Rolando, ¿cambió mucho la música que te gustaba a lo que estás escuchando hoy? 

Era muy aficionado a la música, ahora menos. Estudié piano varios años, desde que era chiquitito me mandaban a la profe de piano. Me gustaba mucho el folclore argentino. Viví la época de furor de Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los Huanca Hua, que fueron muy importantes. Y después por supuesto me gustaron los Beatles, pero después de ellos nadie. En este momento escucho de todo, lo que ponga la radio. Me parecen geniales el grupo mexicano Maná, muy talentosos con unas letras extraordinarias. La milonga también me sigue gustando. Adriana Varela es mi amiga y la admiro muchísimo, es la voz contemporánea del tango.

¿Eras solitario en tu juventud?

No era especialmente solitario pero jugaba solo mucho rato porque teníamos una casa con un jardín enorme, con palmeras, guayabos, higueras, uvas, tenía una parra grande, quinotos, flores. Perseguía las abejas, las mortificaba, las clasificaba, pobres bichos. Le tiraba con el rifle de aire comprimido a los pajaritos. Estaba mucho tiempo leyendo El Corsario Negro colección Robin Hood, en la veredita al sol con mi perro. Y también lo que más hacía era jugar al fútbol, eso todos los días. Más aún, mi papá tenía una terreno al lado de casa donde puso unos arcos, armamos una canchita y hasta un club.

¿Cómo juega el pasado en tu vida, te considerás una persona nostálgica? 

Sí, definitivamente soy un tipo nostálgico. Considero que tengo mala suerte, que no hago las cosas bien, casi nunca, y recuerdo con mucha añoranza a mis padres cuando vivían, a mis amigos de la infancia y de la juventud, a mis novias, al colegio Nacional Buenos Aires donde pasé años inolvidables. Me gustaría ver a muchas personas que ya no veo en los distintos clubes donde fui haciendo mi vida porque mi familia es una familia clubera. Y yo soy clubero también. Extraño a esos amigos.

Con una pandemia mundial y un virus desconocido, ¿le temés a la enfermedad?

Tengo el miedo que tenemos todos. Además después del primer mes de confinamiento ya te causa daño psíquico. No ves a tus amigos, no ves a la gente, te sentís muy raro, surgen todo tipo de miedos. Además nos ha tocado una versión horrible de la pandemia. Cómo son las otras no sé. Miedo como el ahora no pasé nunca. Operaciones o cosas así dolorosas no he tenido… alguna vez, ah sí, una vez tuve un ataque de gota de tanto comer bifes. Eso duele. Pero después que te lo curan te vas olvidando, gracias a Dios. Pero a mi la esta pandemia no me gusta nada, me sienta fatal. No le veo ninguna ventaja porque leo autores que dicen esperemos que no cometamos ciertos errores de nuevo como si esto fuera un castigo de Dios que nos hace chas chas porque hicimos algo mal. A ver, qué es lo que hicimos mal nosotros, cual es nuestra culpa en todo esto. Esto es algo inesperado, ha habido muchas pestes en la historia de la humanidad pero para nosotros fue inesperado no lo conocíamos. Y la versión argentina de la cuarentena interminable que sigue sin terminar, ha sido tremenda. Causa un gran daño psicológico, mental, afectivo, la gente está muy sola, aislada, es embromado.

Estuviste hasta la semana pasada en la radio a una hora donde suele hacerse evidente la necesidad de una compañía, con un programa que algunos medios definieron como un «Tinder radial» y en un momento especial en el que la cuarentena nos hizo estar mas solos que nunca. ¿Estás notando esto en los oyentes que llaman a la radio, que se siente más la soledad?

