¿Qué es una teoría de la conspiración?

Conspiración es en sí mismo un término jurídico en los códigos penales de varios países. Implica la cooperación de dos o más individuos para cometer un crimen. Actualmente en Argentina usamos, en su lugar, el término Asociación Ilícita. En su acepción literal, una Teoría Conspirativa es simplemente una explicación sobre un hecho determinado o una sucesión de hechos, como resultado de una conspiración. También puede ser una cosmovisión, una concepción del mundo como producto de una conspiración o una serie de conspiraciones estratificadas y concatenadas en forma coordinada en el tiempo. Originalmente esta acepción era descriptiva, más que calificativa.

Se calcula que a partir de los 60’, con el asesinato de JFK el término empezó a utilizarse para desacreditar a quienes, con mucha razón a mi entender, no compraban la versión oficial de la Comisión Warren, la de la “bala mágica” y Lee Harvey Oswald como un “lobo solitario”. Este uso derogatorio, mediático y académico, es el más difundido en la actualidad. En ese sentido, más que una categoría implica una estrategia para desacreditar todo discurso no-hegemónico que cuestione las prerrogativas del establishment, sus agendas a corto y largo plazo, la investidura de sus “sacerdotes”. Decirle a alguien “Conspiranoico” o “Teórico de la Conspiración” es un insulto que busca silenciar, ridiculizar a un grupo o individuo, pasando por alto la potencial veracidad de su discurso. Es una suerte de falacia argumentativa que engloba a gente muy disímil, muchos de los cuales solo cometen la imprudencia de desconfiar de poderes muy concentrados con intereses muy inconfesables.

Podríamos decir que, a raíz de la tensión entre esos dos usos, el término Teoría Conspirativa, como categoría, es una definición problemática, porque señala un lugar liminal, fronterizo, entre las nociones establecidas de saber y aquellos saberes que se encuentran en los márgenes, independientemente de que estén invocados por figuras de autoridad o por ciudadanos de a pie. Por lo tanto, más allá de su comprobación en términos positivos, duros, todo lo que se señala muchas veces como Teoría Conspirativa, constituyen saberes que están por fuera de lo establecido, de las versiones oficiales de los hechos, de la historia, de las ciencias, etc. Se trata de saberes alternativos, de formas de divergencia respecto de una noción centralizada del saber, lo cual no hace a las Teorías Conspirativas necesariamente verdaderas, o a las Versiones Oficiales necesariamente falsas, o viceversa.

¿Qué hace que estas teorías sean tan convincentes, crees que funcionan como un mecanismo de autoprotección que tiene la gente cuando no puede saber o entender todo lo que nos pasa, y que es probable que prosperen más en tiempos de incertidumbre colectiva en la sociedad?

La explicación que más, creo yo, va al nudo de la cuestión, no solo tiene que ver con la psicología sino además con la percepción. Jasun Horsley (aka Aeolus Kephas), un autor estadounidense, crítico de cine, psiconauta y de acuerdo a su propia definición detective liminal, explica la teoría conspirativa como un emergente de lo que llamamos disonancia cognitiva. Él dice que las grandes teorías conspirativas surgen en medio de eventos profundamente traumáticos a nivel colectivo donde hay una “fractura del Consenso de Realidad”. Algunos de estos eventos fueron el 9–11 o el ya mencionado magnicidio de JFK, el Holocausto, etc. El dolor y la confusión que provocan eventos similares, generan una suspensión de lo que llamamos Consenso de Realidad, es decir, el acuerdo tácito colectivo acerca de lo que es considerado Real. Este consenso se fractura porque simplemente no hay herramientas simbólicas para procesar psíquicamente el evento. Ahí es donde se genera una brecha en la psique colectiva entre la versión oficial de los hechos, que busca imponer un nuevo consenso funcional a ciertos intereses, y la percepción de algunos individuos o grupos que simplemente “vieron otra cosa”. Ese “ver otra cosa” remite muchas veces a vivencias súper palpables de testigos directos, a criterios muy bien fundados de especialistas, etc.: En el 9–11 estaban el sonido de las explosiones, las vigas de acero “derretidas por el combustible”, el edificio 7 del WTC que se cayó sin previa colisión, las señales de demolición controlada; en el asesinato de JFK, teníamos el humo y las corridas detrás de la empalizada, el film Zapruder, Oswald como espía en la URSS, etc. Esa disonancia cognitiva, que hace que la versión oficial no te cierre porque estás viendo cosas que no están incluidas en ella, genera lo que Horsley llama percepciones no consensuadas, las cuales con el tiempo conforman narrativas alternativas que son etiquetadas derogatoriamente como “teorías de la conspiración”.

