa y en lo que creen».

Nuestro Mel Gibson ahora encarna al pastor que lo obsesionó durante su peor momento y está desde el verano promocionando en el sur de Estados Unidos (Nashville, Dallas, Houston y Miami) donde es muy fuerte la presencia de evangélicos, la película Palau, escrita y dirigida por Kevin Knoblock, el documentalista que rodó las biografías de Juan Pablo II y Ronald Reagan y con la producción a cargo de Truli (The Faith and Family Entertainment Network), una cadena cristiana de videos on demand que decidió meterse de lleno en la industria audiovisual.

«Lo vi tres veces, dos para sacar el personaje. Una vez en Portland, otra en Atlanta y la última también fue en Portland pero ahí estuve con él en una charla que fue grabada en su casa».

Palau, nacido en Ingeniero Maschwitz, es un pastor que ya tiene 84 años y está alejado de la prédica, pero supo ser el fundador de una iglesia evangélica muy poderosa que hoy cuenta con millones de fieles en todo el mundo.

En el verano del año pasado cuando iba al set de filmación volcó con su camioneta en la Panamericana. Iba con sus hijos. Horas después, dijo que había salido del auto y se puso a rezar.

«Yo creo que Dios decidió que no pasara más de lo que pasó. Mi auto cruzó cinco carriles por Panamericana, a las 9 y cuarto de la mañana, cuando va todo el mundo para Capital, pero no me tocó nadie. El auto no me respondía y terminó dado vuelta. Me asusté en el primer momento, porque sentí que perdí el control de algo. A ningún ser humano le gusta perder el control. Creemos que todo lo dominamos nosotros. Y cuando eso ocurre hay un ?¿Y ahora qué? ¿Ahora cómo??. En ese instante, pensás ‘acá estoy entregado a algo más’, y en ese momento? ¡Estás en manos de algo más! Yo creo que Dios decidió que no pasara nada más que lo que pasó. En esos cinco segundos en los que el auto daba vueltas, me pasó de todo en la cabeza y lo único que pensé es ?que estén bien mis hijos?. Salí del auto y me puse a rezar«.

Su capacidad para contar historias que tuvo en varios programas de TV, hasta de forma paródica en el genial proyecto La otra verdad que hizo para UN3, ahora y desde que desapareció de los medios por unos años, la viene usando para mostrarse como un gurú que brinda charlas sobre la oscuridad y el infierno de las drogas en auditorios colmados de jóvenes por las provincias del país, eventos que son apoyados por el Estado nacional y también por su Fundación CACUCA.

El timeline de su tour viene siendo intenso, para nombrar solo algunos: en noviembre de 2018 habló de su experiencia en adicciones con más de 400 jóvenes de colegios en Córdoba. La actividad fue organizada por la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes.

«Yo soy actor, me he subido un millón de veces a un escenario y la diferencia es que acá no hay personaje. Acá soy yo contando la realidad de mi vida con lo hermoso y lo duro. Todos tenemos sombras, luces, dolores, alegrías, y hablar en primera persona de ciertas etapas oscuras que uno puede pasar, es algo muy bueno”.

En agosto de 2015 fue a Posadas. Los medios locales titulaban lo que había dicho: “Para abrir nuestra mente no es necesario que nos clavemos un porro”. En ese momento había ido sumándose a la campaña “Contra las drogas estamos todos” de la Fundación Ideas en Movimiento “Historias que conmueven”. «Estamos en un mundo donde las drogas están presentes en todos lados, las drogas y las sustancias que no son tan reconocidas como drogas. Puede ser la dependencia de un montón de cosas, a las que sumo los medios de comunicación, porque hay gente que no puede parar de informarse, como otra gente no puede parar de tomar o consumir. La dependencia es muy grande en todo sentido. Por eso si uno puede evitar, desde el lugar donde está que otras personas caigan en un pozo de donde es difícil salir, debe hacerlo”.

