A lo largo de doscientos años, la tecnología americana ha inadvertidamente creado un gigantesco parque de cemento con potencial ilimitado, pero fueron mentes de niños de 11 años las que vieron ese potencial.

– Craig Stecyk, 1975

Mientras miraba las finales olímpicas de skate femenino, donde chicas de 12 a 19 años barrieron con las medallas, me acordé de otros pibes de la misma edad que hace medio siglo revolucionaron el skateboarding. En 1975 el Zephyr Team, oriundo de Dogtown, Los Ángeles, tomó por asalto una competencia local en el sur de California, donde a fuerza de estilo y actitud forjaron la matriz de todo lo que vendría después. Antes de eso, el skateboarding era visto como un pasatiempo similar al yo-yo o el hula-hula, la destreza sobre la tabla se semejaba mas a la gimnasia que al surf, donde radica la raíz del skate y donde los Z-boys se inspiraron para atacar calles y piletas vacías con agresividad, redefiniendo lo que hasta ese momento era la norma.

Lo increíble del skateboarding es que tanto los pioneros como sus exponentes mas jóvenes son contemporáneos. Otros deportes olímpicos tienen siglos de antigüedad, como la lucha grecoromana o el lanzamiento de disco. «Ellos nos necesitan a nosotros mas que nosotros a ellos«, sentencia Tony Alva en referencia a la inclusión del skateboarding en los Juegos. Este Dogtowner OG de 63 años, quien aún patina y surfea, se expresó ambiguamente sobre el asunto en Instagram, advirtiendo sobre las veladas intenciones del Comité Olímpico Internacional y a la vez alentando a sus amigos del Team USA. Otro Tony, Hawk, el skater mas conocido del planeta, comparte la misma opinión, asegurando que «el skate no necesita la validación de los JJ.OO«, solo que en vez de quedarse a verlo en casa (no se permitieron espectadores en Japón), decidió aceptar una invitación especial para presenciar en vivo el debut olímpico del skateboarding, dándole un aura de legitimdad a la ocasión. Ahí andaba el Señor Halcón, de tan solo 53 años, patinando, sacando fotos y charlando con los competidores, para quienes es un ícono. Ambos Tonys son leyendas vivientes, creadores de trucos que siguen evolucionando con complejas variaciones a través de aquellos que encendieron la pista olímpica en Tokio.

Mientras en otros deportes «ya está todo inventado», en el skateboarding aún hay mucho por explorar. Es el mas moderno, urbano y excitante, combinando destreza física con un entorno habitual: la ciudad misma. La dedicación que requiere es constante, al igual que las caídas y los golpes. Es una actividad de riesgo, donde la pasión lleva a quienes lo practican a lograr lo que en teoría parece imposible (incluso hay una prueba que se llama «impossible»).

Otra particularidad del skate es la cultura transgresora que lo rodea, de la que se nutre y a la vez inspira, característica que lo diferencia de los deportes tradicionales y se expresa en el arte de tablas, música (hay un género llamado skate-punk) e indumentaria. No es secreto que estos elementos han permeado en la cultura mainstream a través de publicidades, películas y hasta dibujos animados: en todos lados hay una patineta. Mientras esperaba que arranque la disciplina inaugural -street- donde hubo chicas de 13 a 34 años atacando escaleras, barandas y bordes, lo que menos me importaba era ver la habilidad de las participantes, sino que la cultura esté presente y no se pierda entre puntajes y nervios deportivos. Las pibas superaron mis expectativas, sacando a relucir  la esencia misma del skateboarding, la cual curiosamente coincide con el llamado «espíritu olímpico» y radica en los valores del respeto, amistad y excelencia.

Al tiempo que el DJ tiraba clásicos del hip hop, punk rock y pop -se escucharon Ice Cube, Circle Jerks, The Smiths- las chicas demostraban su talento alentándose unas a otras y elevando el disfrute colectivo a nivel olímpico. Algunas reían al caer, otras al bajar un truco. Lograron generar un ambiente de diversión, a pesar de la colosal presión que rondaba la competencia. Al final parecía que todas habían ganado, con dos niñas de 13 y una de 16 años subiendo al podio. Lo mismo sucedió en la disciplina superpark (bowl), donde las chicas tuvieron un extraordinario gesto de camaradería en la ronda de cierre, cuando la local Misugu Okamoto falla su último truco y queda fuera del podio. Inmediatamente todas corrieron a consolarla, alzándola en andas y reconociendo así su fabuloso esfuerzo. El 4to puesto suele ser el mas ingrato, pero estas chicas se encargaron de dejar claro que en el skateboarding compartir una sesión no se trata de «ser la mejor», sino de pasarla bien, motivando a las demás a seguir superándose. Fue el momento mas emocionante de los Juegos y la confirmación que el alma del skateboarding no se puede exorcizar, aunque haya oro, plata y bronce en disputa. Nuevamente fueron niñas de 12, 13 y una chica de 19 las que subieron al podio en bowl.

Cabe señalar que entre quienes compitieron había gays, hetero y no-binarixs, una feliz realidad que refleja las luchas recientes por la identidad de género y el aspecto naturalmente inclusivo del skateboarding. Los muchachos también demostraron espíritu olímpico en sus respectivas disciplinas, pero fueron las chicas las que se ganaron el corazón de los espectadores, ya que en medio de tanta desolación pandémica, dieron una lección de sororidad y pasión imposible de olvidar.

De mas está decir que la indumentaria de los skaters fue de lo mejor que se vio en los Juegos: camisas, pantalones cargo, accesorios flasheros…varios llevaban auriculares, seguramente para escuchar algún tema lleno de energía que impulse sus pasadas. Uno de los skaters mas viejos en competir, Dallas Oberholzer, un sudafricano de 46 años, dropeó en el bowl luciendo una camisa de cebra que ni siquiera decía el nombre de su país. El típico arte de tablas tampoco pasó desapercibido: calaveras, colores flúo y diseños retro acompañaron a skaters de diferentes estilos que tiraron trucos de todas las épocas. Una fiesta.

Peggy Aoki tenía 19 años en 1975, cuando fue con sus compañeros del Zephyr Team a Del Mar Nationals para competir en categoría femenina, siendo ella la única chica -y la mayor- del revoltoso grupo. Ese día Peggy también fue la única de los Z-boys que ganó, aunque no sin la crítica de sus adversarias, quienes la acusaron de «patinar como un varón». Uno de los jueces les respondió «patina mejor que los varones». Hoy la Sra Oki tiene 65 años, aun surfea y es una gran fan del skate femenino. Ella perteneció a la pandilla mas rebelde de la historia, los auténticos Original Gangsters del skateboarding, teenagers vándalos que impusieron su estilo rompiendo el orden establecido sin pedir permiso. De pronto, cuando las medallistas se sacaron el barbijo para la foto, me pareció ver a la joven Oki en las caras niponas que sonreían desde el podio, pero quizás era solo mi imaginación.