Al mismo tiempo, como esa suspensión del Consenso de Realidad es muy insoportable, ya que por ser producto de un trauma genera mucho stress y pánico, muchos individuos van a tender a aferrarse a la versión oficial, sin importar cuantos agujeros tenga, porque eso les va a permitir restablecer su equilibrio psíquico perdido, incluso a costa de entrar en lo que Horsley llama un Túnel de Realidad. Los túneles de realidad son básicamente “nuevas normalidades”, para utilizar un término en boga, realidades de diseño establecidas en base a nuevos presupuestos que avanzan agendas de control y permiten arriar más ganado, o ponerle una correa más corta al perro.

Lo central acá no es tanto si hay un poder oscuro por detrás o es todo obra del azar y la casualidad, para contrastar las dos hipótesis fundamentales en pugna, sino entender que la Teoría Conspirativa nace donde la Versión Oficial hace agua. Para explicarlo en términos jungianos, la Teoría Conspirativa es la Sombra de la Versión Oficial y emerge de los materiales perceptuales-informativos que las Versiones Oficiales excluyen o sepultan en el Inconsciente Colectivo.

¿Todos somos susceptibles de creer en teorías de conspiración, existe algún tipo de droga de entrada a este mundo, la TV, los foros? Leí por ahí que el mejor predictor de creer en una teoría de la conspiración es creer en una y esa te lleva a otra y a otra y a otra…

Yo llegué a las Teorías de Conspiración leyendo libros. Puedo citar dos que fueron fundamentales en mi búsqueda: Hitler Ganó la Guerra (2004), del economista argentino Walter Graziano, y The Biggest Secret (1999), de David Icke. El primero es más materialista, centrado en lo socio-político y económico, reconoce la existencia de sociedades secretas pero no concibe la Magia o el Ocultismo como algo que pueda tomarse en serio. El segundo es hiper-transdimencional, se zambulle directo en la cuestión de los alienígenas ancestrales y populariza la teoría de los reptilianos.

Hay gente que se mete mucho con las conferencias en Youtube, otros con los foros y blogs. Sin embargo creo que lo fundamental es ir a los libros, armarse una biblioteca de a poco, virtual y/o en papel. Como dije antes, uno no lee Teoría Conspirativa, sino saberes de diferentes disciplinas que de alguna manera lograron trascenderlas o quedaron excluidos de ellas. Por eso hay que leer de todo, psicología, filosofía, antropología, economía, historia, física, etc.

