En estas elecciones Mauricio necesitaba caricias significativas pero recibió un sonoro cachetazo electoral. La crisis hizo su propia campaña, silenciosa y letal, lo que dejó sin argumentos al presidente para enfrentar una oposición unida que resurgió cual Ave Fénix.

El peronismo parece ser un imponderable de la política argentina, destinado a transformarse, mas nunca a desaparecer. Macri lo quiso enfrentar cara a cara, ya como retador, ya desde el poder, aunque durante la segunda mitad de su mandato solo logró que se una a la sombra del espanto que genera un duro ajuste económico.

En esta campaña chocaron dos estrategias. La oficialista simplemente recurrió a lo que siempre funcionó: acentuar una polarización feroz para comerse a la rival, encarnada en CFK. Desde el poder, el macrismo manejó recursos e influencia mediática, lo que lo mantuvo con chances durante mucho tiempo. No olvidemos que Cambiemos ganó las elecciones legislativas hace apenas dos años. El copamiento de las redes sociales fue el recurso clave del que se jactaron dominar en las filas amarillas, tanto es así que apostaron todo al mismo plan. Mientras tanto, el peronismo dividido no encontraba salida a su propio laberinto. La ex presidenta Cristina Fernández esperó el momento indicado para hacer un enroque que sorprendió a todos y dejó al gobierno confundido…jaque.

El mate vendría el domingo 11 de Agosto, en las primarias obligatoria (PASO). Ahí la reina se comió al rey en un solo movimiento de sufragio coordinado. Macri pagó caro el encierro ideológico sobre si mismo, reflejado en una relación simbiótica con su álter ego, el joven jefe de Gabinete Marcos Peña.

Nunca le abrieron la puerta a nadie, ni siquiera a sus aliados. Esta vez, Peña creía tener un nuevo as en la manga con sus Defensores del Cambio, un ejército reclutado vía WhatsApp para reivindicar la figura de Mauricio como líder de una nueva era en la Argentina.

La variable que no funcionó fue la mas evidente: pocos quieren defender una crisis desatada con la estampida del dólar luego del triunfo electoral de medio término. Es así que los Defensores del Cambio se transformaron en Desertores, votando nuevamente una dupla curiosamente llamada Los Fernández. El nombre propio Kirchner va quedando atrás. La grieta se irá angostando y la política -aunque traicionera- lentamente volverá a carriles mas sensatos. Un periodo presidencial de un solo mandato que termina (ojalá) es saludable para la democracia argentina. Nos estamos acostumbrando a votar seguido y eso es positivo.

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Sábado

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Ahora el presidente deberá recurrir a sus prácticas zen, respirar hondo y llamar a quien obtuvo el mayor caudal de votos para acordar una transición en paz. El resultado es prácticamente irreversible, por lo que una actitud beligerante por parte del presidente sería suicida… a menos que quiera llevarse puesta a Cristina y muchos ciudadanos de a pie, quienes según él lo traicionaron por un puñado de populismo.

Desafortunadamente, el día después nos muestra un Mauricio desencajado, enojado con los argentinos y con sí mismo, sin nadie alrededor en quien confiar y sin poder de persuasión. Lo que aun conserva es el poder del Estado, que incluye todas las fuerzas armadas. Ojo, una persona furiosa y armada es peligrosa. Como Macri mismo dijo hace poco: «Si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño».