Por Ricky Esteves

Ross Ulbricht no es el típico delincuente, y mucho menos encaja en el perfil de una mega mente criminal. Su aspecto es común, como el de cualquier joven de quien se asume que lleva un estilo de vida simple. De 31 años, nacido en Texas, es un emprendedor que estudió física en la universidad y obtuvo una maestría.  Sin embargo, las apariencias a veces engañan, y tras una impresionante cacería humana que duró más de un año, además de un polémico juicio que fue foco de atención a principios de este año, Ross Ulbricht fue declarado culpable de cargos como conspiración para vender drogas, conspiración para cometer asesinato, lavado de dinero y delitos informáticos, crímenes por los que se lo condenó a seis cadenas perpetuas.

Las razones para la condena no son menores: Ulbricht es señalado como el creador y administrador de Silk Road, un sitio de compra y venta de drogas, artículos de contrabando y falsificaciones, entre otras mercancías ilegales, que combinaba tecnología de encriptamiento, deep web y bitcoins para crear un lugar anónimo y seguro en el cual llevar a cabo transacciones de todo tipo, un ambiente opuesto a la tendencia actual de hacer públicos todos los aspectos de nuestras vidas. Silk Road nació del sueño de Ulbricht de crear una sociedad más libre, y sobre todo libre de violencia, sin pensar que el emprendimiento se convertiría en el mercado de drogas más grande de internet, ni que el proyecto derivaría en una persecución por parte del FBI y la DEA por la que terminaría enjuiciado, declarado culpable y sentenciado a prisión de por vida. Por el contrario, según los relatos Ulbricht era un idealista libertario, inspirado en las ideas del economista Ludwig Von Mises. Alguien que aspiraba, como dijimos, a una sociedad más libre, sin intervenciones ni restricciones del Estado. Inesperadamente, el éxito de Silk Road fue tan inmediato que no tardó en despertar grandes preocupaciones en las autoridades, las cuales se ocuparon de convertir a Ross Ulbricht en un peligroso enemigo público que fue perseguido y enjuiciado como tal. Lo que empezó como un experimento para poner en práctica sus ideas sobre la libertad individual terminó en lo que algunos llamaron el juicio del siglo. La corte no se dejó influenciar por su apariencia ni el testimonio de carácter que dio su familia y falló sin consideración encontrándolo culpable.

 

BARDO RICKY

 

La historia de Ross Ulbricht fue tapa de la revista Newsweek, y medios como The New Yorker, WIRED, Forbes y el New York Times dedicaron destacados artículos sobre el tema, dando lugar a una importante discusión sobre la tecnología, el derecho a la privacidad, las libertades individuales, las nuevas modalidades delictivas y las maneras en que las fuerzas de seguridad pueden combatirlas. Es un gran relato que marca un punto de inflexión en nuestro tiempo, y que establece el momento en el que la ley pasó a imponer un límite a la tecnología que señala que no somos libres para hacer lo que queramos en la red y que se castigará severamente a quienes infrinjan la ley en internet. Es la historia del fin del sueño de que la tecnología nos hará más libres y el surgimiento del miedo a sus usos y las nuevas modalidades delictivas que puede producir. Aunque esta historia sea compleja y tal vez nunca conozcamos la verdad por completo, intentaremos relatar brevemente el caso y destacar algunos de sus aspectos más sobresalientes.

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En 2009, con 25 años de edad, Ross William Ulbricht terminó su maestría en ingeniería en la Universidad Penn y volvió a Austin, su ciudad natal, para comenzar una carrera en finanzas y empezar su propio negocio. Consiguió un empleo como corredor de bolsa, pero no funcionó. Intentó varias otras cosas sin éxito hasta que apareció la oportunidad de trabajar para un amigo en una empresa que vendía libros por Amazon. Justo cuando el negocio comenzaba a tomar forma, un hecho fortuito, el colapso de las estanterías donde almacenaban los libros, hizo que el depósito entero se desmoronara, poniendo fin al emprendimiento.