Respecto al tema de las creencias, las explicaciones más repetidas por el establishment insisten siempre sobre la “creencia” en las Teorías Conspirativas, cuando en realidad no me parece que se trate de creer, sino precisamente de desconfiar, de un escepticismo sano respecto de cualquier cosa que genere disonancia cognitiva. Volviendo a Carl Jung, él decía que los sueños tienen una función compensatoria o niveladora respecto a la realidad consciente del individuo. El Inconsciente envía símbolos o imágenes arquetípicas en forma de sueños o visiones para señalarnos errores, fallas, excesos, carencias que existen en el plano consciente y la necesidad de abrirnos a lo que el Inconsciente propone y dispone. Él decía que determinadas corrientes culturales o espirituales en la Historia, como el Gnosticismo y la Alquimia, han cumplido la misma función compensadora, tratando de tapar los huecos espirituales que el Cristianismo, durante la Antigüedad tardía y el Medioevo, estaba dejando en la Civilización Occidental. A mi entender las Teorías Conspirativas cumplen una función compensadora similar, señalando que es necesario abrirse a una información del Inconsciente Colectivo que está siendo excluida del plano consciente social, es decir, de las Versiones Oficiales y del consenso de Realidad cerrado que estas promueven. Por eso, no se trata de que la gente necesite “creer”, se trata de que natural y saludablemente desconfiamos y eso es lo mejor que puede suceder. La tendencia a considerar algo alternativo es un sucedáneo lógico del escepticismo respecto a lo hegemónico. Eso implica que no todo está perdido, que hay seres humanos despiertos que están dispuestos a desafiar el consenso en nombre del espíritu crítico y la libertad de expresión.

Se habla de que el actual jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, es de origen reptiliano. ¿Qué son los reptilianos?

La teoría de los reptiloides o reptilianos está asociada a la de los alienígenas ancestrales o astronautas antiguos, que a su vez proviene de lo que se denomina como Arqueología Prohibida, que serían las investigaciones arqueológicas que consideran la posible interacción humana con razas extraterrestres desde tiempos remotos hasta la actualidad y que son, por lo tanto, desterradas por el consenso académico. Se supone que son entidades interdimensionales, es decir, que existen en un plano invisible, por fuera del espectro lumínico perceptible regularmente al ojo humano.

Esta teoría tiene además sustento en los estudios comparados de la mitología, el folclor y la religión y fue difundida por autores como el español Salvador Freixedo, el británico David Icke y por intermedio de este, el chamán zulu Credo Mutwa. Según esta narrativa, los reptilianos son una raza extraterrestre, para algunos proveniente del Planeta X o Nibiru, para otros de nuestro propio Sistema Solar, que ha logrado manipular históricamente a la raza humana por medio de la creación de élites intermadiarias, con un ADN híbrido humano-reptiloide. Estas élites serían la tiranía invisible, y a veces visible, que gobierna nuestro planeta y que gracias a su ADN híbrido tienen la capacidad de mediumnizar y recibir poder e información de estas entidades. Ahora bien, esta teoría se vincula directamente con el sacrificio humano, la pedofilia, el abuso ritual satánico, la endogamia aristocrática y el vampirismo como constantes históricas, desde las civilizaciones antiguas hasta las sociedades ocultistas actuales, precisamente porque estas entidades habitan una suerte de limbo, la 4º dimensión inferior, donde no hay energía que ellas puedan utilizar. Por eso necesitan altas cuotas de energía negativa, residual, proveniente de nuestro plano, de ahí la vinculación simbiótica con las élites intermediarias, las cuales les proveen tributo sacrificial a cambio de poder terrenal. La versión ampliada de esta teoría lleva a considerar la Historia humana como una suerte de sacrificio constante a gran escala, por medio de guerras, crisis y otras calamidades orquestadas por la élite globalista, para alimentar a estos parásitos.

Recientemente se ha vinculado a esta teoría con las cosmogonías del Gnosticismo, que hablan de los Arcontes y el Demiurgo, que vendrían a ser entidades malignas que se aprovechan del error humano. Sintentizando un poco este último link, para los gnósticos, los Arcontes y el Demiurgo son, a diferencia de los seres humanos y la Tierra, entidades inorgánicas, es decir, que no tienen creatividad propia, ni una capacidad emotiva, sino que son inteligentes y hábiles para replicar, modificar y editar lo ya dado. Esto explicaría la imperiosa necesidad de nuestra cultura y tecnología actuales de crear mundos virtuales, inorgánicos o artificiales, por medio de la edición y la copia de datos, que desvían y pervierten la creatividad humana en favor de la abstracción y la destrucción de la naturaleza. Ideologías como el Transhumanismo y estéticas de la Ciencia Ficción como el Ciberpunk están íntimamente vinculadas a este núcleo conceptual-simbólico.

