La galería David Zwirner de New York inauguró “What a Dump”, una muestra del artista conceptual Ray Johnson, pionero en el movimiento del arte postal (desde 1943), en la que se exploran sus obsesiones, su identidad queer y su rol como retratista de una época, una cultura y una forma de comunicación en la que hoy todos estamos inmersos.

Beyond the Forest es una película estadounidense de 1949 dirigida por King Vidor, con Bette Davis y Joseph Cotten. En la trama, Rosa Moline (Davies) es la esposa de un bondadoso médico de pueblo. Es una mujer ambiciosa y sin escrúpulos que no se detiene ante nada con tal de lograr su objetivo: tener sexo con el rico industrial Neil Latimer para que la lleve a vivir con él a Chicago. Y para conseguirlo, va a hacer todo lo posible, aunque tenga que recurrir al engaño, a la traición o al crimen. Este clásico del film noir americano inmortalizó la frase “What a Dump”, que sale de la boca de la protagonista cuando mira la casa donde está viviendo. Una pocilga. Y es también la frase que le da título a la reciente muestra de Ray Johnson.

La exposición en la galería David Zwirner de New York, que comprende collages y dibujos nunca antes vistos desde la década de 1950 hasta la de 1990, destroza la idea de un artista solitario que trabaja aislado del resto de la sociedad, para ubicarlo en el centro de una extensa red de artistas de vanguardia que a lo largo de todas esas décadas intercambiaron obras, técnicas, reflexiones y opiniones por correspondencia. En sus collages, cada imagen se suspende en su propio universo loco, pero siempre con una sugestión, una asociación y un significado agudo operando de manera subyacente.

Ray Johnson nació en 1927 en Detroit, Michigan. Estudió en el Instituto de Artes de Detroit antes de asistir al Black Mountain College en Carolina del Norte, donde estudió pintura con grandes profesores. A mediados de la década de 1950, ya se había decidido por el que se convertiría en su principal medio de expresión: el collage (o “moticos», tal como él llamaba a esa mezcla de imágenes tomadas de revistas, tiras cómicas y anuncios). Con el tiempo, y a medida que superponía fotografía, títulos de diarios y nombres reconocidos del arte y la cultura pop, esas obras comenzaron a ser cada vez más complejas. A pesar de su aparente fascinación por las celebridades, Johnson se distanció del mundo “físico” del arte mientras mantenía una presencia omnipresente a través de su actividad de arte por correo. Como fundador de la New York Correspondance School, hizo circular pequeñas obras dentro de una amplia red de amigos, artistas, escritores y curadores. Este recurso predicaba de algún modo la máxima de Marshall McLuhan, cuando decía que el medio es el mensaje, adelantándose varias décadas al comportamiento global que ocurre en Internet, donde el intercambio de contenidos reordena la vida diaria y transforma nuestros paisajes mentales.

Es cierto que, desde que Johnson comenzó con esta práctica, las plataformas para enviar y recibir correos han evolucionado de una manera inimaginable. Y si todo (y todos) estamos en contacto con todo (y todos) las 24 horas del día, los 7 días de la semana, puede significar mucho, pero también muy poco. Esta ansiedad universal por recibir algo (lo que sea), ha creado un juego de espejismos en las redes que le dan una nueva carga y un nuevo sentido al compendio de arte postal de Johnson. Un pirata informático que de manera análoga, tejió artesanalmente una red mundial utilizando el correo. Un maestro zen de las redes sociales que se adelantó varias décadas al futuro.

En sus collages, Johnson plasma ideas asombrosamente densas. Los nombres icónicos se frotan contra figuras anónimas, los detalles coloridos juegan con fotografías en dos tonos. Y si se toma en serio su sentido del humor, su trabajo puede resultar premonitorio también en otros aspectos. Sus figuras infantiles de conejos anticiparon cómics como Life in Hell de Matt Groening y su combinación de formas con texto anticiparon el grafiti. Un diseñador gráfico. Un artista conceptual. Un estilista de prosa satírica. Un fotógrafo. Un retratista. ¿Qué sucedía en el cerebro de Ray Johnson? ¿Quién diablos era? La narrativa oficial dice que era un recluso, que se escondía en su casa mientras se comunicaba con sus amigos a través de esos correos con paquetes. Para la critica, la muestra no termina de disipar esta noción, pero ilumina otro aspecto del artista, como una mariposa social. Ray Johnson se rió de todos y se rió último.

Ray Johnson murió en enero de 1995, después de saltar de un puente en Sag Harbor, Nueva York. Poco antes de su misterioso suicidio, clasificó minuciosamente el desorden de su casa en Locust Valley, donde dispuso todo para su descubrimiento póstumo. Gran parte de ese material y de ese desorden (What a Dump) hoy forma parte de esta muestra. Fue visto por última vez dando la espalda en el agua helada. No dejó testamento ni nota de suicidio. En cambio, ofreció arreglos criptográficos alrededor del número 13, incluida la fecha (13 de enero de 1995), el número de la habitación del motel (247) y todos esos efectos que sugieren que su muerte fue una forma más de arte para ser descifrada por una red de aficionados. Johnson fue un artista que, como Rosa Moline, era capaz de hacer cualquier cosa para cumplir su objetivo. Aunque tenga que recurrir al engaño, a la traición o a su propia muerte.