 

Desanimado y sin dinero, Ulbricht no sabía qué hacer. Pensó que no tenía nada que perder y comenzó a trabajar en un nuevo proyecto que le permitiera poner en práctica sus ideas, hacer algo que le gustara y le diera lo necesario para vivir. En febrero del 2011 lanzó Silk Road, un sitio en la Deep Web que permitía comprar drogas y pagar con bitcoins. Ulbricht comenzó vendiendo hongos alucinógenos que él mismo había cultivado. A los pocos días recibió su primer pedido, y poco después había vendido todo el lote. Pensó que podría permitir que también otros ofrecieran sus productos en Silk Road, y así se sumaron más vendedores ofreciendo una mayor variedad de drogas, a las que eventualmente se sumaron más y más productos ilegales y de contrabando. En Silk Road se podía conseguir desde heroína afgana de la más alta calidad y cocaína colombiana pura hasta marihuana de todo tipo, con envío a cualquier domicilio por correo. Sin embargo, sería falso decir que Silk Road permitía vender cualquier cosa. Tenía restricciones. El sitio establecía en su código de ética la prohibición de pornografía infantil y asesinatos por encargo. Los administradores comprobaban además rigurosamente que los vendedores fueran genuinos para garantizar la veracidad de los productos comercializados a través de Silk Road, lo cual fue una de las claves de la reputación y el gran éxito alcanzado por el sitio.

 

Silk Road funcionaba cómo cualquier sitio de comercio electrónico en línea como e-Bay o Mercadolibre. Cada producto mostraba su foto y descripción para que los usuarios pudieran buscar su sustancia favorita y comprarla con facilidad. El sitio era muy completo y tenía foros donde daban todas las explicaciones de cómo embalar las drogas para enviarlas por correo sin ser detectadas. Para Ulbricht, sin embargo, Silk Road era mucho más que una plataforma de e-commerce para la compra y venta de drogas. Era una comunidad en la que se reunían personas para manifestar y ejercer la libertad individual. Ulbricht incluso consideraba a Silk Road un movimiento a favor de la libertad; expresaba estas ideas en los foros de discusión del sitio, en los que participaba activamente bajo el pseudónimo Dread Pirate Roberts (personaje de la novela The Princess Bride, de William Goldman; un justiciero encapuchado encarnado por distintas personas que mantenían viva su figura). Ulbricht pensaba que los demás usuarios compartían sus ideas políticas, y de seguro muchos lo hacían. Creyó que con Silk Road podía lograr mucho más de lo alcanzado y llegar a un verdadero cambio que transformara a la sociedad. El sitio fue sin duda un éxito más grande de lo que imaginó. Impulsado por el éxito de su naturaleza innovadora, segura y anónima, en su mejor año llegó a generar ventas por 1200 millones de dólares. Y es bien sabido que las autoridades no pasan por alto este tipo de movimientos financieros.

 

MAS PASTISFRASQUITO

 

En 2011 (apenas meses después del nacimiento del sitio) el senador norteamericano Charles Schumer denunció públicamente a Silk Road, sosteniendo que era inaceptable que se pudiera conseguir drogas en internet con tanta facilidad e impunidad. Esto hizo que agencias como el FBI y la DEA comenzaran una investigación para encontrar a Dread Pirate Roberts y detener el funcionamiento y la expansión de Silk Road. Esto no era una tarea fácil, considerando que Silk Road no solo funcionaba en la llamada Deep Web sino que además sus operaciones se realizaban con bitcoins, permitiendo a sus usuarios mantener el anonimato.

 

La Deep Web y el bitcoin

 

Deep Internet, más conocida como Deep Web, es la porción de la red que se encuentra fuera del alcance de los buscadores convencionales como Google. Se estima que la Deep Web contiene 500 veces más información que la encontrada regularmente en internet, y que representa el 95% de toda la red. Para acceder a ella se necesita por un lado un software especial llamado TOR, que encripta la dirección IP de la computadora evitando revelar su identidad y ubicación, y un navegador especial que opera bajo el código .onion. En la deep web es posible encontrar todo tipo de información, contenidos, personas, organizaciones -desde agencias de inteligencia hasta grupos terroristas-, activistas y defensores de los derechos a la información como Wikileaks y Anonymous, narcotraficantes, pornógrafos y delincuentes de todo tipo. La “web profunda” es utilizada con las más diversas finalidades, y para causas tanto nobles como delictivas.