La teoría de los reptiloides se ha extendido mucho en la cultura popular, al punto que tenemos series de TV, dibujos animados y films donde los villanos, y a veces los héroes también, tienen aspecto reptíloide. En la cultura web se ha viralizado enormemente, con infinidad de videos pixelados donde líderes y celebridades parpadean dejando ver ojos reptiloides o exhiben descamaciones de una coloración sospechosa. En la última década en nuestro país, sobre todo a partir de entrevistas a Ricardo Iorio, donde él hace alusión a esta teoría, decir reptiloide es como acusar a alguien de maligno y despreciable, muchas veces con sobrados motivos.

Por otra parte, tanto en los sueños, como en el folclor y la mitología, el arquetipo de la Sombra toma muchas veces la forma de monstruo, dragón, serpiente o demonio. Para Carl Jung el arquetipo de la Sombra representa todos los aspectos, conscientes e inconscientes, del individuo que el Ego niega, reprime o no acepta de sí mismo. Se trata de los aspectos más avergonzantes o poco comprendidos de la personalidad, de todo aquello a lo que tememos u odiamos en nosotros mismos. La aparición de estas entidades en el imaginario popular implica, quizás entre otras cosas, que colectivamente estamos proyectando la Sombra de nuestra cultura global en formas monstruosas y bestiales. Para integrarlos es necesario recurrir a otro arquetipo, el del Héroe, quien se encarga de matar al dragón o demonio en muchos relatos religiosos y mitológicos. El Héroe busca extremar la voluntad del individuo para capitalizar nuevas aptitudes y talentos y así extraer energía psíquica de la Sombra, integrando positivamente aspectos de esta al plano consciente. En suma, esto significa que como seres humanos debemos emprender un camino espiritual, introspectivo, explorar el Inconsciente para transformarnos en lo que Carlos Castaneda denomina como Hombres y Mujeres de Conocimiento; es decir, hacer terapia y meditación, investigar los sueños, los símbolos, las plantas, los cristales; zambullirnos en lo único desconocido que queda en este mundo transparente, que es la propia psique humana. Esa es la única herramienta que cuenta para crear una Realidad mejor.

Alex Jones es un popular teórico de la conspiración en Estados Unidos. Una parte de su atractivo, creo, es que es divertido de ver. Podés ver la sangre hirviendo en su rostro. Es entretenido. ¿Es eso parte del atractivo de las conspiraciones, qué es divertido pensar en ellos? 

Una de las categorías que en los últimos años ha acuñado y difundido Jasun Horsley es la de Conspiratainment, que es básicamente la apropiación de los elementos conspirativos de la cultura por parte de la Industria del Entretenimiento. Según Horsley esta apropiación constituye una Matrix de segundo orden para atrapar a aquellos que han logrado avisorar la Matrix original. Explicado en términos de los filósofos franceses Gilles Deleuze y Felix Guattari, esto significaría que la naturaleza axiomática del Capitalismo ha logrado asimilar el flujo desterritorializado de las Teorías Conspirativas. Así la Teoría Conspirativa se normaliza dentro de la sociedad capitalista como una forma más de consumo simbólico y de este modo se neutraliza su potencial opositor.

En este sentido la figura de Alex Jones ha sido central, aunque desde el inicio siempre fue muy polémica. Él nunca negó la vinculación de su familia con la CIA y esto le daba un aura de insider, informante o desinformante. Sus medios de comunicación han jugado un papel importante a la hora de difundir autores relevantes como el politólogo argentino Adrián Salbuchi y tantos otros de todo el mundo. Ha producido y narrado documentales que son dignos de ver. Sin embargo hoy es poco más que un bufón en la corte de Trump, arengando desde su púlpito a las hordas Alt-Right y fogoneando una agenda ya, por fortuna, sin ninguna careta.