No estuvo mal que lo llamaran un Tinder radial porque noto mucho la soledad de la gente, y a la noche se nota más: la gente ahora no puede dormir. Hay miles de oyentes de todas las edades que buscan pareja porque están solos en la casa, algunos que se divorciaron, otros que se quedaron viudos. Pero el divorcio ha hecho estragos. El matrimonio está muy difícil, hay cada vez más tentaciones, dudas. Estamos viviendo una gran crisis de la familia y no me parece que la estemos resolviendo bien. En la radio lo que traté de hacer es un puentecito para que algunos se encuentren con su pareja. Además no le pongo límites. Hay parejas de hombre con hombre y mujer con mujer, obvio. Y también las de toda la vida. En todas las edades la gente si siente sola y quiere rehacer su vida pero no es fácil. Trato de dar una mano y me agradecen. Además de conectar personas, me dedico a otras cosas, momentos de la vida que le pido a la gente que me cuente. Por ejemplo, el primer beso, si tuvieron un amor prohibido, si saben de dónde vinieron sus abuelos, creo que hacemos algo original, algo diferente. Pero todo lo hacen los oyentes que cuentan sus historias, yo voy mechando un poco de fútbol, un poco de sexo, un poco de cine, poquititísimo de política, porque en general no me meto.

Estamos viviendo un boom de las prácticas de contemplación guiada y virtual. En tu caso, ¿seguís meditando con el Movimiento Osho?

Tuve una época de meditación cuando iba al Instituto Osho Akeed y tengo mi identidad como iniciado, soy Swami Dhyan Nandi. Practiqué meditación varios años, después perdí el entusiasmo, no por Osho que me parece un genio, sino por los maestros de meditación.

¿Qué estás leyendo por estos días?

A la noche, que es cuando leo, trabajo hasta las dos y tres de la mañana, después me tengo que hacer de comer, vivo solo, entonces no tengo tiempo de leer. Leo mucho, aunque te parezca mentira, mis propios libros, que publiqué 15, para ver cómo pensaba a través de los años. Me reviso a mí mismo. Las cosas que escribiría de nuevo, las que escribiría distintas o no. Me parece que los 15 libros están bastante bien, suficiente inmortalidad con eso.

Además de la meditación, para los que seguimos no solo tu carrera sino también tus andanzas, recordamos las irrupciones en los programas de TV como gurú del nudismo sudamericano

El nudismo cuando uno se inicia no para nunca más. Lo sigo practicando. No te podés volver a poner un traje de baño. Es como bañarte con sombrero, no tiene sentido. El sol, el aire, el mar, hay que sentirlo en todo el cuerpo, en toda la piel. Y no tener la piel bronceada una parte sí, otra parte no. A mi el nudismo me encanta, me fascina, me sigue gustando. Y como de alguna manera soy un referente todos me hacen hablar de eso pero para mi no hay mucho para decir. Hay que vivirlo y una vez que lo vivís, una vez que estás desnudo en una playa o en una pileta quince minutos y ves que nadie te mira, que a nadie le preocupa mucho como seas. Te ven tan cual sos. Además un traje de baño no te esconde mucho, sos la misma persona. El nudismo es una de las cosas en las que creo y practico siempre. Lo hice en Saint-Martin, tuve casa en Chihuahua, la playa nudista de Punta del Este, tuve otra casa en la Playa Escondida de Chapadmalal, lindísima playa. Fui también a la otra, al Faro Querandí. Conozco bastante la de Miami, Haulover beach, y la de Cala Balmins, en Sitges, que es bárbara. He dado la vuelta al mundo viendo playas nudistas. Hay muchísimas. Recuerdo una en Buzios que se llama Olho de Boi, ojo de buey, pero no me pareció muy apropiada, queda muy lejos y es un lugar un poco peligroso. Pero por lo general, las playas nudistas son los lugares más civilizados y respetuosos que hay. No hay ruido, no hay pelota, no hay paleta, no hay fotos, no hay gritos, es muy agradable, es otra manera de estar al lado del agua.

En tu experiencia, ¿qué lugar paradisíaco podés recomendar para alguien que se quiere iniciar en el arte de andar sin ropa?

Recomiendo la Playa Escondida de Chapadmalal, es muy coqueta, muy linda, tiene una pileta hermosa con una caseta de masajes espectacular rodeaba de blindex para mirar desde arriba todo el panorama del mar. La gente además es macanuda, somos todos muy amigos. Voy siempre que puedo, ahora ya no tengo la casa, la tuve que vender, pero siempre hay un lugarcito donde ir. Y como playa nudista loca puede ser Haulover beach, que es todo un espectáculo.