Todo indicaba que las medidas serían aun más estrictas. El insoportable encierro se potenciaba con un frío más hostil que el ya habitual de la fake primavera berlinesa.

Ese sábado, que hoy parece de otra era, asomaba como la última oportunidad aparente de salir al mundo exterior en varios días. El acotado plan de la jornada funcionaría como una especie de ritual del cual injerir el impulso que nos salve (o funcione como placebo sedativo) de lo posterior.

Inesperadamente las galerías estarían abiertas otra vez, después de mucho y por demasiado poco. Pedí cita en Spruth Magers para ver una exhibición que, casualmente, se titulaba “Save as” y me dispuse a capturar esa gema intangible que iba a necesitar.

Llegamos puntuales a la galería. El cielo de Mitte era luz de hospital. Una llovizna filosa y dura nos empujó a entrar posponiendo el cigarrillo que quería prender.

Cruzar el umbral fue suficiente para envolverme en esa energía elevada que tanto urgía. Unos largos pasos más tarde, allí estaba; la imponente obra de Saban.

Analia Saban nació en Buenos Aires en 1980 y vive en LA desde los 2000. Trabaja dibujo, pintura y escultura poniendo en cuestión lo que constituye a cada cual. Sus obras inauguran formas híbridas que complejizan las categorías convencionales y reescriben sus significados. A través de ella, Saban aborda cuestiones fundamentales sobre el arte y su sentido en la sociedad contemporánea, haciéndonos reflexionar sobre los materiales, la historia y la tecnología. Por ejemplo, algunos de sus lienzos tejidos son composiciones abstractas relacionadas con la historia de la pintura minimalista. Otros evocan ventanas, pasajes o funciones hacia una dimensión digitalizada, como un gradiente de Photoshop.

Esta muestra fue afectada por el contexto covid de distintas formas: acrecentó las dificultades de realizarla a distancia desde LA y privó meses de exposición por el lockdown. Sin embargo, acentuó sus cuestionamientos sobre el límite cada vez mas difuso entre el mundo físico y el virtual, mas palpable con la expansión de la vida digital en plena pandemia.

Las series de Save As exploran los estados del ser, los binomios digital-analógico, realidad-ficción, humano-máquina.

El enfoque me pareció fascinante y quise indagar un poco más. Fue así como, dos meses después y con nueve horas en el medio, conversamos sobre robots, huertas orgánicas y pantallas, a través de ellas.

REGIA: Tu obra explora lo híbrido, la transformación y la tecnología en un sentido amplio. ¿Cómo crees que la pandemia afectó estos procesos, más allá del aumento obvio del consumo digital? ¿Cómo repercutió esto en Save As?

ANALIA SABAN: Estos conceptos venían de antes. La tecnología, las crypto cards, la artificial inteligence son temas que están emergiendo a la vez y me interesan desde hace muchos años. Es más, en paralelo mi master de Fine Arts en UCLA, tomaba clases de Computer Science para comprender la parte filosófica y social de cómo esto nos repercute. Siempre busqué entender a la tecnología desde su base, para conocer cómo nos puede afectar. Entender el material para ver el efecto en nosotros. Con la pandemia pasó a ser la única forma para comunicarnos, haciendo que sin tecnología dejemos de existir. Y también tiene que ver con el concepto de exhibición. El título Save As vino en medio de la pandemia. Tiene un doble significado; Save us from this pandemic y Save As de archivo, guardar como.

R: Con respecto a tu exploración del universo textil; hacés hincapié en la información sobre el mundo/sociedad que revela un material sintético (reconociendo el impacto de lo tecnológico) y al mismo tiempo destacás el valor de lo hecho mano ¿Hacia donde crees que nos dirigimos?