La catarsis de Jones, y la de muchos otros como él, es un arma de doble filo. Por un lado es, como decís, divertida, pero esa fascinación morbosa que genera suma energía a la lógica del espectáculo. La forma supera al contenido y esto es algo que, considero, hay que evitar a toda costa. Aquellos interesados sinceramente en reflexionar no recurren con tanta facilidad a la histeria, al griterío, al insulto, incluso cuando son muy vehementes.

Igual las teorías de la conspiración no solo son entretenidas. También dan miedo. Las personas que creen firmemente en estas teorías también tienen niveles más altos de ansiedad. Entonces no son tranquilizadores.

Me atrevo a decir, citando a Paracelso, que la diferencia entre el veneno y la medicina está en la dosis, podríamos afirmar también que en la consciencia de quien recibe y pone en consideración la información. Si nos dejamos llevar por la lógica del entretenimiento y el consumo, la Teoría Conspirativa va a volverse una droga más, como la TV, las redes sociales, las series, la pornografía o cualquier otro estupefaciente, una excusa para evadirnos y delegar responsabilidades. Por el contrario, si la utilizamos como una vía para entender el mundo y descubrirnos a nosotros mismos, con mesura, abiertos al debate y al intercambio, esos saberes, además de señalar un nuevo estrato de la realidad opresiva, pueden transformarse en herramientas simbólicas que indican que el Universo es infinito en posibilidades y que nosotros, como parte de él, también lo somos.

Hay 3 máximas del Hermetismo que me parecen fundamentales para entender el vínculo con la información. Las primeras 2 son, Así como es arriba es abajo, así como es adentro es afuera. La 3º es Quien tenga oídos para oír, que oiga. Esto significa que el Macrocosmos y el Microcosmos son dos dimensiones fractales de un mismo continuo. Por lo tanto podemos entender estas fantasmagorías, independientemente de su realidad “objetiva”, como formas simbólicas intra-psíquicas. No hay separación entre el infinito y el individuo. La información llega a nosotros cuando y porque estamos preparados para interiorizarla, de lo contrario pasa de largo. Si el ser humano toma consciencia y realiza su divinidad interior no tiene nada que temer.

¿Hay alguna razón para pensar que la creencia en las teorías de la conspiración se volverá más común, por el entorno político y tecnológico extremo que estamos viviendo? Nunca antes había sido más fácil difundir información en todo el mundo y la desconfianza en los gobiernos nunca parece haber sido mayor. 

Sí, es totalmente esperable y por varias razones. Otro término que Horsley introdujo en el análisis de la Teoría Conspirativa es el de Liminalidad, que es una categoría proveniente de la Antropología. Este término designa un momento transicional entre dos estados diferentes. Se utiliza para describir períodos de umbral en los ritos iniciáticos de las sociedades secretas y los pueblos primitivos. En el plano social, los estados liminales se caracterizan por la suspensión de la racionalidad. Al entrar en crisis las instituciones y tradiciones en las que se basa el accionar racional, los individuos y colectivos actúan de forma mimética y reactiva, dando cauce a instintos básicos de supervivencia, comportamientos tribales que derivan en una alta conflictividad y, eventualmente, en el deterioro del tejido social.

Nuestra sociedad global se encuentra, tal vez desde hace décadas, en un estado de liminalidad. Es decir, el sistema vigente funciona solo por inercia, como un cuerpo sin cabeza, se encuentra obsoleto y sus mecanismos tienden a radicalizarse, exhibiendo su creciente decadencia, lo cual explica el desmadre que todos percibimos y padecemos a diario. Esto genera infinidad de sentimientos apocalípticos, algo que yo denomino Sensación de Fin del Mundo. Es decir, estamos atravesando una muerte simbólica colectiva, en el vientre de la ballena, en el útero de la Madre Tierra. Pero es un estado de transición. Cuando salgamos va a ser un renacer, una renovación. El tema es intentar que esa renovación tenga el menor costo posible.