 

La deep web es el hogar de un importante mercado que funciona con bitcoins, criptomoneda virtual que es utilizada en la deep web (y en la web tradicional, en menor medida) para realizar pagos en forma anónima y sin necesidad de trasladar dinero físicamente. Circula por la red independientemente de los bancos y las instituciones gubernamentales, y no está regulado por ninguna autoridad central ni está sujeto a las instituciones financieras de los países. Esta moneda virtual funciona y está avalada por su misma comunidad de usuarios. Su uso es sencillo; abrir una cuenta es muy simple y no requiere revelar o verificar la identidad. Si bien todas las operaciones de bitcoin quedan registradas en el Block Chain (base de datos que graba este tipo de operaciones), no existe forma de determinar la identidad de los titulares de las cuentas, algo evidentemente ideal para el funcionamiento confiable de una plataforma como Silk Road.

 

Por estos y otros motivos, el sitio era tan sólido que no fue fácil para el FBI descubrir la verdadera identidad de Dread Pirate Roberts y la ubicación de la computadora desde la que se conectaba e ingresaba a Silk Road. Los especialistas de la división de cibercrimen del FBI y la DEA buscaron a Ulbricht durante más de un año, y aún se discute en las comunidades de hackers si lo encontraron usando medios legales. El agente Carl Force encabezaba la investigación de la DEA y el especialista de la división de cibercrimen Chris Tarbell, la del FBI.
La investigación y el final
Force y Tarbell abordaron sus investigaciones de distintas maneras. El agente Force se infiltró en Silk Road usando una identidad falsa, con la que se hizo pasar por un narcotraficante de la República Dominicana llamado Eladio Guzmán.Comenzó a participar en los foros de Silk Road y logró ponerse en contacto con Dread Pirate Roberts. Una vez establecida la comunicación con Ulbricht, con el tiempo Force logró ganarse su confianza. A través de sus conversaciones el agente comenzó a recolectar evidencia incriminatoria.

Tarbell, por su parte, intentaba localizar el servidor en que se alojaba el sitio y la ubicación desde la que su administrador accedía al conectarse. Según el FBI, una vez que descubrieron que el servidor que alojaba a Silk Road se encontraba en Islandia viajaron hasta allí tras realizar un pedido formal a las autoridades para permitirles acceder al servidor y rastrear a Dread Pirate Roberts. Hay versiones que sostienen que esto no es verdad, que el servidor fue en realidad hackeado y que el FBI accedió de forma ilegal.

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Como sea, Ulbricht cometió dos errores fundamentales. El primero fue caer en el engaño de Force e incriminarse al pedirle que realizara un asesinato por encargo. El segundo error fue tener demasiada confianza y orgullo. Nunca pensó que lo atraparían, y cuando sintió que era momento de huir y esconderse fuera de los Estados Unidos fue demasiado tarde: ya lo habían identificado y estaban tras su rastro. Ulbricht ya tenía pasajes para dejar el país y se preparaba para escapar cuando fue detenido en San Francisco. Tras haber localizado su computadora y saber dónde se encontraba, comenzaron a vigilarlo mientras montaban un impresionante operativo para detenerlo en cuanto ingresara a Silk Road desde su computadora. Ulbricht seguía su rutina de caminar de su casa a la biblioteca pública desde la que se conectaba a internet. Los agentes estaban preparados y se encontraban en posición para detenerlo. Todos los movimientos de Ross estaban siendo monitoreados cuando ingresó a Silk Road ese día. En un instante un agente le quitó su laptop y lo arrestó en medio de un inmenso operativo policial.

 

Ulbricht fue trasladado a Nueva York para ser juzgado en una corte federal. El caso atrajo la atención de la opinión pública y generó tanto rechazos como apoyos a Ulbricht. La figura de Ulbricht en la corte no era tan intimidante como los cargos en su contra, y sin duda no tenía la apariencia de criminal violento. Admitió haber creado Silk Road, explicando que fue un experimento para él y que nunca se trató del dinero. También dijo haber abandonado el proyecto, que ya no era Dread Pirate Roberts y que el administrador de Silk Road era otra persona. Ulbricht intentó mostrarse cómo un joven común y corriente, pero la juez Katherine Forrest respondió «Usted no es mejor que ningún otro narcotraficante».