AS: Mientras tengamos un cuerpo vamos a tener que sostener una relación con la naturaleza. El día que podamos hacer el total disembody tal vey podamos ser totalmente virtuales, pero para mantener la salud mental todavía necesitamos raíces con todo lo que eso implica: alimentos buenos, agua natural. Pienso que se puede generar una brecha demasiado distante entre quienes pueden acceder a agua de manantial o verduras orgánicas, comprar un libro de verdad, hacer deportes y respirar aire libre con quienes solo tengan a acceso a cosas industrializadas. El poder estará en los gobiernos para que las dos partes puedan tener acceso a algunas cosas. Esa es la parte negativa. La positiva puede ser el acceso a la educación. Es algo en lo que pienso todo el tiempo y es difícil definirlo porque es nuestro presente. Va a ser más fácil concluir de acá a diez o veinte años Es el tema del momento, la tecnología en todo sentido y cómo nos afecta.

R: ¿Crees que es más un tema actual o que la “superioridad” tecnológica es una sensación inherente a cada momento histórico, que siempre se identifica “adelantado”?

AS: Seguramente es algo que existió en todos los tiempos ya que siempre hubo presencia de movimientos: en la Revolución Industrial, por ejemplo. Inclusive hubo una agrupación llamada Luddites que protestaban contra el telar y querían destruirlos todos. El tema de la tecnología tiene mucho que ver con el reemplazo y por lo tanto con el trabajo. Sin embargo, esta vez pareciera que los números son exponenciales, sobretodo con el avance de la inteligencia artificial. Está pasando todo muy rápido. Cada microchip nuevo es como el doble de velocidad que su anterior y parecería que vamos a un ritmo cada vez más acelerado.

R: Si la esencia del hombre es álmica y la de la máquina (aunque dada por el hombre), de momento es artificial: ¿Cómo influye esta hibridación en nuestra sensibilidad? ¿Y en las ganas de vivir?

AS: Lei un libro sobre esto que se llama “IA Superpowers” que habla mucho sobre este momento y la premisa mas importante predice que vamos a perder como el 40% de los trabajos en pocos años y que el desafío mas grande pare el hombre va a ser definir qué quiere hacer con su vida. No tanto por la falta de trabajo en sí, porque se puede compensar con universal income pero lo más traumático va a ser el no trabajar, resolver como uno se define más allá de lo profesional (soy medico, artista, psicólogo). Me parece interesantísimo indagar en cómo nos vamos a dar sentido.

R: ¿Cuál de tus obras de Save As sentís que mejor sintetiza esta concepción?

AS: El pedazo de mármol. Es una obra más difícil que una pintura en la pared. La tenés que ver en persona paras entender que es una reproducción. Realmente me hace pensar en qué estamos viendo, cuál es nuestra experiencia con la realidad, qué esta pasando a nivel industrial, a nivel calentamiento global y de materiales que no son sostenibles. Se va a acabar el mármol en algún momento. Acá en LA hay mansiones que llenan absolutamente todo de mármol de una forma indiscriminada. También se continúa extrayendo mármol de las profundidades del océano sin ni siquiera preguntarse cuántos animales se mueren cada vez. Esta pieza habla de todo lo que esta pasando y también de la necesidad de todavía tener un pedazo de mármol. Podríamos cambiarlo por concreto u otro material pero aún necesitamos poseer un pedazo de mármol a nivel cultural. El proceso de sacar fotos y escanear casi como si fuesen los últimos diez pedazos de mármol en el mundo para reproducirlos como mil veces más habla de este avatar del mármol y de miles de cosas. También es muy finito, como una imagen virtual de mármol de verdad. Realmente habla de este momento.

Cuando el zoom meeting llegó a su fin, veloces impresiones de las obras que había visto había semanas en Spruth Magers invadieron mi mente; circuitos informáticos, tapices de cobre realizados en telar, reproducción de mármol se sucedieron inaugurando sensaciones.

Tal como sugiere el título de la muestra, me convertí en el usuario que guarda un archivo en un nuevo formato. Un nuevo proceso de transformación se había consumado. Era uno más en la multiplicación eterna de informatización mental. No es uno más para pasar por alto.

 

Exhibition view: Analia Saban, Save As, Sprüth Magers, Berlin (25 February–10 April 2021). © Analia Saban. Courtesy the artist and Sprüth Magers. Photo: Timo Ohler