Mientras tanto, es lógico que estemos atentos a considerar nuevas formas de vivir, de concebir la existencia, de dialogar con el infinito, porque las formas que tuvimos hasta ahora ya nos resultan inviables, catastróficas, y aun no sabemos qué sistema o modo de vida las va a sustituir, cómo articular el pasado con el futuro. Muchos saberes “liminales”, como las mal llamadas “pseudociencias” o terapias alternativas forman también parte de esto. El antropólogo y psiconauta Terence McKenna lo definió como Revival Arcaico, que es básicamente lanzarse al pasado remoto en busca de respuestas a los enigmas y crisis del presente. Esto no significa que esas “respuestas” sean siempre parte de la solución, pero equivocarse también es parte de la búsqueda.

Todo el mundo ahora es un influencer. El movimiento contra las vacunas (anti-vax) encontró su fuerza en celebridades quienes pudieron usar su plataforma para magnificar su causa. Tambien, YouTube y el mundo del podcast pudieron llevar lo que alguna vez fueron vistas marginales a la corriente principal.

Como decíamos antes respecto de Alex Jones, la industria del entretenimiento se apropia de esto. Como todo, es un arma de doble filo. Por un lado contribuye a la divulgación de ciertos puntos de vista, pero también a su banalización, su uso espurio. Por eso siempre es esencial remitirse a la información en sí, hacer nuestra propia investigación, evitar la falacia Ad Hominem, de privilegiar o desestimar un punto de vista solo porque lo dice fulano o mengano en Instagram.

En Argentina se vivió durante estos meses una especie de denigre de estas teorías con la presencia de militantes antivacunas, anticuarentenas y “conspiranoicos” en el Obelisco. En esas movilizaciones se vio una mezcla bastante brutal de informaciones que derivaron en situaciones graves como Viviana Canosa tomando una botella con dióxido de cloro en vivo. Luego de eso se produjeron varias muertes de gente que lo tomó pensando que destruía el virus.

Hay un concepto muy importante a tener en cuenta, el de Oposición Controlada. Citando una frase usualmente atribuida a Lenin, La mejor manera de controlar a la oposición es liderándola uno mismo. Si aplicamos esa máxima a la Teoría de Conspiración podemos ver de qué se trata: para desprestigiar una narrativa lo mejor es ponerla en boca de gente cuestionable o directamente despreciable.

Para poner un ejemplo: una de las narrativas más debatidas y clasificadas como Teoría Conspirativa, que más afecta a todo el mundo y que a su vez está conectada con otras teorías- como los chemtrails– es la del Calentamiento Global producido por efecto invernadero. Hay mucho debate científico al respecto. Premios Nobel y científicos de todo el mundo continúan señalando a la versión oficial del Cambio Climático como carente de sustento, o la acusan directamente de ser propaganda cientificista. Los indígenas canadienses ven la puesta del sol y las estrellas “en una alineación diferente” respecto a años atrás. Estos datos no se incluyen en los análisis de la ciencia climática del establishment porque echarían por tierra toda la narrativa oficial. Esto no quiere decir que los glaciares o los polos o el permafrost no se estén derritiendo. Esto quiere decir que estos fenómenos pueden ser atribuidos a múltiples causas y que existe un acalorado debate en torno a ellos que no está siendo del todo reflejado mediáticamente. Ahora bien, cuando escuchamos a Donald Trump, un misógino, racista, xenófobo y corrupto, decir que el Calentamiento Global es una mentira, sobre todo de una manera tan reduccionista y publicitaria, cualquier persona bienintencionada y medianamente respetuosa, va a ponerse en la vereda de en frente de un modo casi automático. Esa es la operatoria: eliminar cualquier posibilidad de que aquellos más cercanos a un despertar siquiera consideren en desafiar el consenso, tabicando cualquier línea de fuga por asociación a este tipo de personajes.