 

Tras un juicio de 11 días, le llevó al jurado solo un par de horas de deliberación encontrar a Ulbricht culpable de todos cargos que se lo acusaba. La justicia, al parecer, intentó con la condena a Ulbricht dar un ejemplo y enviar un mensaje a aquellos que estuvieran pensando en hacer lo mismo. La corte enjuició a Ulbricht como a un criminal peligroso, imponiendo en todos sus cargos la pena máxima.

 

Tal vez Ross Ulrich llevó su experimento demasiado lejos, tal vez realmente cometió estos delitos; quizás dijo la verdad y Dread Pirate Roberts es en realidad otra persona. Es posible que, como Silk Road representaba una amenaza muy peligrosa para las autoridades, el FBI haya violado la ley para encontrar a Ulbricht, y que la justicia haya exagerado el castigo. Como sea, es difícil imaginar cómo el líder máximo de una importante organización criminal puede ser un joven con una notebook vestido con una remera y jeans. Esto plantea un cambio en la mirada de la justicia sobre el delito y una decisión firme de restringir las formas en que usamos la tecnología. Uno puede no compartir las ideas de Ulbricht e incluso estar de acuerdo en que muchas de las cosas que hizo fueron delitos que merecen ser castigados; sin embargo, no podemos dejar de admitir la admirable convicción de su ideas, el ingenio de su creación y la tenacidad de su trabajo. A muchos nos lleva toda una vida descubrir qué queremos, y muy pocos logran llevar sus proyectos a cabo. Ross Ulbricht pudo hacer algo significativo para él. Aunque estuviera equivocado, tuvo el valor de intentar cambiar su realidad provocando una violenta reacción del orden establecido.

 

Hacer pública información confidencial de los servicios de inteligencia y bancos, crear software para compartir contenidos, eludir el control y la vigilancia; todas estas acciones plantean una grave amenaza para el Estado. La reacción de la autoridad es la criminalización de un sujeto con un nuevo perfil: de educación superior, alta formación técnica, acceso (a las corporaciones y administración pública) y gran sentido moral. Desafiar al poder se ha vuelto un delito muy grave. Poner la tecnología, la información o los secretos de los gobiernos al alcance de la gente se considera un acto perturbador que no puede dejar de ser sancionado de manera rotunda. Julian Assange, Edward Snowden, Chelsea Manning y Aaron Swartz -quienes para Slavoj Žižek son héroes de nuestro tiempo- fueron perseguidos por la justicia, encerrados o confinados al asilo político. Quizás Ulbricht no pertenezca a esta lista. Tal vez comparta con ellos cierto sentido de justicia y libertad. Pero lo que tienen en común es haber desafiado al poder.

 

La sentencia de Ross Ulbricht pone en evidencia la función disciplinaria y de control de la ley, y en contraste destaca el carácter subversivo y desestabilizador de acciones como la suya. Escapar de la vigilancia continua del Estado y las corporaciones, desarrollar una actividad fuera del alcance del ordenamiento legal, contar con intimidad para ocultar algo de nuestras vidas de la mirada controladora del público y las instituciones, atenta contra las lógicas de poder que dominan nuestra existencia.

 

La condena de Ross Ulbricht revela el temor que provoca en las autoridades la libre utilización de la tecnología y los cambios que puede generar, así como la clara voluntad de criminalizar a quienes incurran en estas acciones. Hoy en día puede ser más peligrosa una computadora que un arma de fuego. Tal vez la moraleja de este caso está en que podemos crear cosas nuevas con la tecnología, pero hacerlo tiene un costo y siempre es mejor mantenerse anónimo. La historia de Ross Ulbricht todavía tiene un final abierto. Tal vez no hemos escuchado lo último de Dread Pirate Roberts.

Ilustración: Germán Bardo