En esa charla recordó que «yo estuve dando algunas vueltas por algunos infiernos que no son recomendables para nadie, uno contando sus experiencias me parece que estamos sumando y no restando. En un mundo que muchas veces vemos que gente que quiere restar para que muchos caigan en el consumo. Yo trabajo con chicos en situación de vulnerabilidad de derechos y muchas veces ellos no saben que es, la primera vez que le dan una sustancia. Ellos consumen o por curiosidad o porque el de al lado o el familiar lo consume. Si uno no puede manejar la situación hay tres lugares donde podes llegar, a una cárcel a un hospital o a un ataúd. Es muy concreto el recorrido, no hay otro camino, si empezaste en ese camino vas a terminar en un lugar».

Además de las advertencias a los más chicos habló «de lo bueno que es la vida, contar el otro lado, lo lindo que es el mirar sol, una nube, a un hijo. En medio de tanto idiota que destruye, uno tiene que estar del lado de los que construyen y buscan hacer algo bueno. Del lado de la destrucción yo ya estuve mucho y no lo quiero más», dijo.

Y en una crítica a la industria de la que supo formar parte y le conoce sus garras, dijo que «buscan que la gente no se comunique, por eso los llamo los miedos de comunicación. Nos hablan del negocio, los carteles, las muertes, eso lo sabemos. Pero no hablan de la vida y la lucidez, de eso no se habla. Acá hay muchos mensajes muy lindos de personas que no consumen, si no podemos acceder a esos mensajes o de las personas que consumían y recorrieron el camino de la droga y se fueron, es difícil».

Se nos quiere acotar el universo creativo e informativo, ahora todos tenemos la capacidad de chequear la información en cientos de lugares. Pero la verdad está en un lugar muy chiquito de uno. Todo termina en lo que para uno es importante. A veces veo que mi hija quiere jugar al lado mío y yo estoy allí con el teléfono mirando el Merval, que carajos estoy haciendo, está mi hija al lado, eso nos pasa a todos a veces”, remató.

En todas las charlas que viene dando por el interior del país, hay un speech similar o directamente idéntico que parece de guión, de charla TED, que no tiene nada de malo teniendo en cuenta que son charlas preparadas y que necesitan un orden para poder bajar la experiencia personal a los más jóvenes. En una de las últimas que brindó este año en Salvador Mazza, Córdoba, decía:

«La primea vez que consumí alcohol me reí mucho, la primera vez que consumí marihuana me reí más. La primera vez que consumí cocaína yo, que era tímido, no paré de hablar. Y quería hablar con todos de todo, y hacer mil millones de cosas. Durante un tiempo creí que era feliz con las drogas hasta que me empezaron a mostrar la verdadera cara de las drogas que no te dejan hablar, no te dejan dormir, solo querés consumir más y terminé en el mismo lugar donde terminamos todos, pero todos los que consumimos drogas: solo sin hablar, paranóico, encerrado en mi habitación con la llave puesta y la cama trabando la puerta, con la luz apagada y la persiana baja sitiendo que venía la muerte a buscarme. Si alguno alguna vez sintió eso, seguramente es algo que no querés vivir nunca más, por eso estoy acá, porque no quiero volver a ese lugar a estar encerrado y tampoco le deseo eso a nadie, mucho menos a pibes de 12, 13, 14 años. La cocaína no te deja dormir, por eso no te deja soñar«.

Este año también, movidito para Gastón, nos enteramos que se sumó a otra de las iglesias del momento: la terraplanista. Una especie de secta, que merece un post aparte, creada a partir de teorías conspiranoicas nacidas en foros como Reddit o 4Chan de Estados Unidos y que ya tiene fanáticos en Argentina.

Sostienen que todo esto es un engaño y que la Tierra es tan plana como se creía antes de los viajes de Colón. «No hay demostración empírica de que la tierra gire», dice el kia de los terraplanistas argentinos, Iru Landucci.

«Me planteo esta posibilidad de que la tierra no sea como me la contaron. Entonces la luna y el sol están girando al rededor de una tierra plana». Ambos se encontraron y hablaron en un programa de radio.