Por otro lado, ciertos grupos política e ideológicamente reprobables son proclives a adoptar estas narrativas, pero no porque estas narrativas sean en sí mismas reprobables sino porque esos grupos están en los márgenes del consenso y, para bien y para mal, tienen menos prurito a la hora de considerar narrativas no-consensuadas.

Volviendo a tu pregunta: el Dióxido de Cloro es parte de una variedad de tratamientos alternativos para el Covid-19, como la Ivermectina o las nebulizaciones con Ibuprofeno líquido, que han demostrado efectividad pero que no se difunden por razones obvias. El Dióxido de Cloro se popularizó a raíz de videos del biofísico suizo Andreas Ludwig Kalcker, quien difundió los modos de prepararlo. Kalcker investiga el uso terapéutico del Dióxido de Cloro desde hace 13 años y ha registrado 3 patentes farmacéuticas para esos fines. Ha venido a la Argentina y ha expuesto su método de forma extensiva. Lo que dice él es que su solución de Dióxido de Cloro, con PH controlado, oxigena la sangre. Personalmente puedo dar cuenta de gente que prepara y toma regularmente la solución de Dióxido de Cloro. Todos siguen vivos. Según Kalcker habría que investigar cómo y qué tomó la gente que se murió, en cuyos preparados puede haber una diferencia, como quien dice, de tomar agua a tomar agua oxigenada. Químicamente no parece mucho pero, ya sabemos, ingerir una cosa u otra no da lo mismo.

Hay dos teorías muy fuertes que salieron en relación al Covid. Que la pandemia es un invento de las élites, basándose en la palabra de Luc Montagnier, el virólogo francés que afirmó que Covid-19 fue creada en un laboratorio insertando en un coronavirus genes del VIH-1, el virus del sida. Y la otra es el rol de Bill Gates, a través de su fundación, con el desarrollo de las vacunas. ¿Cuál es tu visión de todo esto?

Creo que todo el manejo gubernamental y mediático en torno al Covid-19 y a la subsecuente cuarentena está absolutamente viciado. Hay actitudes, omisiones, obsesiones, urgencias que no resisten el menor análisis, sobre todo en Argentina. La desesperación por la vacuna, la negligencia respecto al desarrollo de la misma, salteando etapas de ensayo que de otro modo demorarían años; la encuesta en EE.UU. sobre si la gente se dejaría vacunar que dio 58% negativa, el muerto de Oxford, las irrisorias contradicciones de la OMS; el periodismo y humorismo bienpensante en nuestro país, muchos de ellos hasta hace poco respetables intelectualmente, sembrando psicosis y militando el estado de vigilancia, celebrando que 45 millones de habitantes seamos elegidos como sujetos de experimentación del lobby farmacéutico transnacional; el shadowbanning del hashtag #filmyourhospital, donde podían verse hospitales vacíos en todo el mundo, sobre todo en lugares donde se suponía el sistema de salud estaba colapsando; en fin, si empezamos a unir lo puntos los hilos del titiritero aparecen con claridad. Pero hey… ¿Quién soy yo para decirlo? Citando a David Icke Es solo una coincidencia, nada de qué preocuparse.

Por otro lado hay voces muy reputadas que se fueron sumando, desde el comienzo de la cuarentena, alertando sobre este sesgo informativo: la inmunóloga Roxana Bruno, el virólogo Pablo Goldschmidt, el ya mencionado Kalcker, el mismo Montagnier, los médicos de Italia que verificaron, por medio de autopsias, que el virus se puede tratar parcialmente con anti-cohagulantes, el equipo del CIDIE de Córdoba que está desarrollando, con colaboración de Francia y Brasil, una vacuna oral que sería mucho menos invasiva y más efectiva que la inyectable, y que aun así está siendo desfinanciada por el gobierno; el colectivo Médicos por la Verdad; el documental Plandemic, censurado y resubido sistemáticamente en las principales plataformas, donde numerosísimos profesionales de la salud expresan su disenso respecto al distanciamiento social y denuncian la presión para firmar actas de defunción fraudulentas. Creo que hay que apagar la TV, pero no para reemplazarla con la paranoia de Youtube, sino para sumar puntos de vista, ampliar el mapa cognitivo y así evitar caer en la unidimensionalidad de los túneles de realidad.

Con todo lo que explicaste, la situación es similar a la que cumple el término “herejía” en la Europa medieval. En ambos casos, se estigmatiza y margina a las personas que tienen creencias que entran en conflicto con las creencias ortodoxas oficialmente decretadas del momento y el lugar en cuestión. ¿Hay una especie de inquisición contra los llamados conspiranoicos?

Alguien que utiliza la imagen histórica de la Inquisición y el Medioevo es el periodista y editor alemán Mathias Bröckers, uno de los principales investigadores sobre el 9–11 fuera de EE.UU. Él dice que los medios masivos utilizan la lógica inquisitorial respecto a las versiones alternativas de los hechos, es decir, las destierran desde un lugar irracional, por medio del chantaje emocional y el ridículo, eludiendo el espíritu crítico. Pero a diferencia del Medioevo, los medios masivos cuentan con herramientas vastísimas para silenciar a la oposición e imponer sus narrativas.

Pude dar cuenta de la radicalización de esa lógica al investigar y actualizar el material que había visto sobre algunos temas, para esta entrevista. Videos y notas que había encontrado sin mayor dificultad en las principales plataformas hace solo un par de años, hoy están sepultados o directamente son ya inexistentes. La censura es impersonal, automatizada, instantánea y se legitima como salvaguarda contra la desinformación. Esto genera una falsa percepción de que vivimos en un mundo plural, donde la información circula libremente, pero está claro que no es así. Los grandes pulpos de internet actúan como guardianes del discurso. Se han transformado poco a poco en una policía orwelliana, shadowbaneando, desmonetizando, suspendiendo cuentas y eliminando cualquier contenido que desafíe mínimamente el consenso. La web 2.0, que ponía la creación del contenido en manos del usuario, hoy es una mera cáscara.

Saliendo de la pandemia y lo global, ¿cuál es la teoría en Argentina que más te atrapa?

Me parece que una de las teorías que más se ha ido actualizando, tomando un nuevo cauce, es la del Plan Andinia. Originalmente fue una teoría de cuño conservador, vinculada sobre todo a la ultraderecha anti-semita y nacionalista argentina. La teoría se hizo pública a comienzos de los 70’ a partir de un libro del mismo nombre del economista y abogado Walter Beveraggi Allende. El libro denuncia una supuesta agenda para secesionar la Patagonia de Argentina y Chile con el objetivo de crear un segundo estado judío en esos territorios, tomando como referencia a los escritos de Theodor Herzl, el padre del Sionismo, que menciona a la Patagonia como posible lugar para fundar la patria judía a fines del s XIX.

Con el correr del tiempo la teoría ha ido tomando una dimensión, digamos, anti-imperialista, sobre todo porque muchos de sus adherentes tienen inquietudes muy bien fundadas que de ninguna manera arraigan en un prejuicio racial o religioso. Por otro lado, algunas de las condiciones que se avizoraban como necesarias para el cumplimiento de esta teoría son cada vez más tangibles: El cambio de deuda por territorio, el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas, la presencia militar extranjera en el país y la región, la extranjerización de la tierra en manos de grandes latifundios, son todas hipótesis que tal vez hace 10 o 15 años podían parecer producto de un delirio persecutorio nacionalista y, sin embargo, se han ido lamentablemente cumpliendo a rajatabla.

@francovico33